Un autor puede tener una buena vida o una vida despreciable, pero al final lo que importa es la calidad de su escritura: eso que lo vuelve reconocible dentro del marasmo de literatura de todos los siglos, y que inscribe su nombre en la memoria de generaciones de lectores. Pero desde muy joven, el novelista y pensador ruso Lev Tolstoi se dijo: “Debo hacerme a la idea, de una vez por todas, de que soy un ser humano excepcional.”

Esta seguridad en sí mismo y su propia vocación contrastaron grandemente con las listas de obligaciones a las que fue aficionado durante toda su vida, en especial en la primera madurez, y de las cuales dejó un rico registro en sus diarios, que llevó durante más de 50 años.

Sus “reglas de vida” pretendían configurar un ideario ético e intelectual que permitiera sacar partido de las mejores horas del día y flexibilizar su espíritu inquieto, además de mantenerlo a raya. Así, en su juventud leemos:

.

Levántate a las 5 de la mañana.

No te acuestes más allá de las 10 de la noche

Se admiten dos horas de sueño durante el día

Come con moderación

Evita la comida dulce

Camina una hora todos los días

Visita un burdel no más que un par de veces al mes

Ama a aquellos a los que puedes ser de ayuda

Desestima toda opinión pública que no se base en la razón

Haz únicamente una cosa a la vez

Evita ensueños de la imaginación a menos de que sea necesario

.

Probablemente siempre sea un misterio aquello de “evitar los ensueños” innecesarios, pero no cabe duda de que estas reglas o consejos vitales le sirvieron a Tolstoi, si no para llegar a equipararse por completo a su “ideal del yo”, sí para replantearse continuamente algunas preceptivas vitales; por ejemplo, aquellas concernientes a su relación con las mujeres y la lujuria. Tolstoi sería el padre de 14 hijos a lo largo de su vida, a pesar de que en algún momento se planteó:

.

Nunca mostrar emoción

Dejar de preocuparse de la opinión de otros sobre mí mismo

Hacer cosas buenas inadvertidamente

Alejarse de las mujeres

Borrar la lujuria trabajando duro

Ayudar a los menos afortunados

.

Parafraseando a Whitman, se podría decir que Tolstoi también contenía multitudes, y cada uno de esos seres que lo poblaban era mayor a la suma de sus partes. Las contradicciones puestas bajo duda y el trabajo arduo sobre el espíritu fueron los márgenes sobre los que la escritura de Tolstoi logró una de las obras literarias más sólidas del siglo XIX, entre las que recordamos siempre Guerra y paz, o Anna Karenina. Muchas otras listas se encuentran disponibles en sus Diarios y en ensayos éticos como “Confesión”.

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Un autor puede tener una buena vida o una vida despreciable, pero al final lo que importa es la calidad de su escritura: eso que lo vuelve reconocible dentro del marasmo de literatura de todos los siglos, y que inscribe su nombre en la memoria de generaciones de lectores. Pero desde muy joven, el novelista y pensador ruso Lev Tolstoi se dijo: “Debo hacerme a la idea, de una vez por todas, de que soy un ser humano excepcional.”

Esta seguridad en sí mismo y su propia vocación contrastaron grandemente con las listas de obligaciones a las que fue aficionado durante toda su vida, en especial en la primera madurez, y de las cuales dejó un rico registro en sus diarios, que llevó durante más de 50 años.

Sus “reglas de vida” pretendían configurar un ideario ético e intelectual que permitiera sacar partido de las mejores horas del día y flexibilizar su espíritu inquieto, además de mantenerlo a raya. Así, en su juventud leemos:

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Levántate a las 5 de la mañana.

No te acuestes más allá de las 10 de la noche

Se admiten dos horas de sueño durante el día

Come con moderación

Evita la comida dulce

Camina una hora todos los días

Visita un burdel no más que un par de veces al mes

Ama a aquellos a los que puedes ser de ayuda

Desestima toda opinión pública que no se base en la razón

Haz únicamente una cosa a la vez

Evita ensueños de la imaginación a menos de que sea necesario

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Probablemente siempre sea un misterio aquello de “evitar los ensueños” innecesarios, pero no cabe duda de que estas reglas o consejos vitales le sirvieron a Tolstoi, si no para llegar a equipararse por completo a su “ideal del yo”, sí para replantearse continuamente algunas preceptivas vitales; por ejemplo, aquellas concernientes a su relación con las mujeres y la lujuria. Tolstoi sería el padre de 14 hijos a lo largo de su vida, a pesar de que en algún momento se planteó:

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Nunca mostrar emoción

Dejar de preocuparse de la opinión de otros sobre mí mismo

Hacer cosas buenas inadvertidamente

Alejarse de las mujeres

Borrar la lujuria trabajando duro

Ayudar a los menos afortunados

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Parafraseando a Whitman, se podría decir que Tolstoi también contenía multitudes, y cada uno de esos seres que lo poblaban era mayor a la suma de sus partes. Las contradicciones puestas bajo duda y el trabajo arduo sobre el espíritu fueron los márgenes sobre los que la escritura de Tolstoi logró una de las obras literarias más sólidas del siglo XIX, entre las que recordamos siempre Guerra y paz, o Anna Karenina. Muchas otras listas se encuentran disponibles en sus Diarios y en ensayos éticos como “Confesión”.

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