Todo aficionado a los filmes de Jim Jarmusch sabrá que, más allá de un rebelde del cine o un hombre que aboga por vivir la sencillez en aras de una realidad estridente, observamos la obra cinematográfica de un melómano de culto. El cineasta excéntrico de Ohio nos revela en pantalla una sólida pasión por las virtudes universales, que emanan de la música como un lenguaje.

Tenemos varias muestras de su genio musical: los trascendentales pasajes de William Blake rumbo a la muerte en el filme de Dead Man, que fueron musicalizados con espontáneo minimalismo por Neil Young; los sonidos africanos encubiertos en un misterioso CD que lleva consigo el personaje Don Johnston en el filme Broken Flowers, o las hermosas piezas de Only Lovers Left Alive, creadas por el laudista Jozef van Wissem, el músico Carter Logan y el propio Jarmusch, como una oda a la insólita sencillez de las atmósferas que crean los instrumentos de cuerda. Su más reciente filme, Paterson, también contiene música de su autoría, una antología de música ambiental creada bajo su proyecto musical SQÜRL.

Y aquí viene la parte genial de Jarmusch: su espíritu de estrella de rock. SQÜRL es la banda de Jim Jarmusch y Carter Logan. Una agrupación que dista mucho de catalogarse entre lo “iluminado”, lo claro o lo digerible. Porque si existen palabras que puedan arriesgarse a describir el proyecto, sin duda serían la oscuridad y el ruido. Ruido, como una palabra que encubre la naturaleza del sonido, sin mayor especulación; oscuridad, como aquella que emana de una grieta oscura, o de excéntricas personalidades que crecieron escuchando rock and roll.

Pero, además de su genial labor de conectar sonidos poco convencionales a una historia, es bien sabido que Jarmusch es un aficionado a los detalles. Ejemplo de ello es la temática del nuevo EP de su banda, “#260”, que refiere a una especie de número mágico que parece estar ligado a diferentes hechos a lo largo del tiempo y espacio:

No es un número perfecto, ni una fracción de número. Ni siquiera es un número regular. 260, sin embargo, es el número de días en todos los calendarios mesoamericanos. El calendario maya, el Tolkien. 260 es también el número de días de de la gestación humana (y de los orangutanes). 260 tiene una conexión elíptica con la grieta oscura, una serie de nubes de polvo molecular situadas entre nuestro sistema solar y el Brazo de Sagitario de la Vía Láctea. Y aunque no sea un número mágico, 260 es el número constante del cuadrado mágico investigado por Benjamin Franklin, y parte de la solución a un famoso problema de ajedrez (la n-reina es el problemas para n=8). 260 es también el código de país para Zambia. Y el código de área de Estados Unidos para Fort Wayne, Indiana.

 

 

 

La música de SQÜRL nunca se ha catalogado como música áurea. No es ejecutada con el número sagrado, ni intenta obedecer en ninguna forma a la matemática secreta del universo. Aún así, la importancia mística del número 260, aunado al peculiar sonido feedback de la banda, hace de este álbum de corta duración un material por demás fascinante.

jarmusch-squrl

Aunque pudiera pensarse lo contrario, el cine no fue el primer medio por el que Jarmusch se introdujo al quehacer musical. En la década de los 80 fue miembro de la banda de no wave The Del-Byzanteens, y en diferentes ocasiones ha manifestado su lealtad a la escena contracultural del CBGB, el legendario club neoyorquino que a fines de los 70 agremiaba a cientos de bandas de rock de la época.

En un breve ejercicio analítico, podríamos predecir que su rebeldía creativa proviene de su pasado musical. Y aunque el director ha confesado haber abandonado intermitentemente la creación de música, esto no ha impedido que siga filmando, a su modo, como una suerte de rockstar que apela siempre por la vanguardia y la autenticidad.

Y a propósito de esto, en una reciente entrevista confesó que “la música […] es quizá la forma más pura de la expresión humana. Tal vez podría vivir si las películas nunca hubieran existido, pero no me puedo imaginar no tener música”.

 

 

 

 

*Imágenes: 1) SQÜRL – “#260” EP; 2) Vladimir – flickr / Creative Commons

Todo aficionado a los filmes de Jim Jarmusch sabrá que, más allá de un rebelde del cine o un hombre que aboga por vivir la sencillez en aras de una realidad estridente, observamos la obra cinematográfica de un melómano de culto. El cineasta excéntrico de Ohio nos revela en pantalla una sólida pasión por las virtudes universales, que emanan de la música como un lenguaje.

Tenemos varias muestras de su genio musical: los trascendentales pasajes de William Blake rumbo a la muerte en el filme de Dead Man, que fueron musicalizados con espontáneo minimalismo por Neil Young; los sonidos africanos encubiertos en un misterioso CD que lleva consigo el personaje Don Johnston en el filme Broken Flowers, o las hermosas piezas de Only Lovers Left Alive, creadas por el laudista Jozef van Wissem, el músico Carter Logan y el propio Jarmusch, como una oda a la insólita sencillez de las atmósferas que crean los instrumentos de cuerda. Su más reciente filme, Paterson, también contiene música de su autoría, una antología de música ambiental creada bajo su proyecto musical SQÜRL.

Y aquí viene la parte genial de Jarmusch: su espíritu de estrella de rock. SQÜRL es la banda de Jim Jarmusch y Carter Logan. Una agrupación que dista mucho de catalogarse entre lo “iluminado”, lo claro o lo digerible. Porque si existen palabras que puedan arriesgarse a describir el proyecto, sin duda serían la oscuridad y el ruido. Ruido, como una palabra que encubre la naturaleza del sonido, sin mayor especulación; oscuridad, como aquella que emana de una grieta oscura, o de excéntricas personalidades que crecieron escuchando rock and roll.

Pero, además de su genial labor de conectar sonidos poco convencionales a una historia, es bien sabido que Jarmusch es un aficionado a los detalles. Ejemplo de ello es la temática del nuevo EP de su banda, “#260”, que refiere a una especie de número mágico que parece estar ligado a diferentes hechos a lo largo del tiempo y espacio:

No es un número perfecto, ni una fracción de número. Ni siquiera es un número regular. 260, sin embargo, es el número de días en todos los calendarios mesoamericanos. El calendario maya, el Tolkien. 260 es también el número de días de de la gestación humana (y de los orangutanes). 260 tiene una conexión elíptica con la grieta oscura, una serie de nubes de polvo molecular situadas entre nuestro sistema solar y el Brazo de Sagitario de la Vía Láctea. Y aunque no sea un número mágico, 260 es el número constante del cuadrado mágico investigado por Benjamin Franklin, y parte de la solución a un famoso problema de ajedrez (la n-reina es el problemas para n=8). 260 es también el código de país para Zambia. Y el código de área de Estados Unidos para Fort Wayne, Indiana.

 

 

 

La música de SQÜRL nunca se ha catalogado como música áurea. No es ejecutada con el número sagrado, ni intenta obedecer en ninguna forma a la matemática secreta del universo. Aún así, la importancia mística del número 260, aunado al peculiar sonido feedback de la banda, hace de este álbum de corta duración un material por demás fascinante.

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Aunque pudiera pensarse lo contrario, el cine no fue el primer medio por el que Jarmusch se introdujo al quehacer musical. En la década de los 80 fue miembro de la banda de no wave The Del-Byzanteens, y en diferentes ocasiones ha manifestado su lealtad a la escena contracultural del CBGB, el legendario club neoyorquino que a fines de los 70 agremiaba a cientos de bandas de rock de la época.

En un breve ejercicio analítico, podríamos predecir que su rebeldía creativa proviene de su pasado musical. Y aunque el director ha confesado haber abandonado intermitentemente la creación de música, esto no ha impedido que siga filmando, a su modo, como una suerte de rockstar que apela siempre por la vanguardia y la autenticidad.

Y a propósito de esto, en una reciente entrevista confesó que “la música […] es quizá la forma más pura de la expresión humana. Tal vez podría vivir si las películas nunca hubieran existido, pero no me puedo imaginar no tener música”.

 

 

 

 

*Imágenes: 1) SQÜRL – “#260” EP; 2) Vladimir – flickr / Creative Commons