Existen pocas mujeres más prolíficas, en el sentido más literal de la palabra, que Susan Sontag. Dueña de una mente profundamente lúcida, filósofa de la enfermedad, luchadora social, directora de cine y guionista, pocos saben que también fue una asidua escritora de listas.

De entre los numerosos listados que Sontag hizo (la mayoría de ellos escritos en sus diarios) podemos, a su vez, enlistar algunos: uno de la jerga gay que fue aprendiendo con el tiempo, de los libros que deseaba tener, de las obras musicales que admiraba, de citas y frases, de sus palabras preferidas, de sus epifanías, de sus observaciones, de traducciones, pensamientos, faltas, metáforas y posibles títulos para historias, entre otras. Todas estas listas, reflejos de un espíritu coleccionista, permiten un atisbo de los pensamientos, inquietudes y preferencias de la escritora; son una discreta mirada a la intimidad de sus pensamientos.

Las listas —hábito excéntrico y también maniático— son expresión de acumulación y también de síntesis, dan la ilusión de control; son guías para la mente y conjuntos de palabras que invitan al orden. Hacer listas es un acto de conjuración, sobre todo, humano.

A continuación tres listas de Susan Sontag:

Yo creo:

(a) Que no hay un dios personal o una vida después de la muerte

(b) Que lo más deseable en el mundo es la libertad para ser uno mismo, es decir, la honestidad

(c) Que la única diferencia entre los seres humanos es la inteligencia

(d) Que el único criterio que debiera tenerse ante una acción es su capacidad definitiva para hacer a un individuo más o menos feliz

(e) Que está mal privar a un hombre de la vida

[faltan los incisos “f” y “g”] 

(h) Creo, además, que un Estado ideal (además de la “g”) debe ser fuerte y centralizado, estar en control de las utilidades públicas, bancos, minas + el transporte y el subsidio de las artes, ofrecer un salario mínimo cómodo, y dar apoyo a los discapacitados y adultos mayores. Apoyo del estado a las mujeres embarazadas sin distinción sobre niños legítimos o ilegítimos.

*      *      *

[Sobre la interpretación:]

  1. Nada no está interpretado.
  2. Interpretar es determinar, restringir; o exfoliar, encontrar significado.
  3. La interpretación es el medio por el cual justificamos el contexto.
  4. Interpretar una palabra es distinto que definirla; consiste en especificar un rango de contextos (no de equivalentes).

*      *      *

[Tipos de listas]

Lo que te gusta: cinco flores preferidas, especias, películas, coches, poemas, hoteles, nombres, perros, invenciones, emperadores romanos, novelas, actores, restaurantes, pinturas, gemas, ciudades… Lo que has hecho: todas las personas con quienes te has acostado, todos los estados que has visitado, países a los que has viajado, casas y departamentos que has habitado, escuelas a las que has ido, coches que has tenido, mascotas que has tenido, trabajos que has realizado, obras de Shakespeare que has visto montadas…

Lo que el mundo tiene: los nombres de las veinte óperas de Mozart o de los reyes y reinas de Inglaterra o de las capitales de los cincuenta estados de Estados Unidos… Incluso la hechura de estas listas es una expresión del deseo: el deseo de saber, de atestiguar una organización, de comprometerse con la memoria.

Lo que en realidad tienes: todos tus CDs, tus botellas de vino, tus primeras ediciones, las fotografías vintage que has comprado en subastas —estas listas pueden no hacer más que ratificar tu sed de adquirir, a menos que, como es el caso del Cavaliere, tus compras no estén en riesgo.

 

 

 

Imagen: Nika – flickr

Existen pocas mujeres más prolíficas, en el sentido más literal de la palabra, que Susan Sontag. Dueña de una mente profundamente lúcida, filósofa de la enfermedad, luchadora social, directora de cine y guionista, pocos saben que también fue una asidua escritora de listas.

De entre los numerosos listados que Sontag hizo (la mayoría de ellos escritos en sus diarios) podemos, a su vez, enlistar algunos: uno de la jerga gay que fue aprendiendo con el tiempo, de los libros que deseaba tener, de las obras musicales que admiraba, de citas y frases, de sus palabras preferidas, de sus epifanías, de sus observaciones, de traducciones, pensamientos, faltas, metáforas y posibles títulos para historias, entre otras. Todas estas listas, reflejos de un espíritu coleccionista, permiten un atisbo de los pensamientos, inquietudes y preferencias de la escritora; son una discreta mirada a la intimidad de sus pensamientos.

Las listas —hábito excéntrico y también maniático— son expresión de acumulación y también de síntesis, dan la ilusión de control; son guías para la mente y conjuntos de palabras que invitan al orden. Hacer listas es un acto de conjuración, sobre todo, humano.

A continuación tres listas de Susan Sontag:

Yo creo:

(a) Que no hay un dios personal o una vida después de la muerte

(b) Que lo más deseable en el mundo es la libertad para ser uno mismo, es decir, la honestidad

(c) Que la única diferencia entre los seres humanos es la inteligencia

(d) Que el único criterio que debiera tenerse ante una acción es su capacidad definitiva para hacer a un individuo más o menos feliz

(e) Que está mal privar a un hombre de la vida

[faltan los incisos “f” y “g”] 

(h) Creo, además, que un Estado ideal (además de la “g”) debe ser fuerte y centralizado, estar en control de las utilidades públicas, bancos, minas + el transporte y el subsidio de las artes, ofrecer un salario mínimo cómodo, y dar apoyo a los discapacitados y adultos mayores. Apoyo del estado a las mujeres embarazadas sin distinción sobre niños legítimos o ilegítimos.

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[Sobre la interpretación:]

  1. Nada no está interpretado.
  2. Interpretar es determinar, restringir; o exfoliar, encontrar significado.
  3. La interpretación es el medio por el cual justificamos el contexto.
  4. Interpretar una palabra es distinto que definirla; consiste en especificar un rango de contextos (no de equivalentes).

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[Tipos de listas]

Lo que te gusta: cinco flores preferidas, especias, películas, coches, poemas, hoteles, nombres, perros, invenciones, emperadores romanos, novelas, actores, restaurantes, pinturas, gemas, ciudades… Lo que has hecho: todas las personas con quienes te has acostado, todos los estados que has visitado, países a los que has viajado, casas y departamentos que has habitado, escuelas a las que has ido, coches que has tenido, mascotas que has tenido, trabajos que has realizado, obras de Shakespeare que has visto montadas…

Lo que el mundo tiene: los nombres de las veinte óperas de Mozart o de los reyes y reinas de Inglaterra o de las capitales de los cincuenta estados de Estados Unidos… Incluso la hechura de estas listas es una expresión del deseo: el deseo de saber, de atestiguar una organización, de comprometerse con la memoria.

Lo que en realidad tienes: todos tus CDs, tus botellas de vino, tus primeras ediciones, las fotografías vintage que has comprado en subastas —estas listas pueden no hacer más que ratificar tu sed de adquirir, a menos que, como es el caso del Cavaliere, tus compras no estén en riesgo.

 

 

 

Imagen: Nika – flickr