Los insectos, que por millones de años han dominado el mundo de la pequeña escala y cuyo destino está tan entrelazado con el nuestro, deben ser puestos bajo la lupa otra vez y cientos de veces más hasta que entendamos su extraordinaria organización social. Es increíble la cantidad de vida insectil que acontece bajo nuestras narices cuando observamos 1 cm de tierra, y si prolongamos nuestro análisis un momento, es fascinante observar lo bien que funciona su diminuta articulación para construir sociedades. Sus casas, ciudades, o ultimadamente sus reinos hacen que nuestras más presuntuosas urbes palidezcan en comparación.

1235173305Las ciudades de las termitas, por ejemplo, o de las hormigas, son más parecidas a las ciudades antiguas que adquirieron su forma orgánicamente por medio de la autoorganización en lugar de por el plan maestro. En términos de materiales, métodos y metas, su construcción es similar a los estilos “vernáculos” de diseño que a menudo han sido marginados de la historia de la arquitectura. Hechos de materiales a la mano (tierra, barro, fibras), ensamblados rápidamente, constantemente remodelados y reciclados, exquisitamente a tono con su medio ambiente, los suyos son hogares lógicos, admirables.

Hoy en día, cuando los arquitectos no pueden ignorar más las emisiones de gases de efecto invernadero, los costos de energía, la falta de agua o las inundaciones al desarrollar ideas, se han visto forzados a volver al pragmatismo. Y, como señala Philip Ball en su estudio, están buscando modelos no sólo en tradiciones antiguas sino en la naturaleza, y particularmente en los espectaculares proyectos de insectos sociales. Es verdad que los insectos gozan de un sistema de señales químicas (principalmente feromonas) para que cada entidad responda a lo que sus vecinos cercanos hacen (y que nosotros no), pero este es un acercamiento que comienza a atraer a los arquitectos humanos también. Abre la posibilidad, por ejemplo, de adaptar el proceso de construcción en respuesta a las limitaciones que cambian durante la construcción y a los factores como el viento, la temperatura y la luz. Es decir, permite las sugerencias del medio ambiente para cambiar el diseño de acuerdo a lo que va ocurriendo a la hora de construir. En fin, imitar a los insectos sociales abre el panorama para una arquitectura local, del aquí y el ahora. Una arquitectura receptiva a su propio proceso de construcción, que no pone en riesgo a la ecología; si acaso, más bien, le rinde homenaje.

Estas son algunas de las construcciones más asombrosas de esos seres diminutos cuya cooperación tiene mucho que enseñarle al ser humano para generar una exitosa –y de lo más estética– organización social.

1. Los montes “catedrales” de las Macrotermes bellicosus

 cathedral

Estas termitas construyen sus nidos de varios metros de altura para almacenar madera, cultivar los hongos que les ayudan a digerirla, tener sus crías y atender a su reina. Las columnas funcionan como “pulmones” externos. Una de ellas es una gran chimenea central donde la temperatura permanece relativamente constante, y el resto son delgadas flautas donde las temperaturas fluctúan. Durante el día, estos conductos externos se calientan mucho más rápido que la cámara interior, forzando aire hacia arriba de las flautas y hacia debajo de la chimenea. Por la noche el proceso se invierte.

2. Las colinas de las Amitermes meridionalis o “termitas magnéticas”

 magnetic

A la distancia parecen criptas de un cementerio de gigantes. Cada una llega a medir hasta 3 metros de altura y todas están magnéticamente orientadas Norte-Sur. Gracias a esta orientación, el montículo recibe la luz del sol por la mañana en los lados occidentales y por la noche permanece cálido sin nunca sobrecalentarse. Por fuera, los montículos son resistentes y duros mientras que el material que separa las cámaras interiores y las galerías es una especie de papel que las termitas fabrican con madera.

3. Los nidos de las “avispas de papel” polistes dominulus

Paper-Wasp-Nest wasp-nest

Su nido parece una sombrilla bocabajo y casi siempre está resguardado bajo aleros de estructuras, áticos y huecos de paredes. Como su nombre lo dice, está hecho de papel, de un papel que las avispas mismas procesan de la madera para construir hexágonos perfectos donde criar a las jóvenes. Mientras la colonia crece, el nido se expande. Pero lo fascinante es que para decidir dónde construir una nueva célula, las avispas utilizan información proporcionada por las configuraciones locales de las células en la circunferencia externa de la colmena, la cual sienten con sus antenas. Sus nidos terminan por ser extremadamente seguros, cálidos y matemáticamente perfectos.

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Los insectos, que por millones de años han dominado el mundo de la pequeña escala y cuyo destino está tan entrelazado con el nuestro, deben ser puestos bajo la lupa otra vez y cientos de veces más hasta que entendamos su extraordinaria organización social. Es increíble la cantidad de vida insectil que acontece bajo nuestras narices cuando observamos 1 cm de tierra, y si prolongamos nuestro análisis un momento, es fascinante observar lo bien que funciona su diminuta articulación para construir sociedades. Sus casas, ciudades, o ultimadamente sus reinos hacen que nuestras más presuntuosas urbes palidezcan en comparación.

1235173305Las ciudades de las termitas, por ejemplo, o de las hormigas, son más parecidas a las ciudades antiguas que adquirieron su forma orgánicamente por medio de la autoorganización en lugar de por el plan maestro. En términos de materiales, métodos y metas, su construcción es similar a los estilos “vernáculos” de diseño que a menudo han sido marginados de la historia de la arquitectura. Hechos de materiales a la mano (tierra, barro, fibras), ensamblados rápidamente, constantemente remodelados y reciclados, exquisitamente a tono con su medio ambiente, los suyos son hogares lógicos, admirables.

Hoy en día, cuando los arquitectos no pueden ignorar más las emisiones de gases de efecto invernadero, los costos de energía, la falta de agua o las inundaciones al desarrollar ideas, se han visto forzados a volver al pragmatismo. Y, como señala Philip Ball en su estudio, están buscando modelos no sólo en tradiciones antiguas sino en la naturaleza, y particularmente en los espectaculares proyectos de insectos sociales. Es verdad que los insectos gozan de un sistema de señales químicas (principalmente feromonas) para que cada entidad responda a lo que sus vecinos cercanos hacen (y que nosotros no), pero este es un acercamiento que comienza a atraer a los arquitectos humanos también. Abre la posibilidad, por ejemplo, de adaptar el proceso de construcción en respuesta a las limitaciones que cambian durante la construcción y a los factores como el viento, la temperatura y la luz. Es decir, permite las sugerencias del medio ambiente para cambiar el diseño de acuerdo a lo que va ocurriendo a la hora de construir. En fin, imitar a los insectos sociales abre el panorama para una arquitectura local, del aquí y el ahora. Una arquitectura receptiva a su propio proceso de construcción, que no pone en riesgo a la ecología; si acaso, más bien, le rinde homenaje.

Estas son algunas de las construcciones más asombrosas de esos seres diminutos cuya cooperación tiene mucho que enseñarle al ser humano para generar una exitosa –y de lo más estética– organización social.

1. Los montes “catedrales” de las Macrotermes bellicosus

 cathedral

Estas termitas construyen sus nidos de varios metros de altura para almacenar madera, cultivar los hongos que les ayudan a digerirla, tener sus crías y atender a su reina. Las columnas funcionan como “pulmones” externos. Una de ellas es una gran chimenea central donde la temperatura permanece relativamente constante, y el resto son delgadas flautas donde las temperaturas fluctúan. Durante el día, estos conductos externos se calientan mucho más rápido que la cámara interior, forzando aire hacia arriba de las flautas y hacia debajo de la chimenea. Por la noche el proceso se invierte.

2. Las colinas de las Amitermes meridionalis o “termitas magnéticas”

 magnetic

A la distancia parecen criptas de un cementerio de gigantes. Cada una llega a medir hasta 3 metros de altura y todas están magnéticamente orientadas Norte-Sur. Gracias a esta orientación, el montículo recibe la luz del sol por la mañana en los lados occidentales y por la noche permanece cálido sin nunca sobrecalentarse. Por fuera, los montículos son resistentes y duros mientras que el material que separa las cámaras interiores y las galerías es una especie de papel que las termitas fabrican con madera.

3. Los nidos de las “avispas de papel” polistes dominulus

Paper-Wasp-Nest wasp-nest

Su nido parece una sombrilla bocabajo y casi siempre está resguardado bajo aleros de estructuras, áticos y huecos de paredes. Como su nombre lo dice, está hecho de papel, de un papel que las avispas mismas procesan de la madera para construir hexágonos perfectos donde criar a las jóvenes. Mientras la colonia crece, el nido se expande. Pero lo fascinante es que para decidir dónde construir una nueva célula, las avispas utilizan información proporcionada por las configuraciones locales de las células en la circunferencia externa de la colmena, la cual sienten con sus antenas. Sus nidos terminan por ser extremadamente seguros, cálidos y matemáticamente perfectos.

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