Uno de los efectos de leer sobre utopías o territorios fantásticos es añorar su existencia en alguna parte de este planeta. En voz griega, utopía significa “no hay tal lugar”, así que de entrada nos dice que estamos condenados a nunca poder visitarlas. Sin embargo, las comodidades de las ciudades modernas habrían resultado paraísos inimaginables para nuestros antepasados, quienes carecían de ellas y sufrían múltiples enfermedades. (¿Qué hubieran pensado los hombres de otras épocas ante el espectáculo de una ciudad iluminada en la noche?) Así, muchas de las utopías que tenemos como literatura guardan en sí una probabilidad, por ínfima que sea, de manifestarse en una geografía futura. Porque el futuro es esa promesa diferida del “no hay tal lugar”, la proyección de una esperanza, la espera continua en pos de un territorio evanescente.

Pero los siguientes tres lugares deberían existir, no ya en el territorio evanescente del futuro, sino en este mundo de hoy (Todos los tiempos son este presente, diría Octavio Paz) porque son, ante todo, lugares cuyas características les permiten coexistir con el mapa oficial que tenemos. Los tres son capaces de una infinita y plástica ambigüedad que cabe perfecto en la contraparte metafísica del mundo material, pero sobre todo son capaces de la primera, última y más alta de las utopías: la de la libertad.

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El jardín mental de Marco Polo y Kubla Khan

Un espectáculo de virtudes y elegancias forman este flamígero jardín: desde árboles que regalan inciensos de sándalo y fresquísimas sombras de magnolia, hasta perfumes enervantes, almohadones y largas pipas de ámbar para platicar cómodamente sobre otros lugares que tampoco existen.

El reino de Shambala

Esta es la utopía más blanca de todas. Conocida por ser la Tierra Pura que se extinguió en algún momento no por razones fenomenológicas ni desastrosas sino porque todos los seres que la habitaban se iluminaron, Shambala es un lugar que tendríamos que guardar cerca como un paraíso elusivo pero accesible, quizá como la consciencia misma.

Tagzig Olmo Lung Ring

Se dice que muchos años antes del nacimiento del buda Shakyamuni, el buda Tonpa Shenrab Miwoche vino a este mundo y transmitió sus enseñanzas en la tierra de Olmo Lungring. “Ol” simboliza lo no-nacido”, “mo” lo indisminuible, “lung” las palabras proféticas de Tonpa Shenrab y “ring” su eterna compasión. El reino es un lugar fuera del tiempo donde la paz y el gozo son la tela de la que están hechas las personas y las cosas.

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Imagen de “The history of the Dutch East India Company” [or VOC: ‘Verenigde {United} Oostindische Compagnie]

Uno de los efectos de leer sobre utopías o territorios fantásticos es añorar su existencia en alguna parte de este planeta. En voz griega, utopía significa “no hay tal lugar”, así que de entrada nos dice que estamos condenados a nunca poder visitarlas. Sin embargo, las comodidades de las ciudades modernas habrían resultado paraísos inimaginables para nuestros antepasados, quienes carecían de ellas y sufrían múltiples enfermedades. (¿Qué hubieran pensado los hombres de otras épocas ante el espectáculo de una ciudad iluminada en la noche?) Así, muchas de las utopías que tenemos como literatura guardan en sí una probabilidad, por ínfima que sea, de manifestarse en una geografía futura. Porque el futuro es esa promesa diferida del “no hay tal lugar”, la proyección de una esperanza, la espera continua en pos de un territorio evanescente.

Pero los siguientes tres lugares deberían existir, no ya en el territorio evanescente del futuro, sino en este mundo de hoy (Todos los tiempos son este presente, diría Octavio Paz) porque son, ante todo, lugares cuyas características les permiten coexistir con el mapa oficial que tenemos. Los tres son capaces de una infinita y plástica ambigüedad que cabe perfecto en la contraparte metafísica del mundo material, pero sobre todo son capaces de la primera, última y más alta de las utopías: la de la libertad.

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El jardín mental de Marco Polo y Kubla Khan

Un espectáculo de virtudes y elegancias forman este flamígero jardín: desde árboles que regalan inciensos de sándalo y fresquísimas sombras de magnolia, hasta perfumes enervantes, almohadones y largas pipas de ámbar para platicar cómodamente sobre otros lugares que tampoco existen.

El reino de Shambala

Esta es la utopía más blanca de todas. Conocida por ser la Tierra Pura que se extinguió en algún momento no por razones fenomenológicas ni desastrosas sino porque todos los seres que la habitaban se iluminaron, Shambala es un lugar que tendríamos que guardar cerca como un paraíso elusivo pero accesible, quizá como la consciencia misma.

Tagzig Olmo Lung Ring

Se dice que muchos años antes del nacimiento del buda Shakyamuni, el buda Tonpa Shenrab Miwoche vino a este mundo y transmitió sus enseñanzas en la tierra de Olmo Lungring. “Ol” simboliza lo no-nacido”, “mo” lo indisminuible, “lung” las palabras proféticas de Tonpa Shenrab y “ring” su eterna compasión. El reino es un lugar fuera del tiempo donde la paz y el gozo son la tela de la que están hechas las personas y las cosas.

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Imagen de “The history of the Dutch East India Company” [or VOC: ‘Verenigde {United} Oostindische Compagnie]

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