No son pocos los recursos que sirven para diseñar el tono general de nuestros sueños. Existe, por ejemplo, la llamada “gastronomía onírica”: una guía de alimentos que aumenta la probabilidad de experimentar sueños lúcidos; o la gama de aromas que tener a nuestro lado mientras dormimos; o incluso los magníficos consejos de Benjamin Franklin para tener sueños placenteros. Pero entre todos estos brillan los onirógenos: una serie de sustancias y prácticas que promueven o intensifican los estados del sueño.

Si ya estamos diseñados para morar en una vida dual entre la vigilia y el sueño, y si a la vigilia le dedicamos tanta creatividad para retocar sus partes, ¿por qué no hacer lo mismo con los sueños? Después de todo, un sueño tiene infinita agencia sobre nuestras emociones y sobre la manera en que procesamos las cosas. Las culturas tradicionales trabajan con onirógenos para practicar la llamada oniromancia (“adivinación por medio del sueño”), para buscar sanación, sabiduría, experiencia visionaria o para cultivar lo extraordinario a través de lo ordinario: el sueño.

Desde el año 2008 se lleva a cabo un extrañísimo y fascinante evento nocturno llamado “Oneironauticum”. Personas de todo el mundo se reúnen una noche para trabajar con el mismo onirógeno y buscar sanación, sueños lúcidos, sueños liminales, comunicación con el inconsciente o reunirse con alguien en ese plano. Para cada uno de estos eventos, al menos un grupo de gente duerme en el mismo espacio físico y utiliza el mismo onirógeno. Esa misma noche, soñadores de todo el mundo también utilizan esa precisa sustancia y, aunque separados por miles de kilómetros, en el Oneironauticum se reúnen y forman una comunidad unida por medio del sueño.

Los siguientes son algunos onirógenos listados en el sitio Oneironauticum, fundado por Jennifer Dumpert, quien por cierto publica diariamente una síntesis de su sueño a través de su cuenta en Twitter: @OneiroFer.

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Artemisia:

Mugwort-photo

El aceite de artemisia contiene tujona, el ingrediente activo en la absenta. Utilizada como aroma, la artemisia promueve sueños poderosos y visionarios.

Para usarlo se compra la hoja seca que se puede introducir –con una o dos gotas de aceite esencial de artemisia– en una pequeña bolsa de tela y dormir con ella cerca. También se pueden verter un par de gotas en el infusor; tomar las hojas secas en un té (dos cucharadas de hojas por 7-10 minutos de infusión).

No se recomienda para mujeres embarazadas.

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Raíz de espárrago triguero:

aspargus

Conocida como la hierba voladora (o Wild Red Asparagus, en inglés), la raíz se utiliza en culturas orientales con fines oníricos. Se usa, precisamente, para lograr el vuelo en los sueños.

La raíz es difícil de encontrar, pero si ubicas una buena fuente, simplemente come un pedazo de raíz antes de acostarte.

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Ninfeáceas (Nymphaeaceae)

lotoazul

Estas flores contienen cualidades psicotrópicas placenteras y promueven sueños vívidos. La Nymphaea caerulea, sobre todo, fue usada antiguamente en Egipto con objetivos rituales.

Tradicionalmente se fuman los capullos y las flores secas; en cambio, el rizoma que surge del agua se come.

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No son pocos los recursos que sirven para diseñar el tono general de nuestros sueños. Existe, por ejemplo, la llamada “gastronomía onírica”: una guía de alimentos que aumenta la probabilidad de experimentar sueños lúcidos; o la gama de aromas que tener a nuestro lado mientras dormimos; o incluso los magníficos consejos de Benjamin Franklin para tener sueños placenteros. Pero entre todos estos brillan los onirógenos: una serie de sustancias y prácticas que promueven o intensifican los estados del sueño.

Si ya estamos diseñados para morar en una vida dual entre la vigilia y el sueño, y si a la vigilia le dedicamos tanta creatividad para retocar sus partes, ¿por qué no hacer lo mismo con los sueños? Después de todo, un sueño tiene infinita agencia sobre nuestras emociones y sobre la manera en que procesamos las cosas. Las culturas tradicionales trabajan con onirógenos para practicar la llamada oniromancia (“adivinación por medio del sueño”), para buscar sanación, sabiduría, experiencia visionaria o para cultivar lo extraordinario a través de lo ordinario: el sueño.

Desde el año 2008 se lleva a cabo un extrañísimo y fascinante evento nocturno llamado “Oneironauticum”. Personas de todo el mundo se reúnen una noche para trabajar con el mismo onirógeno y buscar sanación, sueños lúcidos, sueños liminales, comunicación con el inconsciente o reunirse con alguien en ese plano. Para cada uno de estos eventos, al menos un grupo de gente duerme en el mismo espacio físico y utiliza el mismo onirógeno. Esa misma noche, soñadores de todo el mundo también utilizan esa precisa sustancia y, aunque separados por miles de kilómetros, en el Oneironauticum se reúnen y forman una comunidad unida por medio del sueño.

Los siguientes son algunos onirógenos listados en el sitio Oneironauticum, fundado por Jennifer Dumpert, quien por cierto publica diariamente una síntesis de su sueño a través de su cuenta en Twitter: @OneiroFer.

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Artemisia:

Mugwort-photo

El aceite de artemisia contiene tujona, el ingrediente activo en la absenta. Utilizada como aroma, la artemisia promueve sueños poderosos y visionarios.

Para usarlo se compra la hoja seca que se puede introducir –con una o dos gotas de aceite esencial de artemisia– en una pequeña bolsa de tela y dormir con ella cerca. También se pueden verter un par de gotas en el infusor; tomar las hojas secas en un té (dos cucharadas de hojas por 7-10 minutos de infusión).

No se recomienda para mujeres embarazadas.

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Raíz de espárrago triguero:

aspargus

Conocida como la hierba voladora (o Wild Red Asparagus, en inglés), la raíz se utiliza en culturas orientales con fines oníricos. Se usa, precisamente, para lograr el vuelo en los sueños.

La raíz es difícil de encontrar, pero si ubicas una buena fuente, simplemente come un pedazo de raíz antes de acostarte.

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Ninfeáceas (Nymphaeaceae)

lotoazul

Estas flores contienen cualidades psicotrópicas placenteras y promueven sueños vívidos. La Nymphaea caerulea, sobre todo, fue usada antiguamente en Egipto con objetivos rituales.

Tradicionalmente se fuman los capullos y las flores secas; en cambio, el rizoma que surge del agua se come.

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