De entre las variadas formas en que el hombre ha celebrado su existencia, la figura del rito aparece como la más simbólica de todas. Su naturaleza mítica y arcana le consagra como herramienta para enlazar planos, por ejemplo la vida con la muerte.

Ceremonias y procesiones que se han efectuado para consagrar a éste, el más democrático de los destinos, así como a sus deidades protectoras, han existido desde que se inauguraron entre los hombres dos nociones fundamentales: la autoconciencia y la impermanencia. Todo rito expresa una iniciación. Y en este sentido, el culto a la muerte se perfila como una práctica tradicional de soltar el miedo a los misterios, a la latente incertidumbre y ofrendar este desapego a la libertad (en su manifestación inédita y tal vez absoluta).

Como parte de esta ineludible, y en muchos casos involuntaria, preparación, se han gestado diversos cultos: técnicas rituales piscodramáticas o performáticas que elevan –hasta el punto del éxtasis y la armonía– un pensamiento proverbial enunciado a través de los siglos: quien teme la muerte no goza la vida.

 

Mahalaya o el día de los espíritus

Mahalaya o el día de los espíritus es un antigua ceremonia hindú que acontece en el mes de octubre en la India. Desde muy temprano algunos hombres y mujeres visitan el río Ganges, en Sri Lanka, para darse un baño y consagrarse en letanías y cantos a sus muertos. En casa las personas recitan el Chandipath, uno de los mantras más antiguos donde se relata la reencarnación de la diosa Durga, a quien también se le reza caída la noche para ahuyentar a los demonios. La frecuencia con la que se practican estos cantos, al parecer, es lo que fecunda la magia. Ese mismo día también tiene lugar el idílico “chakku dan” , un ritual que consiste en dibujar los ojos de la diosa.

 

Festival de los fantasmas hambrientos

En el budismo y taoísmo, el“ Festival de los fantasmas hambrientos” es una oportunidad para ayudar a las almas del inframundo a trasmutar y ascender de su sufrimiento. Al igual que muchísimas tradiciones que ofrendan a los muertos, la celebración se basa en la antigua creencia deque a los muertos de todas las moradas les es concedido visitar el mundo de los vivos, en este caso, en el séptimo mes del calendario lunisolar, el mes fantasma. Pero, además, en este festival se honra su presencia también con ofrendas y grandes banquetes, en su mayoría vegetarianos. Luego, se encaminan con barquillos y linternas sobre los ríos, para evitar que se extravíen en su camino.

 

Procesión de las vacas (Gai Jatra)

En Nepal ocurre lo siguiente: pensar la muerte es un acto de todos los días, ya que es una manera de introducirse a la preparación y la aceptación del destino (lo inevitable). Según la creencia hindú, la vida es solo un vehículo de iniciación y depuración de lo que no nos pertenece. Con estas premisas se da por sentado que la procesión (Ghinta Ghisi), referente a la muerte y a los muertos, se celebra con especial alegría y un bellísimo desfile que involucra máscaras, maquillaje, disfraces y otros ingredientes más que sazonan de beatitud la ceremonia durante agosto. Su nombre, Gai Jatra, alude literalmente a una procesión liderada por vacas, un animal sagrado con la capacidad de guiar a los espíritus de regreso al reino de Yama.

 

Día de Muertos

La muerte es por sí misma un culto de las cosmogonías más primitivas, y una de las formas más comunes de conectar con la divinidad y sus misterios en México. Tan improbable como sonreírle a la muerte o, mejor aún, reírse de ella, durante la celebración del Día de Muertos se honra a través de los colores, las calaveras de azúcar y la flor de cempasúchil a los difuntos que se atreven a visitar el plano terrenal durante los primeros días de noviembre.

Este ritual mortuorio ha transmutado con el tiempo en una celebración gozosa cuyo origen procede de las antiguas civilizaciones prehispánicas donde se encaminaba a los muertos rumbo a la siguiente morada. Cuatro lugares eran los que mencionaban culturas como la azteca, pero era en el Mictlán (el inframundo custodiado por los dioses Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl) a donde iban a parar la mayoría de los muertos. Un inframundo debajo dela tierra que supone, al igual que la semilla, la espera de una resurrección en la tierra. Poesía del eterno retorno.

 

*Imagen: The dance of death on the Muhlenbruke at Lucerne, Caspar Meglinger, 1893

De entre las variadas formas en que el hombre ha celebrado su existencia, la figura del rito aparece como la más simbólica de todas. Su naturaleza mítica y arcana le consagra como herramienta para enlazar planos, por ejemplo la vida con la muerte.

Ceremonias y procesiones que se han efectuado para consagrar a éste, el más democrático de los destinos, así como a sus deidades protectoras, han existido desde que se inauguraron entre los hombres dos nociones fundamentales: la autoconciencia y la impermanencia. Todo rito expresa una iniciación. Y en este sentido, el culto a la muerte se perfila como una práctica tradicional de soltar el miedo a los misterios, a la latente incertidumbre y ofrendar este desapego a la libertad (en su manifestación inédita y tal vez absoluta).

Como parte de esta ineludible, y en muchos casos involuntaria, preparación, se han gestado diversos cultos: técnicas rituales piscodramáticas o performáticas que elevan –hasta el punto del éxtasis y la armonía– un pensamiento proverbial enunciado a través de los siglos: quien teme la muerte no goza la vida.

 

Mahalaya o el día de los espíritus

Mahalaya o el día de los espíritus es un antigua ceremonia hindú que acontece en el mes de octubre en la India. Desde muy temprano algunos hombres y mujeres visitan el río Ganges, en Sri Lanka, para darse un baño y consagrarse en letanías y cantos a sus muertos. En casa las personas recitan el Chandipath, uno de los mantras más antiguos donde se relata la reencarnación de la diosa Durga, a quien también se le reza caída la noche para ahuyentar a los demonios. La frecuencia con la que se practican estos cantos, al parecer, es lo que fecunda la magia. Ese mismo día también tiene lugar el idílico “chakku dan” , un ritual que consiste en dibujar los ojos de la diosa.

 

Festival de los fantasmas hambrientos

En el budismo y taoísmo, el“ Festival de los fantasmas hambrientos” es una oportunidad para ayudar a las almas del inframundo a trasmutar y ascender de su sufrimiento. Al igual que muchísimas tradiciones que ofrendan a los muertos, la celebración se basa en la antigua creencia deque a los muertos de todas las moradas les es concedido visitar el mundo de los vivos, en este caso, en el séptimo mes del calendario lunisolar, el mes fantasma. Pero, además, en este festival se honra su presencia también con ofrendas y grandes banquetes, en su mayoría vegetarianos. Luego, se encaminan con barquillos y linternas sobre los ríos, para evitar que se extravíen en su camino.

 

Procesión de las vacas (Gai Jatra)

En Nepal ocurre lo siguiente: pensar la muerte es un acto de todos los días, ya que es una manera de introducirse a la preparación y la aceptación del destino (lo inevitable). Según la creencia hindú, la vida es solo un vehículo de iniciación y depuración de lo que no nos pertenece. Con estas premisas se da por sentado que la procesión (Ghinta Ghisi), referente a la muerte y a los muertos, se celebra con especial alegría y un bellísimo desfile que involucra máscaras, maquillaje, disfraces y otros ingredientes más que sazonan de beatitud la ceremonia durante agosto. Su nombre, Gai Jatra, alude literalmente a una procesión liderada por vacas, un animal sagrado con la capacidad de guiar a los espíritus de regreso al reino de Yama.

 

Día de Muertos

La muerte es por sí misma un culto de las cosmogonías más primitivas, y una de las formas más comunes de conectar con la divinidad y sus misterios en México. Tan improbable como sonreírle a la muerte o, mejor aún, reírse de ella, durante la celebración del Día de Muertos se honra a través de los colores, las calaveras de azúcar y la flor de cempasúchil a los difuntos que se atreven a visitar el plano terrenal durante los primeros días de noviembre.

Este ritual mortuorio ha transmutado con el tiempo en una celebración gozosa cuyo origen procede de las antiguas civilizaciones prehispánicas donde se encaminaba a los muertos rumbo a la siguiente morada. Cuatro lugares eran los que mencionaban culturas como la azteca, pero era en el Mictlán (el inframundo custodiado por los dioses Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl) a donde iban a parar la mayoría de los muertos. Un inframundo debajo dela tierra que supone, al igual que la semilla, la espera de una resurrección en la tierra. Poesía del eterno retorno.

 

*Imagen: The dance of death on the Muhlenbruke at Lucerne, Caspar Meglinger, 1893

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