¿Qué es un color? ¿Es acaso algo que se puede tocar, poseer, atrapar? Existe un lugar en Japón donde, en todo caso, lo han logrado: contenidos en pequeños frascos de vidrio como si fuesen pócimas mágicas, dispuestos en hileras que parecieran pequeños arcoíris, más de 4,200 pigmentos de distintos colores iluminan Pigment, una tienda y, al mismo tiempo, una escuela, un museo y un laboratorio dedicado al color, una preciosa cámara de maravillas en la que se exhibe y se vende una colección de deliciosos pigmentos, pinceles y otros materiales artísticos.

Creado por el arquitecto Kengo Kuma, este establecimiento abierto en 2015 —y ubicado en el barrio de Shinagawa en Tokio— encarna una muy particular estética japonesa. Sus paredes están tapizadas de sobrias repisas de madera y el techo fue recubierto con una especie de cortina curva hecha de varas de bambú, un elemento que dota este espacio de una orgánica suavidad y una profunda elegancia. Pigment es un lugar abierto y lleno de una luz que permite disfrutar de los tesoros que guarda.

Dentro de este laboratorio moderno de alquimia, las estanterías hechas de bambú exhiben los miles de pigmentos, algunos rarísimos y difíciles de conseguir, además de alrededor de 200 tipos de brochas y pinceles (para caligrafía y pintura), papel tradicional japonés (conocido como washi), 50 tipos de pegamento animal, tinta sólida, marcos y libros.

Pigment es atendida por expertos en color y en arte, y una de sus finalidades como laboratorio es difundir técnicas de pintura tradicional japonesa, además del viejo arte nipón de la caligrafía. Así, este centro organiza cursos y talleres para enseñar a su público a utilizar los materiales que vende, un valioso esfuerzo por resguardar procesos tradicionales que se han ido perdiendo en el mundo moderno, técnicas manuales que están a punto de olvidarse (como, por ejemplo, la producción de espadas samurái).

“Misterio de otoño”, “Negro durazno” y “Sangre de dragón” son algunos de los evocativos nombres de los colores que se exhiben y se venden en Pigment, un catálogo de tonalidades hecho museo, un delicioso manjar para la vista, y una celebración al color y sus mágicos poderes.

*Imagen: Joe Mabel – flickr / Creative Commons

¿Qué es un color? ¿Es acaso algo que se puede tocar, poseer, atrapar? Existe un lugar en Japón donde, en todo caso, lo han logrado: contenidos en pequeños frascos de vidrio como si fuesen pócimas mágicas, dispuestos en hileras que parecieran pequeños arcoíris, más de 4,200 pigmentos de distintos colores iluminan Pigment, una tienda y, al mismo tiempo, una escuela, un museo y un laboratorio dedicado al color, una preciosa cámara de maravillas en la que se exhibe y se vende una colección de deliciosos pigmentos, pinceles y otros materiales artísticos.

Creado por el arquitecto Kengo Kuma, este establecimiento abierto en 2015 —y ubicado en el barrio de Shinagawa en Tokio— encarna una muy particular estética japonesa. Sus paredes están tapizadas de sobrias repisas de madera y el techo fue recubierto con una especie de cortina curva hecha de varas de bambú, un elemento que dota este espacio de una orgánica suavidad y una profunda elegancia. Pigment es un lugar abierto y lleno de una luz que permite disfrutar de los tesoros que guarda.

Dentro de este laboratorio moderno de alquimia, las estanterías hechas de bambú exhiben los miles de pigmentos, algunos rarísimos y difíciles de conseguir, además de alrededor de 200 tipos de brochas y pinceles (para caligrafía y pintura), papel tradicional japonés (conocido como washi), 50 tipos de pegamento animal, tinta sólida, marcos y libros.

Pigment es atendida por expertos en color y en arte, y una de sus finalidades como laboratorio es difundir técnicas de pintura tradicional japonesa, además del viejo arte nipón de la caligrafía. Así, este centro organiza cursos y talleres para enseñar a su público a utilizar los materiales que vende, un valioso esfuerzo por resguardar procesos tradicionales que se han ido perdiendo en el mundo moderno, técnicas manuales que están a punto de olvidarse (como, por ejemplo, la producción de espadas samurái).

“Misterio de otoño”, “Negro durazno” y “Sangre de dragón” son algunos de los evocativos nombres de los colores que se exhiben y se venden en Pigment, un catálogo de tonalidades hecho museo, un delicioso manjar para la vista, y una celebración al color y sus mágicos poderes.

*Imagen: Joe Mabel – flickr / Creative Commons