Si bien en distintas culturas orientales la meditación ha sido una herramienta garantizada desde hace milenios, lo cierto es que hasta hace unas cuantas décadas en occidente era una disciplina experimental a la cual solo algunos aventurados recurrían. Sin embargo, en la actualidad existen decenas de estudios científicos, muchos de ellos realizados en prestigiadas universidades e instituciones, que apuntan a una serie de importantes beneficios, tangibles, que provee la meditación:

 

Concentración

Uno de los principales fundamentos del meditar consiste en familiarizarte con la capacidad que tienes de dirigir intencionalmente tu mente a un “algo” específico. No se trata de someter ni de controlar, simplemente de darte cuenta que estás diseñado para que donde pones el ojo, pones la bala (mental).

Longevidad

Está comprobado que la meditación reduce los ritmos de oxidación en el cuerpo. Lo anterior se traduce en menores probabilidades de contraer enfermedades crónicas (por ejemplo diabetes, cáncer, o el ya popular Alzheimer), así como en retardar los efectos del envejecimiento.

Descanso

De acuerdo con un estudio realizado por el Instituto de Salud Mental y Neurociencias de la India, las personas que meditan regularmente son mucho menos proclives al insomnio y alcanzan con mayor facilidad lo que conocemos como sueño ‘profundo’ (el máximo nivel de descanso ligado a las frecuencias cerebrales alpha).

Presión sanguínea

Un estudio publicado en el American Journal of Hypertension confirmó que practicar meditación contribuye significativamente a reducir tu presión sanguínea con lo cual tienes 70% de menor probabilidad de desarrollar problemas de salud ligados a este rubro.

Dolor

Se ha probado que la meditación no solo nos hace más resistentes al dolor, provocado por la plena conciencia de las sensaciones físicas que experimenta nuestro cuerpo, sino que incluso, de acuerdo a un estudio de la Universidad de Montreal, el meditar incluso reconfigura la región cerebral que procesa las sensaciones de dolor físico.

Y con esto terminamos nuestro listado de cinco buenos argumentos para meditar. Pero ¿y tú cuántos necesitas para comenzar a dedicarle unos minutos de tu vida diaria a esta práctica?

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Si bien en distintas culturas orientales la meditación ha sido una herramienta garantizada desde hace milenios, lo cierto es que hasta hace unas cuantas décadas en occidente era una disciplina experimental a la cual solo algunos aventurados recurrían. Sin embargo, en la actualidad existen decenas de estudios científicos, muchos de ellos realizados en prestigiadas universidades e instituciones, que apuntan a una serie de importantes beneficios, tangibles, que provee la meditación:

 

Concentración

Uno de los principales fundamentos del meditar consiste en familiarizarte con la capacidad que tienes de dirigir intencionalmente tu mente a un “algo” específico. No se trata de someter ni de controlar, simplemente de darte cuenta que estás diseñado para que donde pones el ojo, pones la bala (mental).

Longevidad

Está comprobado que la meditación reduce los ritmos de oxidación en el cuerpo. Lo anterior se traduce en menores probabilidades de contraer enfermedades crónicas (por ejemplo diabetes, cáncer, o el ya popular Alzheimer), así como en retardar los efectos del envejecimiento.

Descanso

De acuerdo con un estudio realizado por el Instituto de Salud Mental y Neurociencias de la India, las personas que meditan regularmente son mucho menos proclives al insomnio y alcanzan con mayor facilidad lo que conocemos como sueño ‘profundo’ (el máximo nivel de descanso ligado a las frecuencias cerebrales alpha).

Presión sanguínea

Un estudio publicado en el American Journal of Hypertension confirmó que practicar meditación contribuye significativamente a reducir tu presión sanguínea con lo cual tienes 70% de menor probabilidad de desarrollar problemas de salud ligados a este rubro.

Dolor

Se ha probado que la meditación no solo nos hace más resistentes al dolor, provocado por la plena conciencia de las sensaciones físicas que experimenta nuestro cuerpo, sino que incluso, de acuerdo a un estudio de la Universidad de Montreal, el meditar incluso reconfigura la región cerebral que procesa las sensaciones de dolor físico.

Y con esto terminamos nuestro listado de cinco buenos argumentos para meditar. Pero ¿y tú cuántos necesitas para comenzar a dedicarle unos minutos de tu vida diaria a esta práctica?

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