A punto de romper, una enorme ola se levanta de un mar oscuro. Al fondo, contra el cielo metálico, está el legendario monte Fuji. Lo obvio, a continuación, es nombrar la obra: La gran ola de Kanagawa, del maestro del ukiyo-e Katsushika Hokusai (1760-1849). Y es que esta imagen, que ha inspirado libros y piezas de arte durante casi dos siglos, es sin duda la obra más conocida del artista (que alguna vez acuñó estas lecciones de dibujo). Así, se ha prestado menos atención a algunas otras obras de Hokusai, como una colección de cinco ilustraciones que hizo para un libro de historias y leyendas de horror, cuando tenía alrededor de 70 años.

Esta colección de cuentos, Hyaku Monogatari (Cien historias de fantasmas), se compiló alrededor de 1830. No se sabe por qué Hokusai solamente ilustró cinco de ellas y no la centena que se había planeado, pero éstas resultan sorpresivas y fascinantes porque, en esta ocasión, el artista se alejó del paisaje japonés (uno de sus motivos más recurrentes) para ilustrar el universo de los fantasmas, demonios, espectros y monstruos del Japón.

Esta serie de narraciones nació de una tradición conocida como Hyakumonogatari Kaidankai, una junta periódica en la que los asistentes se reunían para contar 100 historias de terror que provenían tanto del folclor japonés, como de sus propias experiencias. Cada uno de los narradores tenía una vela encendida que apagaba una vez que terminaba de contar su historia. Poco a poco, la oscuridad crecía y cuando la última vela se apagaba, se creía, un espíritu aparecía en el lugar.

La mansión de los platosSara-yashiki

hokusai1-1
Cuenta la leyenda que un día la sirvienta Okiku rompió por accidente un valioso plato coreano de la colección de su amo. Éste, furioso, la aventó a un pozo donde la muchacha murió. Durante el siglo XVIII, los pozos en Japón solían ser hogar de una especie de lombriz cubierta de pequeños hilos que, se creía, que eran las encarnaciones de la joven cubiertas de los restos de tela que habían sido usados para amarrarla —fueron llamados Okiku mushi (lombriz Okiku).

Hannya entre risasWarai-hannya

hokusai2
Este caníbal que se carcajea nació de la unión de dos monstruos: una hannya, cuyos celos la habían transformado en un demonio con cuernos, y yamanba, monstruo que vive en las montañas y se alimenta de la carne de niños secuestrados.

OiwaOiwa-san

hokusai3
Cuenta la historia que la joven Oume se enamoró de Tamiya Iemon, un samurai que era casado. Los amigos de ella intentaron matar a la esposa, Oiwa, con una crema envenenada para la cara. Ella, completamente desfigurada tras aplicarla en su rostro, perdió la razón cuando Iemon la abandonó. Fuera de sí, en un arrebato, Oiwa se tropezó con una espada que la hirió de muerte; pero antes de morir maldijo a su marido. A partir de eso, ella adopta distintas formas (como, por ejemplo, la de una lámpara de papel) para atormentar a su cruel esposo.

Kohada Koheiji

hokusai4
 

Esta historia de fantasmas se basa en hechos reales. Tras sufrir la infidelidad de su esposa y un posterior asesinato, Kohada Koheiji regresó de los muertos para atormentar a su infiel consorte y su amante. En esta imagen, él se asoma por una red para espiar a sus asesinos, mientras éstos duermen en su lecho.

ObsesiónShûnen

hokusai5
La serpiente en la imagen representa los celos desmedidos, una emoción que en el mundo japonés es capaz de sobrevivir a la muerte. Este animal rodea una tableta budista que usualmente se colocaba en la casa de alguien que había fallecido. El tazón de agua decorado con una suástica, símbolo budista de buenos auspicios, pareciera ser una ofrenda a la buena fortuna.

 

 

 

Imágenes: Dominio público

A punto de romper, una enorme ola se levanta de un mar oscuro. Al fondo, contra el cielo metálico, está el legendario monte Fuji. Lo obvio, a continuación, es nombrar la obra: La gran ola de Kanagawa, del maestro del ukiyo-e Katsushika Hokusai (1760-1849). Y es que esta imagen, que ha inspirado libros y piezas de arte durante casi dos siglos, es sin duda la obra más conocida del artista (que alguna vez acuñó estas lecciones de dibujo). Así, se ha prestado menos atención a algunas otras obras de Hokusai, como una colección de cinco ilustraciones que hizo para un libro de historias y leyendas de horror, cuando tenía alrededor de 70 años.

Esta colección de cuentos, Hyaku Monogatari (Cien historias de fantasmas), se compiló alrededor de 1830. No se sabe por qué Hokusai solamente ilustró cinco de ellas y no la centena que se había planeado, pero éstas resultan sorpresivas y fascinantes porque, en esta ocasión, el artista se alejó del paisaje japonés (uno de sus motivos más recurrentes) para ilustrar el universo de los fantasmas, demonios, espectros y monstruos del Japón.

Esta serie de narraciones nació de una tradición conocida como Hyakumonogatari Kaidankai, una junta periódica en la que los asistentes se reunían para contar 100 historias de terror que provenían tanto del folclor japonés, como de sus propias experiencias. Cada uno de los narradores tenía una vela encendida que apagaba una vez que terminaba de contar su historia. Poco a poco, la oscuridad crecía y cuando la última vela se apagaba, se creía, un espíritu aparecía en el lugar.

La mansión de los platosSara-yashiki

hokusai1-1
Cuenta la leyenda que un día la sirvienta Okiku rompió por accidente un valioso plato coreano de la colección de su amo. Éste, furioso, la aventó a un pozo donde la muchacha murió. Durante el siglo XVIII, los pozos en Japón solían ser hogar de una especie de lombriz cubierta de pequeños hilos que, se creía, que eran las encarnaciones de la joven cubiertas de los restos de tela que habían sido usados para amarrarla —fueron llamados Okiku mushi (lombriz Okiku).

Hannya entre risasWarai-hannya

hokusai2
Este caníbal que se carcajea nació de la unión de dos monstruos: una hannya, cuyos celos la habían transformado en un demonio con cuernos, y yamanba, monstruo que vive en las montañas y se alimenta de la carne de niños secuestrados.

OiwaOiwa-san

hokusai3
Cuenta la historia que la joven Oume se enamoró de Tamiya Iemon, un samurai que era casado. Los amigos de ella intentaron matar a la esposa, Oiwa, con una crema envenenada para la cara. Ella, completamente desfigurada tras aplicarla en su rostro, perdió la razón cuando Iemon la abandonó. Fuera de sí, en un arrebato, Oiwa se tropezó con una espada que la hirió de muerte; pero antes de morir maldijo a su marido. A partir de eso, ella adopta distintas formas (como, por ejemplo, la de una lámpara de papel) para atormentar a su cruel esposo.

Kohada Koheiji

hokusai4
 

Esta historia de fantasmas se basa en hechos reales. Tras sufrir la infidelidad de su esposa y un posterior asesinato, Kohada Koheiji regresó de los muertos para atormentar a su infiel consorte y su amante. En esta imagen, él se asoma por una red para espiar a sus asesinos, mientras éstos duermen en su lecho.

ObsesiónShûnen

hokusai5
La serpiente en la imagen representa los celos desmedidos, una emoción que en el mundo japonés es capaz de sobrevivir a la muerte. Este animal rodea una tableta budista que usualmente se colocaba en la casa de alguien que había fallecido. El tazón de agua decorado con una suástica, símbolo budista de buenos auspicios, pareciera ser una ofrenda a la buena fortuna.

 

 

 

Imágenes: Dominio público