El científico ruso Nikolai Lazarev acuñó el término adaptógeno al investigar sustancias que producían “una resistencia no-específica” para mejorar el rendimiento de atletas y soldados. Los adaptógenos son sustancias naturales que según la Teoría Sistémica se encuentran solamente en plantas y hierbas raras. Sustancias que, principalmente, proporcionan nutrientes especiales que ayudan al cuerpo a alcanzar un rendimiento óptimo mental, físico y de trabajo. El primer adaptógeno clasificado por Lazarev fue el Eleutero o ginseng siberiano.

Ya en 1969, los farmacólogos Brekham y Dardymov trazaron un mapa de propiedades que los adaptógenos debían tener.

  1. La sustancia no es tóxica para el que la recibe.
  2. Un adaptógeno tiene una actividad “no-específica” y actúa incrementando la resistencia de un organismo a un amplio espectro de factores biológicos, químicos y físicos.
  3. Estas sustancias tienden a ayudar a regularizar o normalizar las funciones de los órganos y sistemas dentro del organismo.

Esta definición ha ido avanzando con los años. Los adaptógenos actualmente deben tener propiedades antioxidantes pero también anfóteras, capaces de reaccionar como ácido o base y normalizar la función de un órgano. Además de esto, deben ayudar a modular los sistemas del cuerpo y mantener la homeostasis.

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Investigaciones de el farmacólogo Alexander Panossian sugieren que los adaptógenos funcionan primordialmente a través del eje que conforman el hipotálamo, la glándula pituitaria y la suprarrenal, modulando nuestras respuestas al estrés (ambiental, físico o emocional). Su naturaleza bioquímica de amplio espectro hace que tengan efectos anti-inflamatorios, antioxidantes, ansiolíticos y antidepresivos.

Entre el selecto grupo de plantas que cumplen con las características para considerarse adaptógenos están:

La raíz de ginseng americano, el ginseng asiático, el ginseng siberiano (eleutero), la raíz de ashwangandha o búfera (usada en el ayurveda), el hongo cordyceps sinensis (usado en la medicina china), la raíz de codonopsis o dang shen, la rodiola (usada por atletas rusos), la raíz de regaliz (o regaliz chino), las bayas schisandra chinenesis (wu wi zi) y Rhaponticum carthamoides (usado para la fatiga en Rusia).

Existen otras plantas que tal vez podrían en futuro considerarse adaptógenos, particularmente algunas del Amazonas, que no han sido del todo estudiadas, pero por ahora este es el “dream-team” herbal. Sin que pueda considerarse algo similar a la panacea o al “pharmakon”, al menos quien intenta utilizar estas plantas podrá sentirse un poco más tranquilo en cuanto a sus efectos secundarios, ya que no suelen tener interacciones negativas con otras sustancias.

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El científico ruso Nikolai Lazarev acuñó el término adaptógeno al investigar sustancias que producían “una resistencia no-específica” para mejorar el rendimiento de atletas y soldados. Los adaptógenos son sustancias naturales que según la Teoría Sistémica se encuentran solamente en plantas y hierbas raras. Sustancias que, principalmente, proporcionan nutrientes especiales que ayudan al cuerpo a alcanzar un rendimiento óptimo mental, físico y de trabajo. El primer adaptógeno clasificado por Lazarev fue el Eleutero o ginseng siberiano.

Ya en 1969, los farmacólogos Brekham y Dardymov trazaron un mapa de propiedades que los adaptógenos debían tener.

  1. La sustancia no es tóxica para el que la recibe.
  2. Un adaptógeno tiene una actividad “no-específica” y actúa incrementando la resistencia de un organismo a un amplio espectro de factores biológicos, químicos y físicos.
  3. Estas sustancias tienden a ayudar a regularizar o normalizar las funciones de los órganos y sistemas dentro del organismo.

Esta definición ha ido avanzando con los años. Los adaptógenos actualmente deben tener propiedades antioxidantes pero también anfóteras, capaces de reaccionar como ácido o base y normalizar la función de un órgano. Además de esto, deben ayudar a modular los sistemas del cuerpo y mantener la homeostasis.

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Investigaciones de el farmacólogo Alexander Panossian sugieren que los adaptógenos funcionan primordialmente a través del eje que conforman el hipotálamo, la glándula pituitaria y la suprarrenal, modulando nuestras respuestas al estrés (ambiental, físico o emocional). Su naturaleza bioquímica de amplio espectro hace que tengan efectos anti-inflamatorios, antioxidantes, ansiolíticos y antidepresivos.

Entre el selecto grupo de plantas que cumplen con las características para considerarse adaptógenos están:

La raíz de ginseng americano, el ginseng asiático, el ginseng siberiano (eleutero), la raíz de ashwangandha o búfera (usada en el ayurveda), el hongo cordyceps sinensis (usado en la medicina china), la raíz de codonopsis o dang shen, la rodiola (usada por atletas rusos), la raíz de regaliz (o regaliz chino), las bayas schisandra chinenesis (wu wi zi) y Rhaponticum carthamoides (usado para la fatiga en Rusia).

Existen otras plantas que tal vez podrían en futuro considerarse adaptógenos, particularmente algunas del Amazonas, que no han sido del todo estudiadas, pero por ahora este es el “dream-team” herbal. Sin que pueda considerarse algo similar a la panacea o al “pharmakon”, al menos quien intenta utilizar estas plantas podrá sentirse un poco más tranquilo en cuanto a sus efectos secundarios, ya que no suelen tener interacciones negativas con otras sustancias.

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