¿Cuándo es que una obra de arte está terminada? En la cultura moderna y contemporánea, lo inconcluso y las expresiones artísticas que hablan sobre sí mismas o su proceso de creación han logrado un lugar cultural preponderante, algo que conocemos elegantemente como autorreferencialidad. Este no es el caso del arte medieval, mucho menos cuando se habla de los manuscritos iluminados, que si algo expresan es un amor profundo por la perfección y la minuciosidad. Sin embargo, recientemente Public Domain Review publicó algunas páginas del cuaderno de un monje medieval, Spätgotisches Musterbuch des Stephan Schriber, bocetos e imágenes iluminadas a medias, ensayos inconclusos, que permiten saber más sobre el proceso de creación de estas preciosidades, además de ostentar una estética extraña y singular.

La historia del arte de los manuscritos iluminados —cuyo proceso y espíritu son poco cercanos a nuestra actualidad— comenzó en el siglo V, e insospechadamente sentó las bases para muchas de las narraciones gráfico-textuales que existen hoy. El cuaderno del monje  Stephan Schriber, realizado en el año 1494 en el suroeste de Alemania, funcionó como un espacio de ensayo para lo que eventualmente él haría en libros, una tradición que entonces estaba a punto de concluir con la llegada del Renacimiento y la creación de la imprenta.

A medida que los libros impresos se extendieron por Europa, los libros escritos y coloreados a mano (y aquellos monjes-artistas que los hacían) fueron desapareciendo poco a poco. Podría decirse entonces que Schriber trabajó una técnica artística que se encontraba en su ocaso, lo que hace de esta pieza aún más valiosa.

Los dibujos del monje son testigos de una gran destreza técnica, muestran motivos animales y barrocas formas vegetales, además de bellísimos ensayos de letras decoradas, generalmente las que su utilizaban en mayúsculas al inicio de la página o de un párrafo. Esta pieza, dedicada al conde Eberhard de Württenberg, es finalmente un manual, un libro de práctica que, por cierto, está adornado con detalles en oro y plata.

Las imágenes de este cuaderno (cuya versión completa pude encontrarse en la biblioteca digital del centro DigitiZation Center de Munich) llaman la atención no solamente por su maestría, sino también por su calidad inacabada y fragmentaria, casi defectiva (si no fuera por su gran belleza). Los trabajos por los que un creador de estas piezas tenía que pasar, de pronto, resultan evidentes y crean una cierta cercanía con un monje alemán que vivió hace siglos: son un documento que aún hoy tiene algo que enseñarnos.

 

1-13 2-8
3-8 4-7
5-66-6
7-59-4
12 8-4
 10-411
 

 

 

Imágenes: Public Domain Review

¿Cuándo es que una obra de arte está terminada? En la cultura moderna y contemporánea, lo inconcluso y las expresiones artísticas que hablan sobre sí mismas o su proceso de creación han logrado un lugar cultural preponderante, algo que conocemos elegantemente como autorreferencialidad. Este no es el caso del arte medieval, mucho menos cuando se habla de los manuscritos iluminados, que si algo expresan es un amor profundo por la perfección y la minuciosidad. Sin embargo, recientemente Public Domain Review publicó algunas páginas del cuaderno de un monje medieval, Spätgotisches Musterbuch des Stephan Schriber, bocetos e imágenes iluminadas a medias, ensayos inconclusos, que permiten saber más sobre el proceso de creación de estas preciosidades, además de ostentar una estética extraña y singular.

La historia del arte de los manuscritos iluminados —cuyo proceso y espíritu son poco cercanos a nuestra actualidad— comenzó en el siglo V, e insospechadamente sentó las bases para muchas de las narraciones gráfico-textuales que existen hoy. El cuaderno del monje  Stephan Schriber, realizado en el año 1494 en el suroeste de Alemania, funcionó como un espacio de ensayo para lo que eventualmente él haría en libros, una tradición que entonces estaba a punto de concluir con la llegada del Renacimiento y la creación de la imprenta.

A medida que los libros impresos se extendieron por Europa, los libros escritos y coloreados a mano (y aquellos monjes-artistas que los hacían) fueron desapareciendo poco a poco. Podría decirse entonces que Schriber trabajó una técnica artística que se encontraba en su ocaso, lo que hace de esta pieza aún más valiosa.

Los dibujos del monje son testigos de una gran destreza técnica, muestran motivos animales y barrocas formas vegetales, además de bellísimos ensayos de letras decoradas, generalmente las que su utilizaban en mayúsculas al inicio de la página o de un párrafo. Esta pieza, dedicada al conde Eberhard de Württenberg, es finalmente un manual, un libro de práctica que, por cierto, está adornado con detalles en oro y plata.

Las imágenes de este cuaderno (cuya versión completa pude encontrarse en la biblioteca digital del centro DigitiZation Center de Munich) llaman la atención no solamente por su maestría, sino también por su calidad inacabada y fragmentaria, casi defectiva (si no fuera por su gran belleza). Los trabajos por los que un creador de estas piezas tenía que pasar, de pronto, resultan evidentes y crean una cierta cercanía con un monje alemán que vivió hace siglos: son un documento que aún hoy tiene algo que enseñarnos.

 

1-13 2-8
3-8 4-7
5-66-6
7-59-4
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Imágenes: Public Domain Review