Entre las innumerables maravillas que podemos encontrar recorriendo este mundo, existen países particularmente agraciados, como si durante el diseño de la Tierra hubiesen recibido peculiares características que apelan a nuestro gusto por lo extremo.

Caracterizada por una efervescente naturaleza que puebla su territorio, esta isla ubicada al oeste de Escandinavia ha quedado históricamente resguardada de la sistemática intrusión de conquistadores y turistas. Lo anterior, aunado al hecho de que posee una superficie que escasamente supera los cien mil km/2, hace que sus poco más de 300 mil habitantes confluyan en una dinámica que, paradójicamente, fusiona el espíritu comunitario con la soledad.

La pulcritud de sus colores, el protagonismo que sostienen fuerzas opuestas (glaciares, volcanes, desiertos de ceniza y mitológicas cascadas), así como la veneración orgánica que sus habitantes rinden a la naturaleza, sugieren de este espacio una virginidad que emociona.

En Islandia un importante banquero puede compartirte sus encuentros con los espíritus del agua o el bosque. En Islandia todos los habitantes son parientes tan solo cinco o seis generaciones atrás. En Islandia se invita a que los ciudadanos intervengan directamente en la elaboración de una nueva constitución vía Internet. En Islandia los sueños lúcidos se destilan en paisajes que marcarán la vida de todo aquel que la visita.

Entre las innumerables maravillas que podemos encontrar recorriendo este mundo, existen países particularmente agraciados, como si durante el diseño de la Tierra hubiesen recibido peculiares características que apelan a nuestro gusto por lo extremo.

Caracterizada por una efervescente naturaleza que puebla su territorio, esta isla ubicada al oeste de Escandinavia ha quedado históricamente resguardada de la sistemática intrusión de conquistadores y turistas. Lo anterior, aunado al hecho de que posee una superficie que escasamente supera los cien mil km/2, hace que sus poco más de 300 mil habitantes confluyan en una dinámica que, paradójicamente, fusiona el espíritu comunitario con la soledad.

La pulcritud de sus colores, el protagonismo que sostienen fuerzas opuestas (glaciares, volcanes, desiertos de ceniza y mitológicas cascadas), así como la veneración orgánica que sus habitantes rinden a la naturaleza, sugieren de este espacio una virginidad que emociona.

En Islandia un importante banquero puede compartirte sus encuentros con los espíritus del agua o el bosque. En Islandia todos los habitantes son parientes tan solo cinco o seis generaciones atrás. En Islandia se invita a que los ciudadanos intervengan directamente en la elaboración de una nueva constitución vía Internet. En Islandia los sueños lúcidos se destilan en paisajes que marcarán la vida de todo aquel que la visita.

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