El padre de la música futurista, un ocultista y compositor experimental ruso de nombre Alexander Nikolayevich Scriabin, inspiró la creación de una máquina optoelectrónica, capaz de convertir en sonido cualquier símbolo bocetado sobre una gran placa de vidrio: el sintetizador soviético ANS.

Scriabin fue un apasionado de la teosofía, la música y la filosofía oculta; ortodoxo de la voluntad nietzscheana, la síntesis de Hegel y la doctrina de Madame Blavatsky. Tenía sinestesia, a partir de lo cual fabricó un teclado con bombillas multicolor (tastiera per luce) donde asignaba a cada valor tonal un color para obtener sincronía entre estos y la armonía de sus composiciones.

A partir de preceptos teológicos, Alexander sintetizó, cual alquimista de los sonidos, su visión esotérica por medio de luces y tonalidades sonoras. Su obra Mysterium musicalizaría una especie de ritual apocalíptico, una transición del hombre terrenal al superhombre, que tendría lugar en el Himalaya. Sin embargo, su prematura muerte impidió que este plan se consumara.

Scriabin renació fugazmente en 1938, cuando el ingeniero Yevgeny Murzin creó el sintetizador ANS (siglas en honor a su nombre). Basado en la tecnología del sonido dibujado, el nuevo prototipo funcionaba a través de dibujos que se trazaban sobre una placa de vidrio con masilla oscura. La máquina leía la placa a través de la emisión de luz y entonces convertía, en tiempo real, los grabados en sonido. Los tonos graves o agudos eran medibles dependiendo de la ubicación del dibujo.

UnknownSorprendentemente, el sintetizador ANS llegó a traducir lo que podía ser la alquimia sonora en la URSS de la Segunda Guerra Mundial: un artilugio que recreaba los símbolos ocultistas en armonías. Además, Murzin no era músico, pero sí un ingeniero que invirtió 20 años en completar su proyecto en una época en la que el desarrollo tecnológico privado se consideraba un delito. Muchos inventores rusos se vieron frustrados en esta época e incluso obligados a destruir sus creaciones.

Fue hasta 1958 que el ANS vio la luz como prototipo terminado y en 1960 Murzin realizó su Estudio Experimental de Música Electrónica, en donde músicos de la vanguardia rusa grabaron obras como AHC – Электронная музыка (ANS – Música Electrónica). Incluso el compositor Eduard Artemyev fabricó experimentos musicales utilizando el ANS, por ejemplo el soundtrack del filme de Andrei Tarkovsky, Solyaris, que inicia con una fabulosa versión de un preludio coral de J. Bach utilizando este sintetizador.

La historia de la música electrónica enmaraña sus raíces en los diferentes prototipos tecnológicos que la Unión Soviética fabricó entre el suprematismo y los progresos industriales de entreguerra. De la misma época de Yevgeny Murzin, el inventor ruso Léon Theremin desarrolló una de las máquinas más fascinantes y extrañas: el ætérfono, un instrumento diseñado a partir de una caja de resonancia y dos antenas. Mientras el ætérfono o theremin (como mejor se conoce) sintetiza el movimiento y el sonido, el ANS sintetizaba el sonido con las imágenes. Al igual que Murzin, Léon Theremin también jugaba con los destilados sonoros, la luz y el movimiento, e incluso trabajó en indefinidas ocasiones por lograr unir el olor y el tacto en un solo prototipo.

Músicos-ingenieros como el futurista italiano Luigi Russolo, los rusos Boris Yankovsky y Arseny Avraamov o, más reciente, los magos de la experimentación minimalista Coil —que también utilizaron el ANS para la composición de uno de sus discos—, marcaron especial interés por la magia de la síntesis; aleaciones no de metales químicos pero sí de una serie de doctrinas ocultas que transmutaron en el oro más preciado de la música soviética: el nacimiento de la electrónica.

El padre de la música futurista, un ocultista y compositor experimental ruso de nombre Alexander Nikolayevich Scriabin, inspiró la creación de una máquina optoelectrónica, capaz de convertir en sonido cualquier símbolo bocetado sobre una gran placa de vidrio: el sintetizador soviético ANS.

Scriabin fue un apasionado de la teosofía, la música y la filosofía oculta; ortodoxo de la voluntad nietzscheana, la síntesis de Hegel y la doctrina de Madame Blavatsky. Tenía sinestesia, a partir de lo cual fabricó un teclado con bombillas multicolor (tastiera per luce) donde asignaba a cada valor tonal un color para obtener sincronía entre estos y la armonía de sus composiciones.

A partir de preceptos teológicos, Alexander sintetizó, cual alquimista de los sonidos, su visión esotérica por medio de luces y tonalidades sonoras. Su obra Mysterium musicalizaría una especie de ritual apocalíptico, una transición del hombre terrenal al superhombre, que tendría lugar en el Himalaya. Sin embargo, su prematura muerte impidió que este plan se consumara.

Scriabin renació fugazmente en 1938, cuando el ingeniero Yevgeny Murzin creó el sintetizador ANS (siglas en honor a su nombre). Basado en la tecnología del sonido dibujado, el nuevo prototipo funcionaba a través de dibujos que se trazaban sobre una placa de vidrio con masilla oscura. La máquina leía la placa a través de la emisión de luz y entonces convertía, en tiempo real, los grabados en sonido. Los tonos graves o agudos eran medibles dependiendo de la ubicación del dibujo.

UnknownSorprendentemente, el sintetizador ANS llegó a traducir lo que podía ser la alquimia sonora en la URSS de la Segunda Guerra Mundial: un artilugio que recreaba los símbolos ocultistas en armonías. Además, Murzin no era músico, pero sí un ingeniero que invirtió 20 años en completar su proyecto en una época en la que el desarrollo tecnológico privado se consideraba un delito. Muchos inventores rusos se vieron frustrados en esta época e incluso obligados a destruir sus creaciones.

Fue hasta 1958 que el ANS vio la luz como prototipo terminado y en 1960 Murzin realizó su Estudio Experimental de Música Electrónica, en donde músicos de la vanguardia rusa grabaron obras como AHC – Электронная музыка (ANS – Música Electrónica). Incluso el compositor Eduard Artemyev fabricó experimentos musicales utilizando el ANS, por ejemplo el soundtrack del filme de Andrei Tarkovsky, Solyaris, que inicia con una fabulosa versión de un preludio coral de J. Bach utilizando este sintetizador.

La historia de la música electrónica enmaraña sus raíces en los diferentes prototipos tecnológicos que la Unión Soviética fabricó entre el suprematismo y los progresos industriales de entreguerra. De la misma época de Yevgeny Murzin, el inventor ruso Léon Theremin desarrolló una de las máquinas más fascinantes y extrañas: el ætérfono, un instrumento diseñado a partir de una caja de resonancia y dos antenas. Mientras el ætérfono o theremin (como mejor se conoce) sintetiza el movimiento y el sonido, el ANS sintetizaba el sonido con las imágenes. Al igual que Murzin, Léon Theremin también jugaba con los destilados sonoros, la luz y el movimiento, e incluso trabajó en indefinidas ocasiones por lograr unir el olor y el tacto en un solo prototipo.

Músicos-ingenieros como el futurista italiano Luigi Russolo, los rusos Boris Yankovsky y Arseny Avraamov o, más reciente, los magos de la experimentación minimalista Coil —que también utilizaron el ANS para la composición de uno de sus discos—, marcaron especial interés por la magia de la síntesis; aleaciones no de metales químicos pero sí de una serie de doctrinas ocultas que transmutaron en el oro más preciado de la música soviética: el nacimiento de la electrónica.

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