Tras la Segunda Guerra Mundial y ante la devastación que generó en decenas de ciudades europeas, nació el concepto de regeneración urbana. Este término, hoy ya ampliamente adoptado en el imaginario colectivo, se refiere al ejercicio de recuperar integralmente espacios abandonados, derruidos o simplemente marginados por el desarrollo de una urbe.

Con el tiempo esta práctica fue refinándose, atendiendo aspectos tanto estéticos como funcionales, materiales e intangibles a la par. Y entonces emergieron filosofías más sofisticadas, por ejemplo la acupuntura urbana, que se han desarrollado hasta alcanzar lo que hoy podríamos considerar un acto propiamente alquímico: a partir de la premisa de la purificar la materia por medio de la intención, se llega a la transmutación de espacios en pro de su evolución acelerada.

Pero además de la evidente función social y cultural de la alquimia urbana, también destacan casos que apuestan por la exquisitez –algo así como el arte de cultivar microparaísos dentro de espacios olvidados–. Y en este rubro tenemos ejemplos notables, como el área que hoy ocupa el Faena District en Miami, con edificios como el Versailles Classic y el Versailles Contemporary, entre otros, o también la exfábrica a la afueras de Barcelona que el arquitecto Ricardo Bofill transformó en su taller.

Tras la Segunda Guerra Mundial y ante la devastación que generó en decenas de ciudades europeas, nació el concepto de regeneración urbana. Este término, hoy ya ampliamente adoptado en el imaginario colectivo, se refiere al ejercicio de recuperar integralmente espacios abandonados, derruidos o simplemente marginados por el desarrollo de una urbe.

Con el tiempo esta práctica fue refinándose, atendiendo aspectos tanto estéticos como funcionales, materiales e intangibles a la par. Y entonces emergieron filosofías más sofisticadas, por ejemplo la acupuntura urbana, que se han desarrollado hasta alcanzar lo que hoy podríamos considerar un acto propiamente alquímico: a partir de la premisa de la purificar la materia por medio de la intención, se llega a la transmutación de espacios en pro de su evolución acelerada.

Pero además de la evidente función social y cultural de la alquimia urbana, también destacan casos que apuestan por la exquisitez –algo así como el arte de cultivar microparaísos dentro de espacios olvidados–. Y en este rubro tenemos ejemplos notables, como el área que hoy ocupa el Faena District en Miami, con edificios como el Versailles Classic y el Versailles Contemporary, entre otros, o también la exfábrica a la afueras de Barcelona que el arquitecto Ricardo Bofill transformó en su taller.

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