Todos los seres humanos, desde los más opulentos hasta los más pobres, deben comer algo para mantenerse con vida. Durante más de 10 años de viajes y libros alrededor del mundo, el chef y conductor de TV Anthony Bourdain ha creado un importante archivo de la relación entre la comida y los aspectos más elementales de la vida alrededor del mundo.

Dentro de la gran oferta televisiva que ha encontrado un nicho de mercado en los canales de televisión, No Reservations (con algunas temporadas ya disponibles en Netflix) de Bourdain es un programa pionero y también iconoclasta: puede visitar Haití o Kurdistán y documentar involuntariamente los estragos de los desastres naturales y las guerras en la mesa de los refugiados y afectados, o bien puede pasar un día en la cocina del mejor restaurante del mundo, observando cómo se preparan algunos de los platos más sofisticados y vanguardistas de la gastronomía contemporánea.

A diferencia de los reality shows de cocina o los programas de recetas, Bourdain conoce la gastronomía del lugar al que visita a través del contacto con la gente local. Parece que Bourdain, como un Cousteau gastronómico, pudiera revelarnos el fino vínculo entre la preparación de una comida familiar y el clima político.

anthony-bourdain
También es necesario mencionar que Bourdain no es un personaje simpático para todos: sus narraciones a veces pueden tomar giros y revelar prejuicios racistas, misóginos, y que potencialmente pueden poner en riesgo la salud de los televidentes que traten de seguir sus pasos; por fortuna, Bourdain parece plenamente consciente de este efecto de su carácter, por lo que no duda de diseccionar sus prejuicios como si estuviera enseñando a preparar una pieza de caza mayor para un banquete.

Y es que la comida dice mucho más de las personas que la hacen que las palabras: al visitar un restaurante, no siempre nos ponemos a pensar en todas las manos anónimas que preparan y seleccionan los ingredientes, los productores, los agricultores, los trabajadores, los transportistas, quienes hacen posible el milagro del sabor gracias a la diligente mano de los y las cocineras de todo el mundo.

Además, en la forma en que comemos se cifran muchos ingredientes de nuestra vida. En una época que preconiza y fomenta el consumo desmedido de comida rápida, del ritual de la hora de comida de los oficinistas, donde los vegetarianos politizan su consumo, y donde la presión por la fiscalización del cuerpo en redes sociales es prácticamente ubicua, un programa como el de Bourdain permite explorar las particularidades de otras culturas y otras formas de ver el mundo a partir de algo tan simple como un plato de sopa. La comida cifra recuerdos, pertenencias, memorias, afectos y nostalgias: Bourdain no sólo está hambriento de comida, sino de las historias que ocurren antes y después del acto de sentarnos a la mesa.

*Imágenes: 1) Dominio Público; 2) Lwp Kommunikáció – flickr / Creative Commons

Todos los seres humanos, desde los más opulentos hasta los más pobres, deben comer algo para mantenerse con vida. Durante más de 10 años de viajes y libros alrededor del mundo, el chef y conductor de TV Anthony Bourdain ha creado un importante archivo de la relación entre la comida y los aspectos más elementales de la vida alrededor del mundo.

Dentro de la gran oferta televisiva que ha encontrado un nicho de mercado en los canales de televisión, No Reservations (con algunas temporadas ya disponibles en Netflix) de Bourdain es un programa pionero y también iconoclasta: puede visitar Haití o Kurdistán y documentar involuntariamente los estragos de los desastres naturales y las guerras en la mesa de los refugiados y afectados, o bien puede pasar un día en la cocina del mejor restaurante del mundo, observando cómo se preparan algunos de los platos más sofisticados y vanguardistas de la gastronomía contemporánea.

A diferencia de los reality shows de cocina o los programas de recetas, Bourdain conoce la gastronomía del lugar al que visita a través del contacto con la gente local. Parece que Bourdain, como un Cousteau gastronómico, pudiera revelarnos el fino vínculo entre la preparación de una comida familiar y el clima político.

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También es necesario mencionar que Bourdain no es un personaje simpático para todos: sus narraciones a veces pueden tomar giros y revelar prejuicios racistas, misóginos, y que potencialmente pueden poner en riesgo la salud de los televidentes que traten de seguir sus pasos; por fortuna, Bourdain parece plenamente consciente de este efecto de su carácter, por lo que no duda de diseccionar sus prejuicios como si estuviera enseñando a preparar una pieza de caza mayor para un banquete.

Y es que la comida dice mucho más de las personas que la hacen que las palabras: al visitar un restaurante, no siempre nos ponemos a pensar en todas las manos anónimas que preparan y seleccionan los ingredientes, los productores, los agricultores, los trabajadores, los transportistas, quienes hacen posible el milagro del sabor gracias a la diligente mano de los y las cocineras de todo el mundo.

Además, en la forma en que comemos se cifran muchos ingredientes de nuestra vida. En una época que preconiza y fomenta el consumo desmedido de comida rápida, del ritual de la hora de comida de los oficinistas, donde los vegetarianos politizan su consumo, y donde la presión por la fiscalización del cuerpo en redes sociales es prácticamente ubicua, un programa como el de Bourdain permite explorar las particularidades de otras culturas y otras formas de ver el mundo a partir de algo tan simple como un plato de sopa. La comida cifra recuerdos, pertenencias, memorias, afectos y nostalgias: Bourdain no sólo está hambriento de comida, sino de las historias que ocurren antes y después del acto de sentarnos a la mesa.

*Imágenes: 1) Dominio Público; 2) Lwp Kommunikáció – flickr / Creative Commons