I have nothing to say
and I am saying it
and that is poetry
as I needed it.

-John Cage

Probablemente 4’33’’ sea la composición más conocida de John Cage. Si esto es justo o no, poco importa: simplemente es así. Cervantes pensaba que su mejor obra era el Persiles, pero todo el mundo lo alaba por el Quijote. La mayor apuesta de Freud fue a sus Tres ensayos sobre teoría sexual, un trabajo que parece palidecer frente a La interpretación de los sueños.

Quizá Cage tuvo una suerte parecida. Quizá cuente en su catálogo con piezas más ambiciosas (por ejemplo, su Concert para piano y orquesta, o sus Variations I-IV), pero el mundo lo tendrá presente por su aventurada exploración de la imposibilidad del silencio en la música. En cierto sentido, eso es lo que se reconoce: el atrevimiento vanguardista, la síntesis de conceptos (del budismo a la tradición composicional de Occidente), la irreverencia sutil, la estimulación intelectual de quien prefiere abrir preguntas que ofrecer respuestas.

En nuevo acercamiento a 4’33’’, hace poco el John Cage Trust dio a conocer una app para iPhone y iPod inspirada menos en la pieza como tal que en la idea que la sostiene, esto es, la aleatoriedad del sonido como protagonista de una “composición” musical. En cierta época de su carrera (alrededor de la década de 1950), Cage experimentó con el azar como herramienta de la creación. Su acercamiento al budismo zen, su aspiración de realizar una obra donde el yo no existiera, su estudio y práctica del I-Ching y la inclusión de computadoras en el trabajo de composición, entre otras circunstancias, le hicieron encontrar en el azar un recurso para conseguir una obra que además de ser única cada vez que se ejecuta, en cierta forma también queda liberada por esto mismo del autor y su dominio.

4’33’’ es una pieza sobre el silencio, sí, pero que eventualmente nos descubre la imposibilidad de éste como una realidad absoluta. En este video, por ejemplo, donde el gran amigo de Cage, David Tudor, pianista y compositor, ejecuta la obra, se escucha el murmullo del público asistente y la tos de algunas personas. En otra interpretación incluso hay risas.

Según cierta anécdota, antes de componer 4’33’’, Cage entró a la cámara anecoica que hasta la fecha se encuentra en la Universidad de Harvard. El compositor tenía poco tiempo de haber regresado a Estados Unidos después de una temporada en Japón, en donde frecuentó el magisterio de un monje zen. Dentro de este lugar ―que por su estructura absorbe cualquier sonido emitido, evitando al máximo la propagación de las ondas sonoras y reduciendo su frecuencia a un promedio de -9 decibeles―, hubo un momento en que Cage se dio cuenta de que incluso ahí escuchaba un par de rumores, uno agudo y otro bajo; al salir preguntó a los ingenieros por el origen de ambos sonidos, que no era otra cosa más que la operación habitual de su sistema nervioso y su circulación sanguínea, pruebas ineludibles de que estaba vivo. Cage se dio cuenta entonces que el silencio era imposible y, acaso más importante, que los sonidos del mundo y de la vida también son otra forma música.

mua44Ny

Ésta es la intención de la app mencionada. De entrada, permite al usuario escuchar bebés que lloran en una calle de Tokio, o los sonidos caóticos de una cocina en París donde se prepara la cena. Por otro lado, una segunda opción es hacer un 4’33’’ personal, grabando los sonidos que coinciden en este lapso y después compartiéndolos en el sitio johncage.org. Como se ve, esta última alternativa puede ser la más interesante, pues casi como un ejercicio zen, nos incita a poner atención a nuestro presente sonoro para darnos cuenta de su fugacidad, pero sobre todo su aleatoriedad.

En la primera de sus conversaciones con Daniel Charles, publicadas originalmente en francés con el título Pour les oiseaux (Para los pájaros), Cage hizo una declaración que valdría para definir 4’33’’ y otras obras como 0’00” desde una perspectiva amplia, como proyecto personal del artista, un atisbo a la búsqueda que emprendió del absoluto como uno de los rostros de la transformación.

Sí, debemos dejar de ser inflexibles frente al cambio. Tal es mi experiencia: me basta escuchar los sonidos que me rodean. Cambian. Si en cualquier sitio donde me encuentro escucho esos sonidos y si entre ellos surge uno que no me gusta o no me conviene si se trata de un sonido del que yo hubiese preferido que no existiera, que no sobreviviera, ese concepto de preferencia, como puede usted verlo, es en cierto modo ilícito, porque la verdad es que el sonido surgió.

I have nothing to say
and I am saying it
and that is poetry
as I needed it.

-John Cage

Probablemente 4’33’’ sea la composición más conocida de John Cage. Si esto es justo o no, poco importa: simplemente es así. Cervantes pensaba que su mejor obra era el Persiles, pero todo el mundo lo alaba por el Quijote. La mayor apuesta de Freud fue a sus Tres ensayos sobre teoría sexual, un trabajo que parece palidecer frente a La interpretación de los sueños.

Quizá Cage tuvo una suerte parecida. Quizá cuente en su catálogo con piezas más ambiciosas (por ejemplo, su Concert para piano y orquesta, o sus Variations I-IV), pero el mundo lo tendrá presente por su aventurada exploración de la imposibilidad del silencio en la música. En cierto sentido, eso es lo que se reconoce: el atrevimiento vanguardista, la síntesis de conceptos (del budismo a la tradición composicional de Occidente), la irreverencia sutil, la estimulación intelectual de quien prefiere abrir preguntas que ofrecer respuestas.

En nuevo acercamiento a 4’33’’, hace poco el John Cage Trust dio a conocer una app para iPhone y iPod inspirada menos en la pieza como tal que en la idea que la sostiene, esto es, la aleatoriedad del sonido como protagonista de una “composición” musical. En cierta época de su carrera (alrededor de la década de 1950), Cage experimentó con el azar como herramienta de la creación. Su acercamiento al budismo zen, su aspiración de realizar una obra donde el yo no existiera, su estudio y práctica del I-Ching y la inclusión de computadoras en el trabajo de composición, entre otras circunstancias, le hicieron encontrar en el azar un recurso para conseguir una obra que además de ser única cada vez que se ejecuta, en cierta forma también queda liberada por esto mismo del autor y su dominio.

4’33’’ es una pieza sobre el silencio, sí, pero que eventualmente nos descubre la imposibilidad de éste como una realidad absoluta. En este video, por ejemplo, donde el gran amigo de Cage, David Tudor, pianista y compositor, ejecuta la obra, se escucha el murmullo del público asistente y la tos de algunas personas. En otra interpretación incluso hay risas.

Según cierta anécdota, antes de componer 4’33’’, Cage entró a la cámara anecoica que hasta la fecha se encuentra en la Universidad de Harvard. El compositor tenía poco tiempo de haber regresado a Estados Unidos después de una temporada en Japón, en donde frecuentó el magisterio de un monje zen. Dentro de este lugar ―que por su estructura absorbe cualquier sonido emitido, evitando al máximo la propagación de las ondas sonoras y reduciendo su frecuencia a un promedio de -9 decibeles―, hubo un momento en que Cage se dio cuenta de que incluso ahí escuchaba un par de rumores, uno agudo y otro bajo; al salir preguntó a los ingenieros por el origen de ambos sonidos, que no era otra cosa más que la operación habitual de su sistema nervioso y su circulación sanguínea, pruebas ineludibles de que estaba vivo. Cage se dio cuenta entonces que el silencio era imposible y, acaso más importante, que los sonidos del mundo y de la vida también son otra forma música.

mua44Ny

Ésta es la intención de la app mencionada. De entrada, permite al usuario escuchar bebés que lloran en una calle de Tokio, o los sonidos caóticos de una cocina en París donde se prepara la cena. Por otro lado, una segunda opción es hacer un 4’33’’ personal, grabando los sonidos que coinciden en este lapso y después compartiéndolos en el sitio johncage.org. Como se ve, esta última alternativa puede ser la más interesante, pues casi como un ejercicio zen, nos incita a poner atención a nuestro presente sonoro para darnos cuenta de su fugacidad, pero sobre todo su aleatoriedad.

En la primera de sus conversaciones con Daniel Charles, publicadas originalmente en francés con el título Pour les oiseaux (Para los pájaros), Cage hizo una declaración que valdría para definir 4’33’’ y otras obras como 0’00” desde una perspectiva amplia, como proyecto personal del artista, un atisbo a la búsqueda que emprendió del absoluto como uno de los rostros de la transformación.

Sí, debemos dejar de ser inflexibles frente al cambio. Tal es mi experiencia: me basta escuchar los sonidos que me rodean. Cambian. Si en cualquier sitio donde me encuentro escucho esos sonidos y si entre ellos surge uno que no me gusta o no me conviene si se trata de un sonido del que yo hubiese preferido que no existiera, que no sobreviviera, ese concepto de preferencia, como puede usted verlo, es en cierto modo ilícito, porque la verdad es que el sonido surgió.

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