El día a día en las grandes ciudades está lleno de movimiento y velocidad: ir de un lado a otro, todo el tiempo mirando el celular, lo cual provoca, paradójicamente, que vivamos en un estado de desconexión constante. Pero incluso las metrópolis más concurridas cuentan con algún pequeño parque o un jardín en el cual podemos descansar los ojos y recuperar algo de conexión con nuestro ser más natural.

Esta intuición, que puede parecer obvia para algunos y cursi para otros, ahora cuenta con un creciente corpus de evidencia empírica gracias a una investigación del “Happy Team”, del departamento de psicología de la University of British Columbia, en Canadá. Dirigido por la estudiante Holli-Anne Passmore, su misión es medir el impacto emocional de las personas en su día a día, y contribuir a su bienestar.

En su último experimento, publicado en la Journal of Positive Psychology, el Happy Team trabajó con un grupo de 395 participantes, a quienes se les dio una sencilla misión: tomarse un momento del día, a lo largo de dos semanas, para apreciar la naturaleza circundante. Esto incluye todo aquello que no fuera fabricado por el hombre, como una flor en medio de la acera, las aves, la lluvia o un atardecer. A su vez, otro grupo debía tomar nota de su propio estado de ánimo al interactuar con objetos hechos por el hombre. Un tercer grupo de control no llevo nota alguna.

Passmore explica que “no se trataba de pasar tiempo en exteriores o salir a largas caminatas en la naturaleza. Se trata del árbol en la parada del autobús en medio de la ciudad, y del efecto positivo que un árbol puede tener en las personas”.

La participación de los involucrados sorprendió al propio equipo, pues a través de las 2,500 imágenes y descripciones recabadas durante el estudio, documentaron que el bienestar emocional percibido en el grupo estimuló la orientación prosocial, así como la voluntad de compartir los recursos naturales, valorándolos con nuevos ojos, a diferencia de aquellos que documentaron sus interacciones con objetos producidos industrialmente.

Este estudio es sólo uno de varios proyectos que el Happy Team estará desarrollando para crear conciencia del impacto que tiene el contacto con la naturaleza, especialmente en entornos urbanos, para contribuir al bienestar de los habitantes de las ciudades.

 

 

 

Image: Trevor Pritchard – Wikimedia Commons

El día a día en las grandes ciudades está lleno de movimiento y velocidad: ir de un lado a otro, todo el tiempo mirando el celular, lo cual provoca, paradójicamente, que vivamos en un estado de desconexión constante. Pero incluso las metrópolis más concurridas cuentan con algún pequeño parque o un jardín en el cual podemos descansar los ojos y recuperar algo de conexión con nuestro ser más natural.

Esta intuición, que puede parecer obvia para algunos y cursi para otros, ahora cuenta con un creciente corpus de evidencia empírica gracias a una investigación del “Happy Team”, del departamento de psicología de la University of British Columbia, en Canadá. Dirigido por la estudiante Holli-Anne Passmore, su misión es medir el impacto emocional de las personas en su día a día, y contribuir a su bienestar.

En su último experimento, publicado en la Journal of Positive Psychology, el Happy Team trabajó con un grupo de 395 participantes, a quienes se les dio una sencilla misión: tomarse un momento del día, a lo largo de dos semanas, para apreciar la naturaleza circundante. Esto incluye todo aquello que no fuera fabricado por el hombre, como una flor en medio de la acera, las aves, la lluvia o un atardecer. A su vez, otro grupo debía tomar nota de su propio estado de ánimo al interactuar con objetos hechos por el hombre. Un tercer grupo de control no llevo nota alguna.

Passmore explica que “no se trataba de pasar tiempo en exteriores o salir a largas caminatas en la naturaleza. Se trata del árbol en la parada del autobús en medio de la ciudad, y del efecto positivo que un árbol puede tener en las personas”.

La participación de los involucrados sorprendió al propio equipo, pues a través de las 2,500 imágenes y descripciones recabadas durante el estudio, documentaron que el bienestar emocional percibido en el grupo estimuló la orientación prosocial, así como la voluntad de compartir los recursos naturales, valorándolos con nuevos ojos, a diferencia de aquellos que documentaron sus interacciones con objetos producidos industrialmente.

Este estudio es sólo uno de varios proyectos que el Happy Team estará desarrollando para crear conciencia del impacto que tiene el contacto con la naturaleza, especialmente en entornos urbanos, para contribuir al bienestar de los habitantes de las ciudades.

 

 

 

Image: Trevor Pritchard – Wikimedia Commons