Las diferentes culturas y mitologías del mundo hacen referencia a los aspectos oscuros y marginales de la psique humana con distintos nombres: el daimon griego puede ser simplemente un espíritu, una voz que aconseja, mientras que el Satanás hebreo encarna la revuelta contenida en toda ley. Desde un punto de vista no teológico sino psicológico (esto es, en relación con nuestras emociones), los ángeles y demonios pueden traducirse en aliados y enemigos emocionales y/o energéticos que promueven o limitan nuestras facultades. Hacernos conscientes sobre los pasajeros que llevamos en nuestra conciencia puede ayudarnos a relacionarnos de manera más sana y plena con nosotros mismos, así como a ver el punto ciego a través del cual se manifiestan el miedo, la desidia, la depresión e incluso las adicciones, que pueden ser vistas y tratadas como demonios.

Un método para hacer esto es la mezcla de terapéutica, meditación y mitología que realiza Lama Tsultrim Allione, fundadora del centro de retiro Tara Mandala en Colorado, Estados Unidos, y autora del libro Feeding Your Demons, a partir de principios de meditación chöd. Un proverbio de la tradición sufí afirma: “Si un demonio te visita mientras meditas, pon a ese demonio a meditar”. En un espíritu similar, Allione ha ideado un método para reconocer esas incómodas fuentes de bloqueo y dolor que llevamos dentro, las cuales, sin embargo, pueden enseñarnos mucho de nosotros.

 

Defínelo

El primer paso es localizar al demonio en nuestro propio cuerpo. Al igual que en cualquier tipo de meditación oriental, lo más importante es cultivar un sentido de propósito y motivación para la práctica: éste puede ser trabajar un bloqueo creativo, un problema laboral o de pareja, o bien un trauma sufrido por el practicante. En la postura de meditación que más se acomode a ti deberás sentir tu cuerpo y preguntar: “¿En qué parte de mi cuerpo se encuentra alojado este demonio? ¿Qué forma tiene?”. A partir de ahí busca sentir su color, su textura, cualquier indicio que te dicte tu imaginación, dejándote llevar por la sensación (esto puede ser desagradable en ocasiones, porque justamente se trata de “alimentar” esa emoción negativa hasta el punto en que la sientas vivamente en tu cuerpo).

 

Personifícalo

Lo siguiente es personificar al demonio: imagínalo saliendo de tu cuerpo y tomando una forma corporal propia; trata de imaginarlo hasta sus últimos detalles, su rostro (si es que lo tiene), su mirada, su género, su ropa, su estado emocional, en fin. Después debes preguntarle lo siguiente: “¿Qué es lo que quieres? ¿Qué necesitas realmente? ¿Cómo te sentirás cuando obtengas lo que realmente necesitas?”.

Mientras mantienes los ojos cerrados, trata de cambiar de lugar con el demonio: imagínate en su lugar, sintiendo lo que ese demonio siente, y obsérvate desde su perspectiva. Responde las preguntas anteriores usando la voz y las emociones que ese demonio despierta: “Lo que quiero es… Lo que realmente necesito es… Cuando obtenga lo que realmente necesito me sentiré…”.

 

Alíate con él 

Por último, hay que tratar de convertir a ese demonio en un aliado. Vuelve a tu cuerpo y observa al demonio que tienes enfrente, disolviendo tu propio cuerpo en “néctar”. Al igual que el néctar de las flores, el néctar en el que te convertirás tiene la cualidad de ser el alimento y la emoción de lo que el demonio realmente necesita. Imagina que el demonio se alimenta de ese néctar y se nutre, hasta que quede completamente satisfecho. A través de este proceso, nota cómo se va transformando el demonio al ingerir aquello que necesitaba. Una vez que está satisfecho, es posible que sientas un cambio de presencia en el demonio; si es así, pregunta: “¿Tú eres el aliado?”. Si no ha aparecido todavía, invita al aliado a que aparezca frente a ti.

Con el aliado hay que hacer el mismo juego de preguntas que con el demonio, previa conexión emocional: “¿Cómo me ayudarás? ¿Cómo vas a protegerme? ¿Qué promesa vas a hacerme? ¿Cómo puedo llegar a ti?”.

Cambia de lugares con el aliado y responde las preguntas utilizando su voz y gestos, al igual que hiciste con el demonio anteriormente. Ahora imagina que el aliado se disuelve en una luz dentro de ti, notando el color, la temperatura, y cómo la luminosidad entra en cada célula de tu cuerpo. Una vez hecho esto, déjate disolver en esa sensación y descansa en la nueva y renovada conciencia del gran trabajo que acabas de hacer.

Darle cuerpo, voz y forma a nuestros estados mentales y emocionales es un camino terapéutico que utiliza la imaginación y nos sirve para inspirarnos y hacer frente al día a día con nuevas energías.

 

*Imagen: Leonora in the Morning Light (1940),  Max Ernst / Creative Commons

Las diferentes culturas y mitologías del mundo hacen referencia a los aspectos oscuros y marginales de la psique humana con distintos nombres: el daimon griego puede ser simplemente un espíritu, una voz que aconseja, mientras que el Satanás hebreo encarna la revuelta contenida en toda ley. Desde un punto de vista no teológico sino psicológico (esto es, en relación con nuestras emociones), los ángeles y demonios pueden traducirse en aliados y enemigos emocionales y/o energéticos que promueven o limitan nuestras facultades. Hacernos conscientes sobre los pasajeros que llevamos en nuestra conciencia puede ayudarnos a relacionarnos de manera más sana y plena con nosotros mismos, así como a ver el punto ciego a través del cual se manifiestan el miedo, la desidia, la depresión e incluso las adicciones, que pueden ser vistas y tratadas como demonios.

Un método para hacer esto es la mezcla de terapéutica, meditación y mitología que realiza Lama Tsultrim Allione, fundadora del centro de retiro Tara Mandala en Colorado, Estados Unidos, y autora del libro Feeding Your Demons, a partir de principios de meditación chöd. Un proverbio de la tradición sufí afirma: “Si un demonio te visita mientras meditas, pon a ese demonio a meditar”. En un espíritu similar, Allione ha ideado un método para reconocer esas incómodas fuentes de bloqueo y dolor que llevamos dentro, las cuales, sin embargo, pueden enseñarnos mucho de nosotros.

 

Defínelo

El primer paso es localizar al demonio en nuestro propio cuerpo. Al igual que en cualquier tipo de meditación oriental, lo más importante es cultivar un sentido de propósito y motivación para la práctica: éste puede ser trabajar un bloqueo creativo, un problema laboral o de pareja, o bien un trauma sufrido por el practicante. En la postura de meditación que más se acomode a ti deberás sentir tu cuerpo y preguntar: “¿En qué parte de mi cuerpo se encuentra alojado este demonio? ¿Qué forma tiene?”. A partir de ahí busca sentir su color, su textura, cualquier indicio que te dicte tu imaginación, dejándote llevar por la sensación (esto puede ser desagradable en ocasiones, porque justamente se trata de “alimentar” esa emoción negativa hasta el punto en que la sientas vivamente en tu cuerpo).

 

Personifícalo

Lo siguiente es personificar al demonio: imagínalo saliendo de tu cuerpo y tomando una forma corporal propia; trata de imaginarlo hasta sus últimos detalles, su rostro (si es que lo tiene), su mirada, su género, su ropa, su estado emocional, en fin. Después debes preguntarle lo siguiente: “¿Qué es lo que quieres? ¿Qué necesitas realmente? ¿Cómo te sentirás cuando obtengas lo que realmente necesitas?”.

Mientras mantienes los ojos cerrados, trata de cambiar de lugar con el demonio: imagínate en su lugar, sintiendo lo que ese demonio siente, y obsérvate desde su perspectiva. Responde las preguntas anteriores usando la voz y las emociones que ese demonio despierta: “Lo que quiero es… Lo que realmente necesito es… Cuando obtenga lo que realmente necesito me sentiré…”.

 

Alíate con él 

Por último, hay que tratar de convertir a ese demonio en un aliado. Vuelve a tu cuerpo y observa al demonio que tienes enfrente, disolviendo tu propio cuerpo en “néctar”. Al igual que el néctar de las flores, el néctar en el que te convertirás tiene la cualidad de ser el alimento y la emoción de lo que el demonio realmente necesita. Imagina que el demonio se alimenta de ese néctar y se nutre, hasta que quede completamente satisfecho. A través de este proceso, nota cómo se va transformando el demonio al ingerir aquello que necesitaba. Una vez que está satisfecho, es posible que sientas un cambio de presencia en el demonio; si es así, pregunta: “¿Tú eres el aliado?”. Si no ha aparecido todavía, invita al aliado a que aparezca frente a ti.

Con el aliado hay que hacer el mismo juego de preguntas que con el demonio, previa conexión emocional: “¿Cómo me ayudarás? ¿Cómo vas a protegerme? ¿Qué promesa vas a hacerme? ¿Cómo puedo llegar a ti?”.

Cambia de lugares con el aliado y responde las preguntas utilizando su voz y gestos, al igual que hiciste con el demonio anteriormente. Ahora imagina que el aliado se disuelve en una luz dentro de ti, notando el color, la temperatura, y cómo la luminosidad entra en cada célula de tu cuerpo. Una vez hecho esto, déjate disolver en esa sensación y descansa en la nueva y renovada conciencia del gran trabajo que acabas de hacer.

Darle cuerpo, voz y forma a nuestros estados mentales y emocionales es un camino terapéutico que utiliza la imaginación y nos sirve para inspirarnos y hacer frente al día a día con nuevas energías.

 

*Imagen: Leonora in the Morning Light (1940),  Max Ernst / Creative Commons