W. H. Auden fue un poeta y dramaturgo inglés que, entre otras cosas, trató de salvar el lenguaje del olvido y la decadencia. En su trabajo logró un ritmo que evoca los patrones universales de la existencia humana, como si al leerlo nuestro cuerpo se alineara en un fluir marino, antiguo. Su fascinación con técnicas prosódicas hizo que la poesía, la música y los jardines tuvieran mucho de lo mismo.

En alguna de sus ensoñaciones analíticas, Auden soñó con un perfecto colegio para poetas, y en 1962, en su ensayo “El poeta y la ciudad”, escribió:

En mi Universidad para poetas, el currículum sería como sigue:

1. Se aprendería al menos una lengua antigua adicional, probablemente el griego o el hebreo, y dos idiomas modernos.

2. Aprenderían de memoria miles de versos de poemas en esos idiomas.

3. La biblioteca no tendría libros de crítica literaria, y el único ejercicio crítico exigido a los estudiantes sería escribir parodias.

4. Todos los alumnos cursarían prosodia, retórica y filología comparada, y tendrían que elegir tres de las siguientes materias: matemáticas, historia natural, geología, meteorología, arqueología, mitología, liturgia y cocina.

5. Cada alumno se ocuparía de criar un animal doméstico y cultivar un jardín o una huerta.

Y agregó:

Un poeta no sólo tiene que educarse a sí mismo como poeta, también tiene que considerar cómo se va a ganar la vida, debería tener un trabajo que no involucre la manipulación de palabras. […] lo mejor que podría hacer es un oficio manual.

Aunque el oficio de ser poeta sea ya considerado como obsoleto o poco serio, baste ver la vida que el propio Auden llevó con honra y belleza, y la capacidad que obtuvo, mediante algunos de los puntos mencionados en su lista (además de colaborar con Stravinski para escribir música) para comunicarse ordenadamente con los fantasmas del lenguaje y compartirlos con el mundo.

W. H. Auden fue un poeta y dramaturgo inglés que, entre otras cosas, trató de salvar el lenguaje del olvido y la decadencia. En su trabajo logró un ritmo que evoca los patrones universales de la existencia humana, como si al leerlo nuestro cuerpo se alineara en un fluir marino, antiguo. Su fascinación con técnicas prosódicas hizo que la poesía, la música y los jardines tuvieran mucho de lo mismo.

En alguna de sus ensoñaciones analíticas, Auden soñó con un perfecto colegio para poetas, y en 1962, en su ensayo “El poeta y la ciudad”, escribió:

En mi Universidad para poetas, el currículum sería como sigue:

1. Se aprendería al menos una lengua antigua adicional, probablemente el griego o el hebreo, y dos idiomas modernos.

2. Aprenderían de memoria miles de versos de poemas en esos idiomas.

3. La biblioteca no tendría libros de crítica literaria, y el único ejercicio crítico exigido a los estudiantes sería escribir parodias.

4. Todos los alumnos cursarían prosodia, retórica y filología comparada, y tendrían que elegir tres de las siguientes materias: matemáticas, historia natural, geología, meteorología, arqueología, mitología, liturgia y cocina.

5. Cada alumno se ocuparía de criar un animal doméstico y cultivar un jardín o una huerta.

Y agregó:

Un poeta no sólo tiene que educarse a sí mismo como poeta, también tiene que considerar cómo se va a ganar la vida, debería tener un trabajo que no involucre la manipulación de palabras. […] lo mejor que podría hacer es un oficio manual.

Aunque el oficio de ser poeta sea ya considerado como obsoleto o poco serio, baste ver la vida que el propio Auden llevó con honra y belleza, y la capacidad que obtuvo, mediante algunos de los puntos mencionados en su lista (además de colaborar con Stravinski para escribir música) para comunicarse ordenadamente con los fantasmas del lenguaje y compartirlos con el mundo.

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