La lectura tiene ahora a un peculiar aliado en Argentina. Se trata del imponente libromóvil que recorre las calles repartiendo libros a todo aquel que se acerque. El bélico vehículo se ha autoimpuesto una misión: combatir la ignorancia y ampliar los horizontes a través de una herramienta infalible, el libro.

El protagonista de esta cruzada es Raúl Lemesoff, quien tras adquirir un Ford Falcon modelo 79 dedicó años a intervenirlo hasta transformarlo en una especie de tanqueta militar, que ahora se aboca a sembrar libros a su paso. Sobra decir que este personaje llama la atención del entorno, y es que el oxímoron andante que emerge de un vehículo “militar” y la generosidad literaria que irradia, hacen de esta Arma de Instrucción Masiva un simpático y efectivo promotor de la lectura.

Aunque es una premisa evidente desde tiempos inmemorables, con el desarrollo de las neurociencias se ha confirmado que la lectura tiene para nosotros un sinfín de beneficios, no solo a nivel cultural sino también en un plano neuronal y cognitivo. Pero en el caso de este proyecto, además nos recuerda que el cuerpo literario es, en esencia, un capital social, y que como tal debiese estar a plena disposición de todo aquel que tenga el interés de sumergirse en él.

Además de regalar libros, también recibe ejemplares para redistribuirlos. Por cierto, la quijotesca travesía de Lemesoff y su Arma de Instrucción Masiva por ciudades y pueblos de Argentina es documentada en la página de Facebook del proyecto (que puedes visitar aquí).

La lectura tiene ahora a un peculiar aliado en Argentina. Se trata del imponente libromóvil que recorre las calles repartiendo libros a todo aquel que se acerque. El bélico vehículo se ha autoimpuesto una misión: combatir la ignorancia y ampliar los horizontes a través de una herramienta infalible, el libro.

El protagonista de esta cruzada es Raúl Lemesoff, quien tras adquirir un Ford Falcon modelo 79 dedicó años a intervenirlo hasta transformarlo en una especie de tanqueta militar, que ahora se aboca a sembrar libros a su paso. Sobra decir que este personaje llama la atención del entorno, y es que el oxímoron andante que emerge de un vehículo “militar” y la generosidad literaria que irradia, hacen de esta Arma de Instrucción Masiva un simpático y efectivo promotor de la lectura.

Aunque es una premisa evidente desde tiempos inmemorables, con el desarrollo de las neurociencias se ha confirmado que la lectura tiene para nosotros un sinfín de beneficios, no solo a nivel cultural sino también en un plano neuronal y cognitivo. Pero en el caso de este proyecto, además nos recuerda que el cuerpo literario es, en esencia, un capital social, y que como tal debiese estar a plena disposición de todo aquel que tenga el interés de sumergirse en él.

Además de regalar libros, también recibe ejemplares para redistribuirlos. Por cierto, la quijotesca travesía de Lemesoff y su Arma de Instrucción Masiva por ciudades y pueblos de Argentina es documentada en la página de Facebook del proyecto (que puedes visitar aquí).

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