Ávalon o Insula Avallonis, legendaria isla de la mitología celta, es el lugar donde según algunas fuentes se forjó Excálibur, la famosa espada del rey Arturo. Es también el lugar a donde el mítico rey fue llevado, herido fatalmente, para encontrar la muerte. En pocas palabras, Ávalon es un paraíso utópico donde las leyendas de los caballeros ingleses y la plenitud política se unen en un reino pedido en los velos del tiempo.

Allí moraba la hermosa bruja Morgana —para algunos media hermana del rey Arturo– y donde, según las leyendas, los árboles daban manzanas todo el año. La primera mención de este lugar aparece en el libro Historia Regum Britanniae (1136) de Geoffrey de Monmouth. Se cree que su nombre quiere decir “la isla de las manzanas”, pues en bretón aval da nombre a dicha fruta; la isla de Ávalon también ha sido llamada Ynys Witrin, que significa “isla de cristal”, un nombre que hace una abierta referencia a la cualidad mística y pura del lugar.

Como todo paraíso mitológico, este sitio ha sido buscado por los rincones del planeta. Algunos estudiosos dicen haberla encontrado en Glastonbury, un pueblo localizado en el condado de Somerset en el Reino Unido, donde antes de que la llanura fuera dragada existía una colina en medio de los pantanos llamada Glastonbury Tor. Cuenta la leyenda que en el siglo XII, el rey Enrique II de Inglaterra mandó una expedición a este lugar, que resultó en el hallazgo del ataúd del rey Arturo, llevado posteriormente a la abadía de Glastonbury.

Pero existen muchos pueblos en Inglaterra en los que se dice que se encontraba la mítica Ávalon: Burgh-by-Sands —cerca de la Muralla de Adriano— y Castlesteads, ambas en la región inglesa de Cumbria, son dos ejemplos. Algunos sostienen que estaba al noroeste de Francia, en una isla llamada Ile Aval. Finalmente, el poeta Robert Graves, en su libro The Golden Fleece, plantea que Ávalon se encuentra en la isla de Mallorca, al sur de España. Algunos expertos creen que existe una equivalencia entre Ávalon y Helheim, el reino de los muertos en la mitología escandinava. Todos, a fin de cuentas, quieren contar a Ávalon como parte de sus tierras.

El fascinante mito dice que después de la batalla de Camlann, en la que tras un enfrentamiento con Mordred Arturo es herido de muerte, el monarca es llevado a Ávalon en una barca por las nueve reinas de las hadas —Morgana, Moronoe, Mazoe, Gliten, Glitonea, Gliton, Tyronoe, Thiten y Thiton—. Ahí, ellas lo tienden en una cama dorada, lecho donde según muchas fuentes Morgana vela su cadáver hasta el día de hoy. Varios registros también sostienen que Arturo no murió y que habría de volver para guiar y proteger a su gente.

Según Monmouth en Vita Merlini (libro por lo demás estupendo), para llegar a Ávalon es necesario hacer un viaje por mar. El historiador sostiene que en esta isla la naturaleza producía granos, manzanas y uvas por sí misma, sin necesidad de sembrar, arar o cultivar. También asegura que quien habita en Ávalon es capaz de vivir más de 100 años.

Ávalon es, desde hace siglos, un lugar mítico que simboliza la pureza, la abundancia y la magia, de ahí el intenso eco que ha tenido en la cultura occidental durante muchísimos años. Es una utopía terrestre y, al mismo tiempo, un punto de referencia político de una era en la que los mandatarios y sus caballeros eran valientes, honestos y virtuosos, un puente armónico entre lo terreno y lo celestial, entre lo que es y lo que a algunos nos gustaría que fuera. Allí están los valores intactos (esos que hemos corrompido hasta el desmantelamiento), y allí están las nueve hadas que velan al azulísimo rey Arturo y su paraíso de manzanas.

Ávalon o Insula Avallonis, legendaria isla de la mitología celta, es el lugar donde según algunas fuentes se forjó Excálibur, la famosa espada del rey Arturo. Es también el lugar a donde el mítico rey fue llevado, herido fatalmente, para encontrar la muerte. En pocas palabras, Ávalon es un paraíso utópico donde las leyendas de los caballeros ingleses y la plenitud política se unen en un reino pedido en los velos del tiempo.

Allí moraba la hermosa bruja Morgana —para algunos media hermana del rey Arturo– y donde, según las leyendas, los árboles daban manzanas todo el año. La primera mención de este lugar aparece en el libro Historia Regum Britanniae (1136) de Geoffrey de Monmouth. Se cree que su nombre quiere decir “la isla de las manzanas”, pues en bretón aval da nombre a dicha fruta; la isla de Ávalon también ha sido llamada Ynys Witrin, que significa “isla de cristal”, un nombre que hace una abierta referencia a la cualidad mística y pura del lugar.

Como todo paraíso mitológico, este sitio ha sido buscado por los rincones del planeta. Algunos estudiosos dicen haberla encontrado en Glastonbury, un pueblo localizado en el condado de Somerset en el Reino Unido, donde antes de que la llanura fuera dragada existía una colina en medio de los pantanos llamada Glastonbury Tor. Cuenta la leyenda que en el siglo XII, el rey Enrique II de Inglaterra mandó una expedición a este lugar, que resultó en el hallazgo del ataúd del rey Arturo, llevado posteriormente a la abadía de Glastonbury.

Pero existen muchos pueblos en Inglaterra en los que se dice que se encontraba la mítica Ávalon: Burgh-by-Sands —cerca de la Muralla de Adriano— y Castlesteads, ambas en la región inglesa de Cumbria, son dos ejemplos. Algunos sostienen que estaba al noroeste de Francia, en una isla llamada Ile Aval. Finalmente, el poeta Robert Graves, en su libro The Golden Fleece, plantea que Ávalon se encuentra en la isla de Mallorca, al sur de España. Algunos expertos creen que existe una equivalencia entre Ávalon y Helheim, el reino de los muertos en la mitología escandinava. Todos, a fin de cuentas, quieren contar a Ávalon como parte de sus tierras.

El fascinante mito dice que después de la batalla de Camlann, en la que tras un enfrentamiento con Mordred Arturo es herido de muerte, el monarca es llevado a Ávalon en una barca por las nueve reinas de las hadas —Morgana, Moronoe, Mazoe, Gliten, Glitonea, Gliton, Tyronoe, Thiten y Thiton—. Ahí, ellas lo tienden en una cama dorada, lecho donde según muchas fuentes Morgana vela su cadáver hasta el día de hoy. Varios registros también sostienen que Arturo no murió y que habría de volver para guiar y proteger a su gente.

Según Monmouth en Vita Merlini (libro por lo demás estupendo), para llegar a Ávalon es necesario hacer un viaje por mar. El historiador sostiene que en esta isla la naturaleza producía granos, manzanas y uvas por sí misma, sin necesidad de sembrar, arar o cultivar. También asegura que quien habita en Ávalon es capaz de vivir más de 100 años.

Ávalon es, desde hace siglos, un lugar mítico que simboliza la pureza, la abundancia y la magia, de ahí el intenso eco que ha tenido en la cultura occidental durante muchísimos años. Es una utopía terrestre y, al mismo tiempo, un punto de referencia político de una era en la que los mandatarios y sus caballeros eran valientes, honestos y virtuosos, un puente armónico entre lo terreno y lo celestial, entre lo que es y lo que a algunos nos gustaría que fuera. Allí están los valores intactos (esos que hemos corrompido hasta el desmantelamiento), y allí están las nueve hadas que velan al azulísimo rey Arturo y su paraíso de manzanas.

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