El poeta irlandés William Yeats fue una de las figuras más representativas de la literatura del siglo XX. Su obra es una afortunada reunión de elementos tanto nacionalistas como históricos y mitológicos que, como dijo Auden, son algunos de los poemas “más bellos de los tiempos modernos”.

Pero Yeats también tuvo un interés especial en el ocultismo y el espiritismo. En 1890 se unió al Golden Dawn, una sociedad secreta que practicaba la magia ritual y ofrecía instrucción e iniciación en una serie de 10 niveles, de los cuales los últimos tres eran inalcanzables excepto por los magi (que se pensaba que poseían secretos de sabiduría supernatural y disfrutaban de vidas extendidas mágicamente). Yeats quedó fascinado con la posibilidad de convertirse en un magus y se convenció de que la mente era capaz de percibir más allá de los límites del racionalismo materialista.

Él y su esposa, Georgiana Hyde-Lees, quien también se unió a la sociedad, crearon la obra maestra esotérica llamada A Vision (1925, revisada substancialmente en 1937). En ella se reúnen los resultados escritos de un experimento extenso de “escritura automática”, donde la mano y la pluma supuestamente servían como instrumentos inconscientes para que el mundo de los espíritus mandara información. Yeats y Georgiana produjeron casi 4,000 páginas que él estudió y organizó cuidadosamente. De este experimento surgió todo un sistema intrincado de simbolismo con componentes geométricos, astrológicos, psicológicos, metafísicos e históricos; un modelo del universo entero.

Este artículo no pretende dar definiciones completas del sistema, sino acaso esbozar un pequeño mapa de algunos símbolos que Yeats desarrolló en su extenso tratado, y dar un panorama microscópico de la belleza y el misticismo que se encuentran contenidos en A Vision. Mediante el escaso entendimiento de este sistema cíclico se puedan develar algunas de las referencias simbólicas que subyacen a su poética tardía.

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Yeats sostenía que existían ciertos patrones que él llamó gyres (corrientes circulares): conos traslapados que representan la mezcla de opuestos de una naturaleza personal y una histórica. Uno de los conos representa la Concordia, o unidad; el otro la Discordia, o el deseo. En su simbolismo, el cono de la discordia (el cual también llama “tintura antitética”) es nuestra parte imaginativa, la que se empeña, la que separa a un hombre del otro (se puede entender en términos de subjetividad o de belleza). El cono de la concordia (también llamado “tintura primaria”) es nuestra parte desapegada, intelectual, que nos regresa a la masa a la que pertenecemos (se puede entender en términos de objetividad o de verdad). Esto es, necesitamos sobriedad y desapego para percibir realmente la naturaleza del universo. “La tintura antitética”, apuntó Yeats en A Vision, “es emocional y estética mientras que la tintura primaria es razonable y moral”. Es difícil lidiar con las tinturas por separado, ya que están constantemente definidas mediante su relación con la otra, sin embargo, debido a que la antitética es la base de la vida y la humanidad (en oposición a la vida después de la vida y el conocimiento espiritual), Yeats casi invariablemente toma la antitética como el caso típico o el centro de su interés, y la primaria, a pesar de su nombre, es forzada a un papel secundario.

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El brillante irlandés sugería que los gyres eran iniciados por el embarazo divino de una mujer mortal: primero, la violación de Leda (madre de Helena de Troya) por Zeus, después, la inmaculada concepción de María (madre de Jesús). Yeats encontró un patrón en que en cada era de dos mil años ocurrían momentos emblemáticos en los puntos medios (las mitades de mil años). En estos momentos de equilibrio, el creía, una civilización llegaba a la excelencia, y citó como ejemplos el esplendor de Atenas en el 500 a. C., Bizancio el 500 A.D. y el Renacimiento italiano en el 1500 A.D.

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Después vinculó estos ciclos históricos al ciclo lunar de 28 días, y sostuvo que la existencia física crece continuamente hasta que alcanza su máximo en la luna llena (fase 15), la cual describía como la belleza perfecta. En lo que resta del ciclo, la existencia física disminuye gradualmente hasta que desaparece por completo en luna nueva, que describía como la verdad perfecta, en la cual el ciclo comienza de nuevo. Luego elaboró este esquema al asignar fases particulares para tipos específicos de personalidad; así, aunque cada persona pasa de la fase 2 a la 14 y de la 16 a la 28 a lo largo de su vida, una fase proporciona una caracterización general de la vida entera del individuo. La mayoría de los patrones simbólicos (gyres, fases lunares) son parte importante de los poemas y obras que escribió en la segunda mitad de su carrera.

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El poeta irlandés William Yeats fue una de las figuras más representativas de la literatura del siglo XX. Su obra es una afortunada reunión de elementos tanto nacionalistas como históricos y mitológicos que, como dijo Auden, son algunos de los poemas “más bellos de los tiempos modernos”.

Pero Yeats también tuvo un interés especial en el ocultismo y el espiritismo. En 1890 se unió al Golden Dawn, una sociedad secreta que practicaba la magia ritual y ofrecía instrucción e iniciación en una serie de 10 niveles, de los cuales los últimos tres eran inalcanzables excepto por los magi (que se pensaba que poseían secretos de sabiduría supernatural y disfrutaban de vidas extendidas mágicamente). Yeats quedó fascinado con la posibilidad de convertirse en un magus y se convenció de que la mente era capaz de percibir más allá de los límites del racionalismo materialista.

Él y su esposa, Georgiana Hyde-Lees, quien también se unió a la sociedad, crearon la obra maestra esotérica llamada A Vision (1925, revisada substancialmente en 1937). En ella se reúnen los resultados escritos de un experimento extenso de “escritura automática”, donde la mano y la pluma supuestamente servían como instrumentos inconscientes para que el mundo de los espíritus mandara información. Yeats y Georgiana produjeron casi 4,000 páginas que él estudió y organizó cuidadosamente. De este experimento surgió todo un sistema intrincado de simbolismo con componentes geométricos, astrológicos, psicológicos, metafísicos e históricos; un modelo del universo entero.

Este artículo no pretende dar definiciones completas del sistema, sino acaso esbozar un pequeño mapa de algunos símbolos que Yeats desarrolló en su extenso tratado, y dar un panorama microscópico de la belleza y el misticismo que se encuentran contenidos en A Vision. Mediante el escaso entendimiento de este sistema cíclico se puedan develar algunas de las referencias simbólicas que subyacen a su poética tardía.

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Yeats sostenía que existían ciertos patrones que él llamó gyres (corrientes circulares): conos traslapados que representan la mezcla de opuestos de una naturaleza personal y una histórica. Uno de los conos representa la Concordia, o unidad; el otro la Discordia, o el deseo. En su simbolismo, el cono de la discordia (el cual también llama “tintura antitética”) es nuestra parte imaginativa, la que se empeña, la que separa a un hombre del otro (se puede entender en términos de subjetividad o de belleza). El cono de la concordia (también llamado “tintura primaria”) es nuestra parte desapegada, intelectual, que nos regresa a la masa a la que pertenecemos (se puede entender en términos de objetividad o de verdad). Esto es, necesitamos sobriedad y desapego para percibir realmente la naturaleza del universo. “La tintura antitética”, apuntó Yeats en A Vision, “es emocional y estética mientras que la tintura primaria es razonable y moral”. Es difícil lidiar con las tinturas por separado, ya que están constantemente definidas mediante su relación con la otra, sin embargo, debido a que la antitética es la base de la vida y la humanidad (en oposición a la vida después de la vida y el conocimiento espiritual), Yeats casi invariablemente toma la antitética como el caso típico o el centro de su interés, y la primaria, a pesar de su nombre, es forzada a un papel secundario.

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El brillante irlandés sugería que los gyres eran iniciados por el embarazo divino de una mujer mortal: primero, la violación de Leda (madre de Helena de Troya) por Zeus, después, la inmaculada concepción de María (madre de Jesús). Yeats encontró un patrón en que en cada era de dos mil años ocurrían momentos emblemáticos en los puntos medios (las mitades de mil años). En estos momentos de equilibrio, el creía, una civilización llegaba a la excelencia, y citó como ejemplos el esplendor de Atenas en el 500 a. C., Bizancio el 500 A.D. y el Renacimiento italiano en el 1500 A.D.

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Después vinculó estos ciclos históricos al ciclo lunar de 28 días, y sostuvo que la existencia física crece continuamente hasta que alcanza su máximo en la luna llena (fase 15), la cual describía como la belleza perfecta. En lo que resta del ciclo, la existencia física disminuye gradualmente hasta que desaparece por completo en luna nueva, que describía como la verdad perfecta, en la cual el ciclo comienza de nuevo. Luego elaboró este esquema al asignar fases particulares para tipos específicos de personalidad; así, aunque cada persona pasa de la fase 2 a la 14 y de la 16 a la 28 a lo largo de su vida, una fase proporciona una caracterización general de la vida entera del individuo. La mayoría de los patrones simbólicos (gyres, fases lunares) son parte importante de los poemas y obras que escribió en la segunda mitad de su carrera.

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