Los fans de Bob Dylan vienen en todas las formas y tamaños. Y mientras la mayoría está girando sus discos constantemente, tratando de desentrañar mensajes en sus canciones, los miembros de una secta especial han hecho de Dylan su pasión y razón de ser. Los “dylanólogos” devoran literatura sobre él, analizan sus letras, comparan su trabajo con los poetas más grandes de todos los tiempos y, sí, escarban en su basura. O al menos uno de ellos, el que acuñó el término, lo hizo por mucho tiempo.

Fue un tal A.J. Weberman, figura marginal de los “yippies”, quien comenzó a hurgar en los basureros de la familia de Dylan y denominó el acto como “Garbology” (“basurología”). Pero no sólo eso, también hizo demostraciones de ello afuera de la que él creía que era la casa del músico (pero al parecer había dejado de serlo meses atrás). En el pequeño filme de John Reilly, The Ballad of A.J. Weberman (1969) podemos atestiguar al híperobsesivo personaje poniendo en práctica este método de investigación.

dylanologists

En algún punto del filme, Weberman asegura haber encontrado una cajita con una jeringa y un algodón dentro de su basura. Después de un tiempo de estar pepenando, una señora que vive en el edificio sale y lo acusa de haber traído su propia basura al lugar, ya que no había nada en los botes antes de que él llegara. Después de discutir unos minutos, Weberman opta por decir la verdad y culpa a su productor, John Reilly, de haber traído utilería al lugar. Así, Weberman falsifica la basura de Dylan frente a la cámara, afuera de una casa que ni siquiera era la de su ídolo.

A.J. Weberman es un personaje infame entre los aficionados de Bob Dylan por ser el acosador a quien Dylan mismo golpeó en 1971 por hostigar a su familia. Sin embargo, mucha de su notoriedad viene de haber conversado largamente con el músico por teléfono y haber grabado estas conversaciones en casete. Estas pláticas eventualmente emergieron en vinil como Bob Dylan vs. A.J. Weberman, y puedes escucharlo entero aquí.

Es muy extraño que alguien tan distante del fanatismo como Bob Dylan le haya dado su teléfono a alguien tan ridículo como Weberman, pero así fue. Weberman enseñaba una clase sobre “dylanología” y publicaba artículos sobre él en diarios underground. En las grabaciones, Dylan no puede creer lo que escucha en el teléfono y lo llama “cerdo” en varias ocasiones.

No obstante su comienzo, en la actualidad la dylanología se ha despojado del estigma Weberman y del fanatismo obsesivo que busca respuestas en la basura. De algunos años para acá ha ganado considerable respeto. Hoy en día es un término que refiere generalmente a cualquier estudio o investigación seria acerca de Bob Dylan. Entre los dylanólogos más conocidos están Olof Bjorner de Suiza, quien “maneja un vasto compendio de información acerca de la historia de las grabaciones de Dylan y sus conciertos”, y Bill Pagel, quien traza los 200 o más conciertos que da Dylan al año. Su sitio ha tenido más de 14 millones de visitas de 166 países y territorios desde que surgió hace 11 años.

Otros dylanólogos como Richard Thomas, profesor de griego y latín en la Universidad de Harvard, por ejemplo, ha descubierto que algunas de las líneas de Dylan fueron tomadas del poeta romano Ovidio. Y esto es sólo un atisbo de lo que esta fascinación puede llegar a producir. Sólo nos hace pensar qué tanto hay ahí escondido que pueda generar tal deseo de descubrimiento y tanta inspiración, o qué tanto una figura pública –y a la vez privada- puede hacer que otros individuos se distraigan tanto de sí mismos.

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Los fans de Bob Dylan vienen en todas las formas y tamaños. Y mientras la mayoría está girando sus discos constantemente, tratando de desentrañar mensajes en sus canciones, los miembros de una secta especial han hecho de Dylan su pasión y razón de ser. Los “dylanólogos” devoran literatura sobre él, analizan sus letras, comparan su trabajo con los poetas más grandes de todos los tiempos y, sí, escarban en su basura. O al menos uno de ellos, el que acuñó el término, lo hizo por mucho tiempo.

Fue un tal A.J. Weberman, figura marginal de los “yippies”, quien comenzó a hurgar en los basureros de la familia de Dylan y denominó el acto como “Garbology” (“basurología”). Pero no sólo eso, también hizo demostraciones de ello afuera de la que él creía que era la casa del músico (pero al parecer había dejado de serlo meses atrás). En el pequeño filme de John Reilly, The Ballad of A.J. Weberman (1969) podemos atestiguar al híperobsesivo personaje poniendo en práctica este método de investigación.

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En algún punto del filme, Weberman asegura haber encontrado una cajita con una jeringa y un algodón dentro de su basura. Después de un tiempo de estar pepenando, una señora que vive en el edificio sale y lo acusa de haber traído su propia basura al lugar, ya que no había nada en los botes antes de que él llegara. Después de discutir unos minutos, Weberman opta por decir la verdad y culpa a su productor, John Reilly, de haber traído utilería al lugar. Así, Weberman falsifica la basura de Dylan frente a la cámara, afuera de una casa que ni siquiera era la de su ídolo.

A.J. Weberman es un personaje infame entre los aficionados de Bob Dylan por ser el acosador a quien Dylan mismo golpeó en 1971 por hostigar a su familia. Sin embargo, mucha de su notoriedad viene de haber conversado largamente con el músico por teléfono y haber grabado estas conversaciones en casete. Estas pláticas eventualmente emergieron en vinil como Bob Dylan vs. A.J. Weberman, y puedes escucharlo entero aquí.

Es muy extraño que alguien tan distante del fanatismo como Bob Dylan le haya dado su teléfono a alguien tan ridículo como Weberman, pero así fue. Weberman enseñaba una clase sobre “dylanología” y publicaba artículos sobre él en diarios underground. En las grabaciones, Dylan no puede creer lo que escucha en el teléfono y lo llama “cerdo” en varias ocasiones.

No obstante su comienzo, en la actualidad la dylanología se ha despojado del estigma Weberman y del fanatismo obsesivo que busca respuestas en la basura. De algunos años para acá ha ganado considerable respeto. Hoy en día es un término que refiere generalmente a cualquier estudio o investigación seria acerca de Bob Dylan. Entre los dylanólogos más conocidos están Olof Bjorner de Suiza, quien “maneja un vasto compendio de información acerca de la historia de las grabaciones de Dylan y sus conciertos”, y Bill Pagel, quien traza los 200 o más conciertos que da Dylan al año. Su sitio ha tenido más de 14 millones de visitas de 166 países y territorios desde que surgió hace 11 años.

Otros dylanólogos como Richard Thomas, profesor de griego y latín en la Universidad de Harvard, por ejemplo, ha descubierto que algunas de las líneas de Dylan fueron tomadas del poeta romano Ovidio. Y esto es sólo un atisbo de lo que esta fascinación puede llegar a producir. Sólo nos hace pensar qué tanto hay ahí escondido que pueda generar tal deseo de descubrimiento y tanta inspiración, o qué tanto una figura pública –y a la vez privada- puede hacer que otros individuos se distraigan tanto de sí mismos.

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