Para hablar de las tierras puras en el budismo tibetano es importante entender lo que es la vida de un ser sensible ordinario. Un ser sensible, de acuerdo a esta filosofía, ha estado dando vueltas desde tiempos sin principio alrededor de seis reinos de existencia. En cada vida nace en alguno de estos reinos con base en lo que haya pensado, dicho y hecho en la vida anterior, es decir, su vida será gobernada por la ley de causa y efecto o karma. Estos seis reinos son:

1) Dioses

2) Dioses celosos

3) Humanos

4) Animales

5) Espíritus hambrientos

6) Reino de los infiernos

Las tierras puras, como Shambala, están fuera de estos seis reinos y pueden ser vistas como algo real o algo metafórico. Una tierra pura es la morada celestial de un buda, un lugar de gozo, un reino extremadamente profundo, espléndido e inconcebible. En ella no hay deseo sensual, no es relativo sino absoluto, trasciende el espacio y el tiempo.  Es, en pocas palabras, el reino del nirvana incondicional y por ello existe en un lugar totalmente fuera de nuestra imaginación.

La forma más fácil de dejar las vidas cíclicas es acceder a una tierra pura al morir, pero nadie puede nacer ahí simplemente por tener mérito o logros meditativos ordinarios. Para nacer en una tierra pura uno tiene que ya haber entrado al sendero hacia la iluminación, haber vencido las emociones perturbadas y la ignorancia, y solo entonces podrá llegar a la iluminación completa estando allí.

Existen incontables tierras puras para todos estos seres realizados, como Tushita, de Buda Maitreya y la Montaña de cobre, o la de Padmasambhava. Pero hay una a la que es un poco más fácil de acceder: Sukhavati, la tierra pura del Buda Amitabha. Él hizo un voto para que todos aquellos que escucharan su nombre, desearan llegar a su reino, hubieran establecido las raíces de virtud y dedicaran su mérito con el deseo de renacer en su tierra pura lo pudieran hacer.

Se dice que, al entrar en la tierra pura de Amitabha, un practicante será instruido por Amitabha y numerosos bodhisatvas hasta que llegue a la completa iluminación.

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Para hablar de las tierras puras en el budismo tibetano es importante entender lo que es la vida de un ser sensible ordinario. Un ser sensible, de acuerdo a esta filosofía, ha estado dando vueltas desde tiempos sin principio alrededor de seis reinos de existencia. En cada vida nace en alguno de estos reinos con base en lo que haya pensado, dicho y hecho en la vida anterior, es decir, su vida será gobernada por la ley de causa y efecto o karma. Estos seis reinos son:

1) Dioses

2) Dioses celosos

3) Humanos

4) Animales

5) Espíritus hambrientos

6) Reino de los infiernos

Las tierras puras, como Shambala, están fuera de estos seis reinos y pueden ser vistas como algo real o algo metafórico. Una tierra pura es la morada celestial de un buda, un lugar de gozo, un reino extremadamente profundo, espléndido e inconcebible. En ella no hay deseo sensual, no es relativo sino absoluto, trasciende el espacio y el tiempo.  Es, en pocas palabras, el reino del nirvana incondicional y por ello existe en un lugar totalmente fuera de nuestra imaginación.

La forma más fácil de dejar las vidas cíclicas es acceder a una tierra pura al morir, pero nadie puede nacer ahí simplemente por tener mérito o logros meditativos ordinarios. Para nacer en una tierra pura uno tiene que ya haber entrado al sendero hacia la iluminación, haber vencido las emociones perturbadas y la ignorancia, y solo entonces podrá llegar a la iluminación completa estando allí.

Existen incontables tierras puras para todos estos seres realizados, como Tushita, de Buda Maitreya y la Montaña de cobre, o la de Padmasambhava. Pero hay una a la que es un poco más fácil de acceder: Sukhavati, la tierra pura del Buda Amitabha. Él hizo un voto para que todos aquellos que escucharan su nombre, desearan llegar a su reino, hubieran establecido las raíces de virtud y dedicaran su mérito con el deseo de renacer en su tierra pura lo pudieran hacer.

Se dice que, al entrar en la tierra pura de Amitabha, un practicante será instruido por Amitabha y numerosos bodhisatvas hasta que llegue a la completa iluminación.

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