To see a World in a Grain of Sand

And a Heaven in a Wild Flower,

Hold Infinity in the palm of your hand

And Eternity in an hour.

William Blake

¿Dónde estamos parados? El suelo bajo nuestros pies, la arena con la que hacemos relojes y castillos, parece ser tan solo una acumulación de minerales, pero es mucho más que eso.

Existe más variedad de playas en el mundo de las que podríamos imaginar. Hay por ejemplo playas como la Glass Beach de California, donde el mar ha pulido cantidades enormes de vidrio de principios de siglo XX, de forma que la arena es hoy en día una colección de cuentas de vidrio multicolores. O la playa de Perran Sands, en Cornwall, donde todos los días aparecen piezas de LEGO que provienen de un barco de carga que fue golpeado por una ola gigante.

La playa de Hyams Beach, en Jervis Bay, Australia, es considerada la más blanca del mundo, pero también existen playas negras, como Punalu’u Beach, en Hawaii, en donde la arena oscura proviene de ceniza volcánica. Hay también playas de colores, como las playas verdes de Noruega y las Galápagos.

En Bermuda, ciertas playas son completamente rosas. La arena aquí está compuesta por las conchas de unos animales diminutos llamados foraminíferos. Estos organismos extraños son unicelulares y hacen sus conchas de compuestos orgánicos, granos de arena o de otras sustancias. Comen algas, bacterias u otros animales, y viven casi siempre en el fondo del mar. Algunos se adhieren a las rocas, pero otros más se mueven lentísimo, a una velocidad de 1cm por hora. Los foraminíferos también viven en una de las playas más bellas del mundo, la playa de Hoshizuna no Hama en Japón, en la isla de Iriomote. Aquí, si uno observa la arena de cerca se dará cuenta de que está hecha de miles de estrellas diminutas. Estas estrellas son en realidad la concha de una especie extraña de foraminíferos llamada Baculogypsina sphaerulata.

Tendemos a pensar que la arena está compuesta de rocas diminutas, deslavadas por el mar, pero está más viva de lo que pensamos. La arena de las playas cuenta la historia del mundo, de los siglos y siglos de olas, tormentas, volcanes y rocas. Y cuenta también una historia viva, la historia de muchísimos seres, de formas y colores fantásticos, que habitan bajo nuestros pies sin que lo sospechemos.

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To see a World in a Grain of Sand

And a Heaven in a Wild Flower,

Hold Infinity in the palm of your hand

And Eternity in an hour.

William Blake

¿Dónde estamos parados? El suelo bajo nuestros pies, la arena con la que hacemos relojes y castillos, parece ser tan solo una acumulación de minerales, pero es mucho más que eso.

Existe más variedad de playas en el mundo de las que podríamos imaginar. Hay por ejemplo playas como la Glass Beach de California, donde el mar ha pulido cantidades enormes de vidrio de principios de siglo XX, de forma que la arena es hoy en día una colección de cuentas de vidrio multicolores. O la playa de Perran Sands, en Cornwall, donde todos los días aparecen piezas de LEGO que provienen de un barco de carga que fue golpeado por una ola gigante.

La playa de Hyams Beach, en Jervis Bay, Australia, es considerada la más blanca del mundo, pero también existen playas negras, como Punalu’u Beach, en Hawaii, en donde la arena oscura proviene de ceniza volcánica. Hay también playas de colores, como las playas verdes de Noruega y las Galápagos.

En Bermuda, ciertas playas son completamente rosas. La arena aquí está compuesta por las conchas de unos animales diminutos llamados foraminíferos. Estos organismos extraños son unicelulares y hacen sus conchas de compuestos orgánicos, granos de arena o de otras sustancias. Comen algas, bacterias u otros animales, y viven casi siempre en el fondo del mar. Algunos se adhieren a las rocas, pero otros más se mueven lentísimo, a una velocidad de 1cm por hora. Los foraminíferos también viven en una de las playas más bellas del mundo, la playa de Hoshizuna no Hama en Japón, en la isla de Iriomote. Aquí, si uno observa la arena de cerca se dará cuenta de que está hecha de miles de estrellas diminutas. Estas estrellas son en realidad la concha de una especie extraña de foraminíferos llamada Baculogypsina sphaerulata.

Tendemos a pensar que la arena está compuesta de rocas diminutas, deslavadas por el mar, pero está más viva de lo que pensamos. La arena de las playas cuenta la historia del mundo, de los siglos y siglos de olas, tormentas, volcanes y rocas. Y cuenta también una historia viva, la historia de muchísimos seres, de formas y colores fantásticos, que habitan bajo nuestros pies sin que lo sospechemos.

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