Volvemos una y otra vez a Brian Eno por ser una fuente infatigable de inspiración: a sus 68 años, el músico, artista y productor no disfruta hablando de sus glorias pasadas, por ejemplo, de cómo fue la colaboración con Roxy Music, David Bowie o U2 (de hecho, estas preguntas pueden hacerlo perder momentáneamente la paciencia que lo caracteriza); Eno se aburre hablando de lo que llama “la historia” y prefiere enfocar sus piezas y sus energías hacia el futuro, como crear un cuarto de hospital para la gente que sufre, o un I-Ching aforístico para desbloquear procesos creativos.

Hace poco, Eno escribió en su Facebook sobre cómo la era Trump debía servirnos para reflexionar acerca de la brecha que divide a los más pobres de los más ricos, y cómo eso distribuye inequitativamente los recursos en un mundo cada vez más globalizado. Ahondando un poco más al respecto en una entrevista, Eno considera que una forma de reflexionar al respecto de la debacle coronada por la presidencia de Trump, el Brexit en Inglaterra y el auge de los movimientos nacionalistas de derecha en Europa es la culminación “de una debacle que comenzó hace 40 años desde Thatcher y Reagan”. En vez de enojarse o culpar al sistema, Eno sintió “enojo conmigo por no darme cuenta de lo que pasaba”, ya que después de todo no eran los conservadores y los nacionalistas radicales los que vivían en una burbuja: “Maldición, éramos nosotros, nosotros estábamos en la burbuja, no nos dimos cuenta. Se estaba gestando una revolución y no nos dimos cuenta porque no la hicimos nosotros. Nosotros esperábamos que la revolución íbamos a ser nosotros.”

Lo que ocurre a nivel mundial en estos momentos, al reflexionar un poco en ello, es que “nos da una patada en el trasero y la necesitábamos porque no íbamos a cambiar nada. Sólo imagina que Hillary Clinton hubiera ganado y todo hubiera seguido como hasta ahora, la estructura entera que hubiera heredado, todo ese mito de la familia Clinton. No creo que fuera un futuro particularmente deseable para mí. Parece como que aquello estaba preparándose lentamente para llegar a un alto, mientras que ahora, con Trump, existe la posibilidad de un verdadero choque, y una oportunidad para realmente repensar.”

Esta oportunidad viene, para Eno, en la forma de Reflection (2017), su último disco de ambient, que concibe como una música para pensar y dejarse estar en el momento. La música y el arte en general es lo que puede guardar una pista de cómo podría ser uno de los futuros posibles. “Me interesa la idea de la música generativa como una especie de modelo para cómo podría funcionar la sociedad o la política. Estoy desarrollando ideas que me interesan sobre cómo hacer una sociedad que funcione en lugar de una disfuncional como en la que vivimos por ahora, al tratar de hacer música de una nueva manera.”

Si pensamos por un momento que la sociedad está organizada como si fuera una orquesta, “donde tienes al compositor, al director, el líder de la orquesta, los directores de sección, los subdirectores de sección…”, la información adopta un flujo descendente, donde la subordinación musical se parece a una férrea burocracia. Un modelo más equitativo de sociedad podría ser, para Eno, el de una banda de rock: “Si trasponemos ese argumento en términos sociales… es posible tener una sociedad que no tenga reglas y estructuras pre-existentes. Y puedes utilizar las estructuras sociales de bandas, grupos de teatro, grupos de danza, todo eso que ahora llamamos cultura. Puedes decir, “bueno, esas funcionan allá. ¿Por qué no podrían funcionar en otra parte?”

Reflexionar en la división de la sociedad a la manera de una banda de rock no implica pensarla como un caos organizado, sino como una estructura donde cada miembro del equipo cumple su función: a veces la función es llevar una línea melódica, otras simplemente es marcar el paso para que los demás no se pierdan, y aún en otras ocasiones se trata simplemente de improvisar y dejarse llevar. Una estructura flexible y provocativa, mucho más que una sociedad como la actual donde el descontento no se desarrolla en empatía y nuevas formas de trabajo, sino en más y más leyes y reglas que tienden a estancarnos. ¿No sería maravilloso comenzar a ver la vida como un juego donde cada uno de nosotros se asume como un integrante de la banda y no simplemente como un engrane de la maquinaria?

 

*Imagen: Beeld En Geluid Wiki / Creative Commons

Volvemos una y otra vez a Brian Eno por ser una fuente infatigable de inspiración: a sus 68 años, el músico, artista y productor no disfruta hablando de sus glorias pasadas, por ejemplo, de cómo fue la colaboración con Roxy Music, David Bowie o U2 (de hecho, estas preguntas pueden hacerlo perder momentáneamente la paciencia que lo caracteriza); Eno se aburre hablando de lo que llama “la historia” y prefiere enfocar sus piezas y sus energías hacia el futuro, como crear un cuarto de hospital para la gente que sufre, o un I-Ching aforístico para desbloquear procesos creativos.

Hace poco, Eno escribió en su Facebook sobre cómo la era Trump debía servirnos para reflexionar acerca de la brecha que divide a los más pobres de los más ricos, y cómo eso distribuye inequitativamente los recursos en un mundo cada vez más globalizado. Ahondando un poco más al respecto en una entrevista, Eno considera que una forma de reflexionar al respecto de la debacle coronada por la presidencia de Trump, el Brexit en Inglaterra y el auge de los movimientos nacionalistas de derecha en Europa es la culminación “de una debacle que comenzó hace 40 años desde Thatcher y Reagan”. En vez de enojarse o culpar al sistema, Eno sintió “enojo conmigo por no darme cuenta de lo que pasaba”, ya que después de todo no eran los conservadores y los nacionalistas radicales los que vivían en una burbuja: “Maldición, éramos nosotros, nosotros estábamos en la burbuja, no nos dimos cuenta. Se estaba gestando una revolución y no nos dimos cuenta porque no la hicimos nosotros. Nosotros esperábamos que la revolución íbamos a ser nosotros.”

Lo que ocurre a nivel mundial en estos momentos, al reflexionar un poco en ello, es que “nos da una patada en el trasero y la necesitábamos porque no íbamos a cambiar nada. Sólo imagina que Hillary Clinton hubiera ganado y todo hubiera seguido como hasta ahora, la estructura entera que hubiera heredado, todo ese mito de la familia Clinton. No creo que fuera un futuro particularmente deseable para mí. Parece como que aquello estaba preparándose lentamente para llegar a un alto, mientras que ahora, con Trump, existe la posibilidad de un verdadero choque, y una oportunidad para realmente repensar.”

Esta oportunidad viene, para Eno, en la forma de Reflection (2017), su último disco de ambient, que concibe como una música para pensar y dejarse estar en el momento. La música y el arte en general es lo que puede guardar una pista de cómo podría ser uno de los futuros posibles. “Me interesa la idea de la música generativa como una especie de modelo para cómo podría funcionar la sociedad o la política. Estoy desarrollando ideas que me interesan sobre cómo hacer una sociedad que funcione en lugar de una disfuncional como en la que vivimos por ahora, al tratar de hacer música de una nueva manera.”

Si pensamos por un momento que la sociedad está organizada como si fuera una orquesta, “donde tienes al compositor, al director, el líder de la orquesta, los directores de sección, los subdirectores de sección…”, la información adopta un flujo descendente, donde la subordinación musical se parece a una férrea burocracia. Un modelo más equitativo de sociedad podría ser, para Eno, el de una banda de rock: “Si trasponemos ese argumento en términos sociales… es posible tener una sociedad que no tenga reglas y estructuras pre-existentes. Y puedes utilizar las estructuras sociales de bandas, grupos de teatro, grupos de danza, todo eso que ahora llamamos cultura. Puedes decir, “bueno, esas funcionan allá. ¿Por qué no podrían funcionar en otra parte?”

Reflexionar en la división de la sociedad a la manera de una banda de rock no implica pensarla como un caos organizado, sino como una estructura donde cada miembro del equipo cumple su función: a veces la función es llevar una línea melódica, otras simplemente es marcar el paso para que los demás no se pierdan, y aún en otras ocasiones se trata simplemente de improvisar y dejarse llevar. Una estructura flexible y provocativa, mucho más que una sociedad como la actual donde el descontento no se desarrolla en empatía y nuevas formas de trabajo, sino en más y más leyes y reglas que tienden a estancarnos. ¿No sería maravilloso comenzar a ver la vida como un juego donde cada uno de nosotros se asume como un integrante de la banda y no simplemente como un engrane de la maquinaria?

 

*Imagen: Beeld En Geluid Wiki / Creative Commons