El kaihōgyō —término japonés que podría traducirse como “dar vueltas a la montaña”— es un antiguo ritual perteneciente a la tradición budista. Consiste en superar los obstáculos que presentan 1,000 días de recorrido a pie por distintas rutas del monte Hiei, lugar donde se encuentra la escuela de la rama budista Tendai.

Esta inverosímil peregrinación que, se cree, fue realizada por primera vez en el siglo X por el monje Sōō Oshō, toma al aprendiz de monje (o gyōja) durante 7 años, e incluye rezos, ofrendas en varios templos y lugares sagrados, además de una esmerada y constante práctica de caligrafía. Durante este viaje, los monjes recorren la distancia equivalente a una vuelta alrededor de la Tierra. De hecho, a partir de 1885 sólo 46 peregrinos lograron concluir la práctica y, tradicionalmente, quien no consigue completarla debe quitarse la vida.

Estos monjes de las montañas inician la peregrinación orando durante la noche, mientras todos duermen, a los budas, a sus predecesores y rezando por el bien de las personas, pues el día está destinado a las labores del templo. La preparación de este ritual es importante, pues al gyōja que lo realizará le esperan desafíos que deberá superar durante muchos años, por lo que el cuerpo debe prepararse y entrar en un estado de aceptación de lo que las horas de esfuerzo físico le traerán. Es importante anotar que el peregrinaje es sólo el camino, un método, para lograr lo que el monje llevará a cabo el resto de su vida: el compromiso de difundir las enseñanzas de Buda.

Para esta singular travesía, el gyōja debe plantearse metas modestas. Esta manera de práctica es semejante a la que realiza un atleta: considera solamente pequeñas metas y las va cumpliendo, una a una, para poder llegar al final y no renunciar en el trayecto, no colapsar. Curiosamente, el significado literal de la palabra de origen griego asceta es “atleta”.

El proceso del kaihōgyō tiene varias etapas pero la más ardua, increíblemente, viene al final, pues al acercarse los 1,000 días de entrenamiento, los gyōja se someten a 9 días sin alimentos, agua, sueño ni descanso. El objetivo de esta fase es confrontar la muerte: si el cuerpo llega a resistirla, la vida adquiere un sentido que, se dice, pocos en este mundo han experimentado (el fin último de esta iniciación).

El kaihōgyō es una ruta hacia la luz, hacia la libertad espiritual a través de la resistencia física del dolor (como lo son los ayunos y otras prácticas ascéticas de otras tradiciones religiosas). Durante la travesía, el deterioro del cuerpo solamente fortalece el corazón del monje, que permanece inmutable y generoso, rezando durante las noches por el bien de todas las personas del mundo y recorriendo la montaña durante el día.

El siguiente documental del director Ivan Olita hace un precioso retrato del camino del kaihōgyō:

*Imagen: Pixabay / Creative Commons

El kaihōgyō —término japonés que podría traducirse como “dar vueltas a la montaña”— es un antiguo ritual perteneciente a la tradición budista. Consiste en superar los obstáculos que presentan 1,000 días de recorrido a pie por distintas rutas del monte Hiei, lugar donde se encuentra la escuela de la rama budista Tendai.

Esta inverosímil peregrinación que, se cree, fue realizada por primera vez en el siglo X por el monje Sōō Oshō, toma al aprendiz de monje (o gyōja) durante 7 años, e incluye rezos, ofrendas en varios templos y lugares sagrados, además de una esmerada y constante práctica de caligrafía. Durante este viaje, los monjes recorren la distancia equivalente a una vuelta alrededor de la Tierra. De hecho, a partir de 1885 sólo 46 peregrinos lograron concluir la práctica y, tradicionalmente, quien no consigue completarla debe quitarse la vida.

Estos monjes de las montañas inician la peregrinación orando durante la noche, mientras todos duermen, a los budas, a sus predecesores y rezando por el bien de las personas, pues el día está destinado a las labores del templo. La preparación de este ritual es importante, pues al gyōja que lo realizará le esperan desafíos que deberá superar durante muchos años, por lo que el cuerpo debe prepararse y entrar en un estado de aceptación de lo que las horas de esfuerzo físico le traerán. Es importante anotar que el peregrinaje es sólo el camino, un método, para lograr lo que el monje llevará a cabo el resto de su vida: el compromiso de difundir las enseñanzas de Buda.

Para esta singular travesía, el gyōja debe plantearse metas modestas. Esta manera de práctica es semejante a la que realiza un atleta: considera solamente pequeñas metas y las va cumpliendo, una a una, para poder llegar al final y no renunciar en el trayecto, no colapsar. Curiosamente, el significado literal de la palabra de origen griego asceta es “atleta”.

El proceso del kaihōgyō tiene varias etapas pero la más ardua, increíblemente, viene al final, pues al acercarse los 1,000 días de entrenamiento, los gyōja se someten a 9 días sin alimentos, agua, sueño ni descanso. El objetivo de esta fase es confrontar la muerte: si el cuerpo llega a resistirla, la vida adquiere un sentido que, se dice, pocos en este mundo han experimentado (el fin último de esta iniciación).

El kaihōgyō es una ruta hacia la luz, hacia la libertad espiritual a través de la resistencia física del dolor (como lo son los ayunos y otras prácticas ascéticas de otras tradiciones religiosas). Durante la travesía, el deterioro del cuerpo solamente fortalece el corazón del monje, que permanece inmutable y generoso, rezando durante las noches por el bien de todas las personas del mundo y recorriendo la montaña durante el día.

El siguiente documental del director Ivan Olita hace un precioso retrato del camino del kaihōgyō:

*Imagen: Pixabay / Creative Commons