Aunque muchos sectores de la población se planteen nuevas alternativas de vida comunitaria, en ocasiones las condiciones de vivienda urbana dificultan imaginar nuevas soluciones. Pero es justo cuando las dificultades son más grandes cuando la imaginación debe hacerse más fuerte para crear formas de vida sostenibles donde la comunidad se construya por la manera de integrar a todos, en lugar de elegir sólo a algunos. Esto fue lo que ocurrió en Ghent, una localidad de Bélgica, donde ya se prepara la cuarta generación de Living Street, un proyecto de calles vivas donde la comunidad y las autoridades se unen temporalmente para realizar cambios positivos en sus formas de vida.

El experimento trata de demostrar que el diseño y las políticas públicas pueden trabajar juntos de una manera más armónica, involucrando a los residentes en el destino de sus comunidades. Y es que en Ghent, al igual que en cualquier pequeña o gran ciudad del mundo, las formas de vida han cambiado mucho y de manera muy rápida: el transporte, el manejo de basura y las viviendas se han convertido en problemas a una nueva escala. Los niños juegan sólo en lugares cerrados y pasan menos tiempo afuera, pues las calles se convirtieron también en estacionamientos y vías rápidas.

living-street
La propuesta de Living Street se describe en su sitio oficial como “un experimento donde los residentes toman sus calles y las convierten en la calle de sus sueños”. El primer paso siempre es coordinar con las autoridades el cierre programado de toda la calle o parte de ella, además de involucrar a los vecinos. Posteriormente, son los mismos residentes quienes deben ponerse de acuerdo sobre cómo hacer las calles de sus sueños una realidad, experimentando nuevas formas de vida.

¿Pero a qué se refieren con “nuevas formas de vida”? Pensemos en una rutina cualquiera: la gente sale de sus casas para transportarse a sus lugares de trabajo o estudio, y la forma en que habita el espacio público suele limitarse a la cabina de un automóvil o alguna otra forma de transporte. Motivados por la idea de “sustentabilidad”, Living Street promueve una reapropiación del espacio urbano para recuperar el sentido de comunidad a través de proyectos de distintos tipos, como cultivos urbanos, espacios de juego y socialización, uso de transportes no contaminantes (como bicicletas), compartir el auto, consumo de productos locales, etcétera.

Lab van Troje es el estudio de diseño y urbanismo que se dio a la tarea de documentar y producir estas formas de vida alternativas, tal vez como un experimento de lo que podríamos hacer en nuestras propias comunidades y asentamientos si hacemos conciencia de que la forma en la que vivimos no sólo es mala para el medio ambiente, sino nociva para la experiencia de vida social humana, en una sociedad alienada por el trabajo y la distancia. Un proyecto impulsado por agentes de cambio que se niegan a creer que vivimos ya en el mejor de los mundos posibles.

 

 

*Imágenes:  livingstreet.org

 

Aunque muchos sectores de la población se planteen nuevas alternativas de vida comunitaria, en ocasiones las condiciones de vivienda urbana dificultan imaginar nuevas soluciones. Pero es justo cuando las dificultades son más grandes cuando la imaginación debe hacerse más fuerte para crear formas de vida sostenibles donde la comunidad se construya por la manera de integrar a todos, en lugar de elegir sólo a algunos. Esto fue lo que ocurrió en Ghent, una localidad de Bélgica, donde ya se prepara la cuarta generación de Living Street, un proyecto de calles vivas donde la comunidad y las autoridades se unen temporalmente para realizar cambios positivos en sus formas de vida.

El experimento trata de demostrar que el diseño y las políticas públicas pueden trabajar juntos de una manera más armónica, involucrando a los residentes en el destino de sus comunidades. Y es que en Ghent, al igual que en cualquier pequeña o gran ciudad del mundo, las formas de vida han cambiado mucho y de manera muy rápida: el transporte, el manejo de basura y las viviendas se han convertido en problemas a una nueva escala. Los niños juegan sólo en lugares cerrados y pasan menos tiempo afuera, pues las calles se convirtieron también en estacionamientos y vías rápidas.

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La propuesta de Living Street se describe en su sitio oficial como “un experimento donde los residentes toman sus calles y las convierten en la calle de sus sueños”. El primer paso siempre es coordinar con las autoridades el cierre programado de toda la calle o parte de ella, además de involucrar a los vecinos. Posteriormente, son los mismos residentes quienes deben ponerse de acuerdo sobre cómo hacer las calles de sus sueños una realidad, experimentando nuevas formas de vida.

¿Pero a qué se refieren con “nuevas formas de vida”? Pensemos en una rutina cualquiera: la gente sale de sus casas para transportarse a sus lugares de trabajo o estudio, y la forma en que habita el espacio público suele limitarse a la cabina de un automóvil o alguna otra forma de transporte. Motivados por la idea de “sustentabilidad”, Living Street promueve una reapropiación del espacio urbano para recuperar el sentido de comunidad a través de proyectos de distintos tipos, como cultivos urbanos, espacios de juego y socialización, uso de transportes no contaminantes (como bicicletas), compartir el auto, consumo de productos locales, etcétera.

Lab van Troje es el estudio de diseño y urbanismo que se dio a la tarea de documentar y producir estas formas de vida alternativas, tal vez como un experimento de lo que podríamos hacer en nuestras propias comunidades y asentamientos si hacemos conciencia de que la forma en la que vivimos no sólo es mala para el medio ambiente, sino nociva para la experiencia de vida social humana, en una sociedad alienada por el trabajo y la distancia. Un proyecto impulsado por agentes de cambio que se niegan a creer que vivimos ya en el mejor de los mundos posibles.

 

 

*Imágenes:  livingstreet.org