La comunicación entre la ciencia y la religión ha tenido una historia larga y compleja, generalmente regida por un intercambio hostil. De un lado existe una tradicional desacreditación, la ciencia mofándose de los preceptos místicos o religiosos. Del otro hubo incluso férreas persecuciones, por ejemplo la protagonizada por la iglesia católica contra mentes científicas como Giordano Bruno o Galileo Galilei. Pero, por fortuna, también se han registrado, en diferentes momentos, encuentros entre destacados exponentes de ambas trincheras.

Tan sólo en el siglo pasado, pensadores como Albert Einstein y Rabindranath Tagore dialogaron no sobre lo que diferencia sus visiones del mundo, sino sobre lo que podía acercarlas; algo similar ocurrió entre David Bohm y Krishnamurti, así como la entrevista que sostuvieron el filósofo Martin Heidegger y el monje Bhikkhu Maha Mani sobre cómo la filosofía y la religión pueden encaminar a la humanidad a un entendimiento mutuo más amplio.

En esta misma tradición, se reunieron el astrofísico Carl Sagan y el Dalai Lama, líder religioso del Tíbet, en un encuentro en Estados Unidos en 1991. La documentación del encuentro no ha sobrevivido muy bien el paso del tiempo, pero una transcripción completa puede hallarse aquí. A continuación reproducimos un fragmento de la conversación entre estos dos indiscutibles líderes del pensamiento y la imaginación.

Este intercambio entre un científico y un líder religioso nos permite realizar un ejercicio de imaginación en el cual ponemos entre paréntesis nuestras certezas más acendradas y aceptamos el derecho de los demás a participar en la construcción de una realidad común.  Carl Sagan fue un fervoroso creyente en el asombro de la realidad, así como el Dalai Lama es un líder religioso en constante diálogo con otras formas de conocimiento, aparte del dogma. Desde la razón o desde la fe, es posible abrirnos al ser del otro para hacer más completo el mundo de ambos.

Carl Sagan (CS): Ahora, permítame preguntarle, si es posible, algunas preguntas sobre religión. ¿Qué ocurre si la doctrina de una religión –del budismo, digamos– es contradicha con algún descubrimiento –de la ciencia, digamos–, qué hace un creyente del budismo en tal caso?

Dalai Lama (DL): Para los budistas eso no es un problema. El Buda mismo dejó claro que lo importante es tu propia investigación. Debes conocer la realidad, sin importar lo que diga la escritura. En caso de que encuentres una contradicción (algo que se oponga a la explicación de las escrituras) debes confiar en ese descubrimiento, más que en la escritura.

CS: ¿Así que se parece mucho a la ciencia?

DL: Sí, así es. Por eso creo que el concepto budista básico es que en un principio es mejor, o más recomendable, mantenerse escépticos. Luego llevar a cabo experimentos por medios externos a la vez que por medios internos. Si a través de la investigación las cosas se vuelven claras y convincentes, entonces es tiempo de aceptar o creer. Si, a través de la ciencia, existe prueba de que luego de la muerte no hay continuidad de la mente humana, de la vida, entonces (en teoría) los budistas tendrían que aceptarlo.

CS: ¿Entonces qué podría ocurrir con la doctrina de la reencarnación?

DL: Bueno, verás, no creo que con respecto a la existencia de una continuidad de mente o vida…

CS: ¿Después de la muerte?

DL: Después de la muerte, así es. Ese concepto, creo, tiene razones más convincentes. A pesar de que la aceptación de ese tipo de teoría pueda no resolver todas tus preguntas, y no te dé una satisfacción completa, aun así esa teoría es mejor que la teoría de la no existencia.

CS: ¿Entonces usted cree en Dios?

DL: En Dios, en el sentido de algún tipo de realidad última: sí, aceptamos eso. Pero Dios en el sentido de un creador todopoderoso, los budistas no lo aceptan. 

CS: ¿Entonces no existe ningún descubrimiento concebible de la ciencia que le haría decir que la doctrina budista está equivocada o que usted ya no se considera más un budista?

DL: Creo que los budistas tendrán que aceptar los descubrimientos científicos llevados a cabo con experimentos cuidadosos. No hay problema. Algunos científicos (o algunos budistas con inclinación científica, debería llamarlos) dicen que no consideran el budismo como una religión, sino más bien como una ciencia de la mente. A veces llaman al budismo una ciencia interior. Así que de acuerdo con mi propia experiencia, como resultado de conocer a dichos científicos –en años recientes he tenido contacto con muchos científicos, sobre todo en el campo de la cosmología, la neurobiología, la física, la mecánica cuántica y, claro, la psicología– [creo que] estos campos tienen mucho en común. Pienso que a partir de las discusiones que hemos sostenido, como budista me he beneficiado mucho al aprender de sus descubrimientos. Es de mucha ayuda para un budista. Al mismo tiempo, algunos científicos también han mostrado un genuino y entusiasta interés en las explicaciones budistas de los temas en juego. Una cosa es bastante clara: en la medida que se trate de ciencias de la mente, el budismo es muy avanzado.

La comunicación entre la ciencia y la religión ha tenido una historia larga y compleja, generalmente regida por un intercambio hostil. De un lado existe una tradicional desacreditación, la ciencia mofándose de los preceptos místicos o religiosos. Del otro hubo incluso férreas persecuciones, por ejemplo la protagonizada por la iglesia católica contra mentes científicas como Giordano Bruno o Galileo Galilei. Pero, por fortuna, también se han registrado, en diferentes momentos, encuentros entre destacados exponentes de ambas trincheras.

Tan sólo en el siglo pasado, pensadores como Albert Einstein y Rabindranath Tagore dialogaron no sobre lo que diferencia sus visiones del mundo, sino sobre lo que podía acercarlas; algo similar ocurrió entre David Bohm y Krishnamurti, así como la entrevista que sostuvieron el filósofo Martin Heidegger y el monje Bhikkhu Maha Mani sobre cómo la filosofía y la religión pueden encaminar a la humanidad a un entendimiento mutuo más amplio.

En esta misma tradición, se reunieron el astrofísico Carl Sagan y el Dalai Lama, líder religioso del Tíbet, en un encuentro en Estados Unidos en 1991. La documentación del encuentro no ha sobrevivido muy bien el paso del tiempo, pero una transcripción completa puede hallarse aquí. A continuación reproducimos un fragmento de la conversación entre estos dos indiscutibles líderes del pensamiento y la imaginación.

Este intercambio entre un científico y un líder religioso nos permite realizar un ejercicio de imaginación en el cual ponemos entre paréntesis nuestras certezas más acendradas y aceptamos el derecho de los demás a participar en la construcción de una realidad común.  Carl Sagan fue un fervoroso creyente en el asombro de la realidad, así como el Dalai Lama es un líder religioso en constante diálogo con otras formas de conocimiento, aparte del dogma. Desde la razón o desde la fe, es posible abrirnos al ser del otro para hacer más completo el mundo de ambos.

Carl Sagan (CS): Ahora, permítame preguntarle, si es posible, algunas preguntas sobre religión. ¿Qué ocurre si la doctrina de una religión –del budismo, digamos– es contradicha con algún descubrimiento –de la ciencia, digamos–, qué hace un creyente del budismo en tal caso?

Dalai Lama (DL): Para los budistas eso no es un problema. El Buda mismo dejó claro que lo importante es tu propia investigación. Debes conocer la realidad, sin importar lo que diga la escritura. En caso de que encuentres una contradicción (algo que se oponga a la explicación de las escrituras) debes confiar en ese descubrimiento, más que en la escritura.

CS: ¿Así que se parece mucho a la ciencia?

DL: Sí, así es. Por eso creo que el concepto budista básico es que en un principio es mejor, o más recomendable, mantenerse escépticos. Luego llevar a cabo experimentos por medios externos a la vez que por medios internos. Si a través de la investigación las cosas se vuelven claras y convincentes, entonces es tiempo de aceptar o creer. Si, a través de la ciencia, existe prueba de que luego de la muerte no hay continuidad de la mente humana, de la vida, entonces (en teoría) los budistas tendrían que aceptarlo.

CS: ¿Entonces qué podría ocurrir con la doctrina de la reencarnación?

DL: Bueno, verás, no creo que con respecto a la existencia de una continuidad de mente o vida…

CS: ¿Después de la muerte?

DL: Después de la muerte, así es. Ese concepto, creo, tiene razones más convincentes. A pesar de que la aceptación de ese tipo de teoría pueda no resolver todas tus preguntas, y no te dé una satisfacción completa, aun así esa teoría es mejor que la teoría de la no existencia.

CS: ¿Entonces usted cree en Dios?

DL: En Dios, en el sentido de algún tipo de realidad última: sí, aceptamos eso. Pero Dios en el sentido de un creador todopoderoso, los budistas no lo aceptan. 

CS: ¿Entonces no existe ningún descubrimiento concebible de la ciencia que le haría decir que la doctrina budista está equivocada o que usted ya no se considera más un budista?

DL: Creo que los budistas tendrán que aceptar los descubrimientos científicos llevados a cabo con experimentos cuidadosos. No hay problema. Algunos científicos (o algunos budistas con inclinación científica, debería llamarlos) dicen que no consideran el budismo como una religión, sino más bien como una ciencia de la mente. A veces llaman al budismo una ciencia interior. Así que de acuerdo con mi propia experiencia, como resultado de conocer a dichos científicos –en años recientes he tenido contacto con muchos científicos, sobre todo en el campo de la cosmología, la neurobiología, la física, la mecánica cuántica y, claro, la psicología– [creo que] estos campos tienen mucho en común. Pienso que a partir de las discusiones que hemos sostenido, como budista me he beneficiado mucho al aprender de sus descubrimientos. Es de mucha ayuda para un budista. Al mismo tiempo, algunos científicos también han mostrado un genuino y entusiasta interés en las explicaciones budistas de los temas en juego. Una cosa es bastante clara: en la medida que se trate de ciencias de la mente, el budismo es muy avanzado.