A lo largo de su larga vida, Caroline Herschel (1750-1848) descubrió ocho cometas, de los cuales seis llevan su nombre. No solamente eso, ella fue la primer mujer que hizo de las estrellas su profesión. En 1835, y con 85 años de edad, Herschel —nacida en Hannover, Alemania, pero radicada en Gran Bretaña— fue reconocida como la primera mujer astrónoma, al ser nombrada miembro honorario de la Real Sociedad Astronómica de Inglaterra.

Esta alemana fue dueña de un destino singular. Excedió por décadas la esperanza de vida de su época, fue testigo de la Revolución francesa, y del ascenso y caída de Napoleón Bonaparte; también vivió el nacimiento del telégrafo y la locomotora de vapor. Su infancia temprana no transcurrió exenta de calamidades: de sus diez hermanos cuatro murieron en la infancia, y a los once años padeció de fiebre tifoidea que casi le costó la vida, y que habría de dañar para siempre su ojo izquierdo, además de afectar su crecimiento.

La madre de Caroline trató de evitar que estudiara. Su lugar estaba, según ella, en la tareas del hogar. Fue el padre quien le enseñó ciencias y música; fue él, también, quien le enseñó las constelaciones y le asignó una joven tutora en su natal Hannover. Una vez fallecido su padre, Caroline viajó a Bath, Inglaterra, donde su hermano William fungía como organista en una iglesia local; ahí, ella aprendió a cantar, convirtiéndose en una talentosa vocalista para poder acompañar a su hermano durante los servicios, pero cuando la posibilidad de tener una carrera como cantante lejos de su hermano surgió, ella se negó diciendo que nunca lo haría sin él.

Con el tiempo, William desarrolló un amor por las estrellas y la astronomía, y comenzó a construir sus propios telescopios caseros a falta de dinero para comprar uno. Fue entonces cuando Caroline se convirtió en la asistente de su observaciones del cosmos, primero leyendo en voz alta para él mientras construía sus máquinas y, poco a poco, integrándose a labores más técnicas, como hacer mediciones o llevar registro de sus observaciones.

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Conociendo bien los registros de su hermano, Caroline notó errores en algunos de los mapeos que éste hacía del universo y en otros que ya existían. Fue entonces cuando ella comenzó a hacer observaciones y cálculos por su cuenta. En el verano de 1872 y con 32 años de edad, Herschel realizó un catálogo propio de estrellas, y poco después hizo su primer descubrimiento: una nebulosa que no estaba registrada en el entonces canónico Catálogo Messier.

Hoy en día (curiosamente), la galaxia elíptica que descubrió Herschel es conocida como Messier 110, una compañera de Andrómeda. Lamentablemente, aún en nuestro tiempo no es una sorpresa que, como en el caso de muchas mujeres científicas del pasado, el nombre de Caroline Herschel no goza de la fama que merece o que ostentan los de sus camaradas masculinos. Esta diminuta mujer —que medía 1 metro con 30 centímetros y que sólo podía ver bien con un ojo— pudo explorar las inmensidades del universo y coleccionar estrellas, y así cambió la historia, abriendo camino para muchas científicas y mujeres que habrían de venir después de ella.

Imágenes: 1) Dominio público 2) Wellcome Collection 

A lo largo de su larga vida, Caroline Herschel (1750-1848) descubrió ocho cometas, de los cuales seis llevan su nombre. No solamente eso, ella fue la primer mujer que hizo de las estrellas su profesión. En 1835, y con 85 años de edad, Herschel —nacida en Hannover, Alemania, pero radicada en Gran Bretaña— fue reconocida como la primera mujer astrónoma, al ser nombrada miembro honorario de la Real Sociedad Astronómica de Inglaterra.

Esta alemana fue dueña de un destino singular. Excedió por décadas la esperanza de vida de su época, fue testigo de la Revolución francesa, y del ascenso y caída de Napoleón Bonaparte; también vivió el nacimiento del telégrafo y la locomotora de vapor. Su infancia temprana no transcurrió exenta de calamidades: de sus diez hermanos cuatro murieron en la infancia, y a los once años padeció de fiebre tifoidea que casi le costó la vida, y que habría de dañar para siempre su ojo izquierdo, además de afectar su crecimiento.

La madre de Caroline trató de evitar que estudiara. Su lugar estaba, según ella, en la tareas del hogar. Fue el padre quien le enseñó ciencias y música; fue él, también, quien le enseñó las constelaciones y le asignó una joven tutora en su natal Hannover. Una vez fallecido su padre, Caroline viajó a Bath, Inglaterra, donde su hermano William fungía como organista en una iglesia local; ahí, ella aprendió a cantar, convirtiéndose en una talentosa vocalista para poder acompañar a su hermano durante los servicios, pero cuando la posibilidad de tener una carrera como cantante lejos de su hermano surgió, ella se negó diciendo que nunca lo haría sin él.

Con el tiempo, William desarrolló un amor por las estrellas y la astronomía, y comenzó a construir sus propios telescopios caseros a falta de dinero para comprar uno. Fue entonces cuando Caroline se convirtió en la asistente de su observaciones del cosmos, primero leyendo en voz alta para él mientras construía sus máquinas y, poco a poco, integrándose a labores más técnicas, como hacer mediciones o llevar registro de sus observaciones.

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Conociendo bien los registros de su hermano, Caroline notó errores en algunos de los mapeos que éste hacía del universo y en otros que ya existían. Fue entonces cuando ella comenzó a hacer observaciones y cálculos por su cuenta. En el verano de 1872 y con 32 años de edad, Herschel realizó un catálogo propio de estrellas, y poco después hizo su primer descubrimiento: una nebulosa que no estaba registrada en el entonces canónico Catálogo Messier.

Hoy en día (curiosamente), la galaxia elíptica que descubrió Herschel es conocida como Messier 110, una compañera de Andrómeda. Lamentablemente, aún en nuestro tiempo no es una sorpresa que, como en el caso de muchas mujeres científicas del pasado, el nombre de Caroline Herschel no goza de la fama que merece o que ostentan los de sus camaradas masculinos. Esta diminuta mujer —que medía 1 metro con 30 centímetros y que sólo podía ver bien con un ojo— pudo explorar las inmensidades del universo y coleccionar estrellas, y así cambió la historia, abriendo camino para muchas científicas y mujeres que habrían de venir después de ella.

Imágenes: 1) Dominio público 2) Wellcome Collection