Existen diferentes motivos para el nacimiento de las ciudades. El primero podría ser el puramente práctico, como es el caso de las metrópolis que se fundan cerca de ríos, lagos o en tierras fértiles. Otro motivo podría ser el religioso o espiritual: las ciudades que nacen en lugares míticos o sagrados, como la Ciudad de México, por ejemplo. Por último, existen ciudades que nacen de las ideologías y de los nombres, como fue el caso de Alejandría o el renombramiento de la ciudad rusa de Volgogrado como Stalingrado.

Hace 60 años se concibió Chandigarh, una ciudad que celebró la independencia de la India, un monumento a la entrada de este país en el mundo moderno. Su nombre significa “el hogar de Chandi”, que es la personificación guerrera de Parvati, deidad de la fertilidad el amor y la devoción. Diseñada por el legendario arquitecto Le Corbusier, la hoy capital de los estados de Punjab y Haryana se pensó como una ciudad perfecta (si es que eso es posible).

Ubicada a casi 300 kilómetros al norte de Delhi, Chandigarh se concibió en 1947, cuando la región del Punjab fue dividida entre la India y el recientemente creado Pakistán. La mitad hindú, entonces, se quedó sin capital, por lo que el primer ministro de la India, Jawaharlal Nehru, comisionó a Le Corbusier para crear una ciudad que remplazaría a Lahore, la antigua capital del Punjab, que había quedado en territorio pakistaní. Nehru imaginó una ciudad que fuera “libre de las tradiciones del pasado, un símbolo de la fe del país en el futuro”, una metrópolis que nacía de las ideas.

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Le Corbusier ideó esta preciosa joya del urbanismo que hasta el día de hoy sobrevive como una colección de obras maestras del modernismo arquitectónico, una ciudad que, aún hoy, es sustancialmente diferente al resto de las ciudades de la India. Cada detalle de esta nueva metrópolis fue planeado con minuciosidad para que funcionara perfectamente; así el arquitecto y su equipo diseñaron cada detalle, desde las esculturas de la plaza de la Corte Suprema hasta los picaportes de las puertas de sus oficinas, además de sus más importantes edificios administrativos, como el Capitolio, la propia Corte Suprema, el Secretariado, el Parlamento, el Palacio del Gobernador y una universidad.

Chandigarh es una ciudad llena de espacios públicos abiertos, a diferencia de las grandes y abigarradas ciudades de la India, y fue diseñada con un plano cuadriculado que, se cree, tuvo influencias de la planeación de ciudades europeas como París y de los primeros planos de la joven ciudad de Nueva Delhi. Las cuadrícula de la capital del Punjab hindú integra una serie de curvas, calles jerárquicamente ubicadas, carriles para peatones y ciclistas claramente designados y separados por numerosas áreas verdes, además de una vía designada para comercios que cruza la ciudad de este a oeste. La importancia de las áreas verdes en la ciudad obedecía los principios del movimiento urbanístico conocido como ciudad jardín.

A pesar de ser una de las ciudades más bellas de la India, un lugar designado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, la funcionalidad de Chandigarh —el plan maestro del gran Le Corbusier— recibe hasta el día de hoy serias críticas por tratarse no sólo de una ciudad alienada del resto de su país y su cultura, también por ser estéril, costosa y carente de movilidad social.

El paso del tiempo ha hecho que la ciudad de Chandigarh se expanda, sobrepasando los bordes de lo que alguna vez fue la ciudad perfecta. En este contexto, el proyecto de Le Corbusier aún genera cuestionamientos relevantes en torno a la utilidad y realismo en el acto de “inventar” una metrópolis como si se tratase de pintar sobre un lienzo, pues sabemos que las ciudades, como los seres vivos, cambian y se transforman de manera orgánica e incontrolable. Sin embargo, el acto de concebir y crear una ciudad de la nada, de tomar nuestro frecuente lugar de demiurgos, no deja de sorprender por su ambición y belleza, especialmente en una ciudad cuyos rincones fueron diseñados con tal cuidado.

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*Imágenes: 1-4) Sanyam Bahga / Wikimedia Commons; 5, 6) Creative Commons

Existen diferentes motivos para el nacimiento de las ciudades. El primero podría ser el puramente práctico, como es el caso de las metrópolis que se fundan cerca de ríos, lagos o en tierras fértiles. Otro motivo podría ser el religioso o espiritual: las ciudades que nacen en lugares míticos o sagrados, como la Ciudad de México, por ejemplo. Por último, existen ciudades que nacen de las ideologías y de los nombres, como fue el caso de Alejandría o el renombramiento de la ciudad rusa de Volgogrado como Stalingrado.

Hace 60 años se concibió Chandigarh, una ciudad que celebró la independencia de la India, un monumento a la entrada de este país en el mundo moderno. Su nombre significa “el hogar de Chandi”, que es la personificación guerrera de Parvati, deidad de la fertilidad el amor y la devoción. Diseñada por el legendario arquitecto Le Corbusier, la hoy capital de los estados de Punjab y Haryana se pensó como una ciudad perfecta (si es que eso es posible).

Ubicada a casi 300 kilómetros al norte de Delhi, Chandigarh se concibió en 1947, cuando la región del Punjab fue dividida entre la India y el recientemente creado Pakistán. La mitad hindú, entonces, se quedó sin capital, por lo que el primer ministro de la India, Jawaharlal Nehru, comisionó a Le Corbusier para crear una ciudad que remplazaría a Lahore, la antigua capital del Punjab, que había quedado en territorio pakistaní. Nehru imaginó una ciudad que fuera “libre de las tradiciones del pasado, un símbolo de la fe del país en el futuro”, una metrópolis que nacía de las ideas.

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Le Corbusier ideó esta preciosa joya del urbanismo que hasta el día de hoy sobrevive como una colección de obras maestras del modernismo arquitectónico, una ciudad que, aún hoy, es sustancialmente diferente al resto de las ciudades de la India. Cada detalle de esta nueva metrópolis fue planeado con minuciosidad para que funcionara perfectamente; así el arquitecto y su equipo diseñaron cada detalle, desde las esculturas de la plaza de la Corte Suprema hasta los picaportes de las puertas de sus oficinas, además de sus más importantes edificios administrativos, como el Capitolio, la propia Corte Suprema, el Secretariado, el Parlamento, el Palacio del Gobernador y una universidad.

Chandigarh es una ciudad llena de espacios públicos abiertos, a diferencia de las grandes y abigarradas ciudades de la India, y fue diseñada con un plano cuadriculado que, se cree, tuvo influencias de la planeación de ciudades europeas como París y de los primeros planos de la joven ciudad de Nueva Delhi. Las cuadrícula de la capital del Punjab hindú integra una serie de curvas, calles jerárquicamente ubicadas, carriles para peatones y ciclistas claramente designados y separados por numerosas áreas verdes, además de una vía designada para comercios que cruza la ciudad de este a oeste. La importancia de las áreas verdes en la ciudad obedecía los principios del movimiento urbanístico conocido como ciudad jardín.

A pesar de ser una de las ciudades más bellas de la India, un lugar designado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, la funcionalidad de Chandigarh —el plan maestro del gran Le Corbusier— recibe hasta el día de hoy serias críticas por tratarse no sólo de una ciudad alienada del resto de su país y su cultura, también por ser estéril, costosa y carente de movilidad social.

El paso del tiempo ha hecho que la ciudad de Chandigarh se expanda, sobrepasando los bordes de lo que alguna vez fue la ciudad perfecta. En este contexto, el proyecto de Le Corbusier aún genera cuestionamientos relevantes en torno a la utilidad y realismo en el acto de “inventar” una metrópolis como si se tratase de pintar sobre un lienzo, pues sabemos que las ciudades, como los seres vivos, cambian y se transforman de manera orgánica e incontrolable. Sin embargo, el acto de concebir y crear una ciudad de la nada, de tomar nuestro frecuente lugar de demiurgos, no deja de sorprender por su ambición y belleza, especialmente en una ciudad cuyos rincones fueron diseñados con tal cuidado.

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*Imágenes: 1-4) Sanyam Bahga / Wikimedia Commons; 5, 6) Creative Commons