A principios del siglo XX, Mackintosh, diseñador, arquitecto e interiorista escocés, habría de crear muebles que unían el estilo neo-gótico con el arte escocés, resultando en objetos con una personalidad nunca antes vista y con una presencia en el espacio que, para muchos críticos, es parecida a la de un fantasma.

Charles Rennie Mackintosh estudió artes en Glasgow y, a los 21 años, comenzó a trabajar como dibujante en la firma de arquitectos Honeyman & Keppie, donde laboraría durante 25 años y desarrollaría una carrera como arquitecto. Algunas de sus obras arquitectónicas más conocidas son la Glasgow School of Art y la Hill House. Para 1920, Mackintosh había abandonado la arquitectura y dejado Glasgow para vivir en Londres, pero seguiría pintando acuarelas y regresaría a su ciudad de origen varias veces durante el resto de su vida.

Virtualmente desconocida en el Reino Unido, su obra —especialmente su diseño de interiores y sus muebles— habría de ser reconocida en otras ciudades de Europa, como Viena, Moscú y Turín.

Además de pintar, el artista escocés dedicó una buena parte de su vida al interiorismo y al diseño de muebles, que se caracterizaban por el uso de materiales simples y formas poco convencionales. También habrían de seguir un claro patrón del diseño escocés, en combinación con el estilo neo-gótico que caracterizó a otras escuelas también relacionadas con su obra, como el Art Nouveau. La obra del escocés también trabajaría con los valores del modernismo británico, que surgía en aquellos años.

La obra de Mackintosh y su escuela habría de conocerse como Glasgow School o “the school of ghosts”, tal vez porque los objetos que crearon —sillas, mesas, escritorios, tocadores— además de su sobria belleza, poseen una fuerte presencia, que los convierte en objetos que dan la sensación de observar a quienes los miran, como si los muebles, fantasmas del pasado, seres al servicio de otros seres, tuvieran una vida propia.

A principios del siglo XX, Mackintosh, diseñador, arquitecto e interiorista escocés, habría de crear muebles que unían el estilo neo-gótico con el arte escocés, resultando en objetos con una personalidad nunca antes vista y con una presencia en el espacio que, para muchos críticos, es parecida a la de un fantasma.

Charles Rennie Mackintosh estudió artes en Glasgow y, a los 21 años, comenzó a trabajar como dibujante en la firma de arquitectos Honeyman & Keppie, donde laboraría durante 25 años y desarrollaría una carrera como arquitecto. Algunas de sus obras arquitectónicas más conocidas son la Glasgow School of Art y la Hill House. Para 1920, Mackintosh había abandonado la arquitectura y dejado Glasgow para vivir en Londres, pero seguiría pintando acuarelas y regresaría a su ciudad de origen varias veces durante el resto de su vida.

Virtualmente desconocida en el Reino Unido, su obra —especialmente su diseño de interiores y sus muebles— habría de ser reconocida en otras ciudades de Europa, como Viena, Moscú y Turín.

Además de pintar, el artista escocés dedicó una buena parte de su vida al interiorismo y al diseño de muebles, que se caracterizaban por el uso de materiales simples y formas poco convencionales. También habrían de seguir un claro patrón del diseño escocés, en combinación con el estilo neo-gótico que caracterizó a otras escuelas también relacionadas con su obra, como el Art Nouveau. La obra del escocés también trabajaría con los valores del modernismo británico, que surgía en aquellos años.

La obra de Mackintosh y su escuela habría de conocerse como Glasgow School o “the school of ghosts”, tal vez porque los objetos que crearon —sillas, mesas, escritorios, tocadores— además de su sobria belleza, poseen una fuerte presencia, que los convierte en objetos que dan la sensación de observar a quienes los miran, como si los muebles, fantasmas del pasado, seres al servicio de otros seres, tuvieran una vida propia.

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