Ukiyo, o “mundo flotante”, fue el nombre con el que se conoció un tipo de vida urbano del periodo Edo de Japón. Fue el mundo flotante de los burdeles, de los baños, las casas de té y los teatros, donde la pujante clase comerciante satisfacía sus necesidades y se relajaba de su rutina laboral. Bajo este despliegue de hedonismo se desarrolló el Ukiyo-e, las imágenes de ese mundo flotante.

Utilizando la técnica de grabado en madera, o xilografía, el Ukiyo-e tuvo eximios representantes. A continuación cinco de los grandes maestros que desfilaron en esta escuela.

Hishikawa Moronobu (1618- 1694) contribuyó a definir el estilo con delicadas estampas monocromas, donde predominaban las escenas íntimas de carácter erótico.

Algo más tarde, Suzuki Harunobu (1724- 1770) amplió la técnica al incluir el uso de tintas de color, desarrollando lo que se conocería como nishiki- e. Varios tacos de madera imprimían sobre una misma superficie los diferentes colores de la imagen. El resultado son sublimes composiciones de finas tonalidades que superan en complejidad y armonía las antiguas estampas monocromas.

Habría que esperar a finales del siglo XVII para que el Ukiyo-e diera sus más representativos artistas. De las hábiles manos de Kitagawa Utamaro (1753- 1806), salieron algunas de las más bellas estampas Japonesas. Sus composiciones de mujeres, llamadas bijinga, destacan por las delicadas armonías de sus colores y por la audacia de las composiciones, en las que las figuras son mostradas parcialmente. La llegada de su obra a Europa en el siglo XIX tuvo una fuerte repercusión en el círculo impresionista francés.

Pero quizás los dos grabadores más populares de Japón son para nosotros Hokusai e Hiroshige. Katsushika Hokusai (1760-1849), aunque autor de una obra prolífica, es conocido sobre todo por las Cien vistas del monte Fuji, y La gran ola de Kanagawa, que no es raro encontrar hoy reproducida en cualquier comercio de decoración. Con su espuma encrespada, amenazando una frágil barca de pescador y con el monte Fuji al fondo, la ola de Hokusai ha dado la vuelta al mundo y pervive como un icono de la cultura japonesa.

Utagawa Hiroshige (1797-1858) logró llevar el tema paisajístico a sus cotas más elevadas. Sus estampas del monte Fuji y sus vistas de la vida cotidiana en Edo, con atrevidas composiciones y maestría en la utilización de verdes y azules, han sido una rica fuente de inspiración para la fotografía y el cine.

Imágenes

1. Katsushika Hokusai, Great Wave of Kanagawa (1826-33)
2. Hishikawa Moronobu, Two lovers embracing in front of a painted screen (1680)
3. Suzuki_Harunobu, Geese descending on the koto bridges (Kotoji rakugan, 1769)
4. Kitagawa Utamaro, Omigaya
5. Katsushika Hokusai, South Wind, Clear Sky (1830)
6. Utagawa Hiroshige, Kanbara (1833)

Ukiyo, o “mundo flotante”, fue el nombre con el que se conoció un tipo de vida urbano del periodo Edo de Japón. Fue el mundo flotante de los burdeles, de los baños, las casas de té y los teatros, donde la pujante clase comerciante satisfacía sus necesidades y se relajaba de su rutina laboral. Bajo este despliegue de hedonismo se desarrolló el Ukiyo-e, las imágenes de ese mundo flotante.

Utilizando la técnica de grabado en madera, o xilografía, el Ukiyo-e tuvo eximios representantes. A continuación cinco de los grandes maestros que desfilaron en esta escuela.

Hishikawa Moronobu (1618- 1694) contribuyó a definir el estilo con delicadas estampas monocromas, donde predominaban las escenas íntimas de carácter erótico.

Algo más tarde, Suzuki Harunobu (1724- 1770) amplió la técnica al incluir el uso de tintas de color, desarrollando lo que se conocería como nishiki- e. Varios tacos de madera imprimían sobre una misma superficie los diferentes colores de la imagen. El resultado son sublimes composiciones de finas tonalidades que superan en complejidad y armonía las antiguas estampas monocromas.

Habría que esperar a finales del siglo XVII para que el Ukiyo-e diera sus más representativos artistas. De las hábiles manos de Kitagawa Utamaro (1753- 1806), salieron algunas de las más bellas estampas Japonesas. Sus composiciones de mujeres, llamadas bijinga, destacan por las delicadas armonías de sus colores y por la audacia de las composiciones, en las que las figuras son mostradas parcialmente. La llegada de su obra a Europa en el siglo XIX tuvo una fuerte repercusión en el círculo impresionista francés.

Pero quizás los dos grabadores más populares de Japón son para nosotros Hokusai e Hiroshige. Katsushika Hokusai (1760-1849), aunque autor de una obra prolífica, es conocido sobre todo por las Cien vistas del monte Fuji, y La gran ola de Kanagawa, que no es raro encontrar hoy reproducida en cualquier comercio de decoración. Con su espuma encrespada, amenazando una frágil barca de pescador y con el monte Fuji al fondo, la ola de Hokusai ha dado la vuelta al mundo y pervive como un icono de la cultura japonesa.

Utagawa Hiroshige (1797-1858) logró llevar el tema paisajístico a sus cotas más elevadas. Sus estampas del monte Fuji y sus vistas de la vida cotidiana en Edo, con atrevidas composiciones y maestría en la utilización de verdes y azules, han sido una rica fuente de inspiración para la fotografía y el cine.

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1. Katsushika Hokusai, Great Wave of Kanagawa (1826-33)
2. Hishikawa Moronobu, Two lovers embracing in front of a painted screen (1680)
3. Suzuki_Harunobu, Geese descending on the koto bridges (Kotoji rakugan, 1769)
4. Kitagawa Utamaro, Omigaya
5. Katsushika Hokusai, South Wind, Clear Sky (1830)
6. Utagawa Hiroshige, Kanbara (1833)

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