Los hábitos determinan buena parte de nuestra vida porque son materia prima fundamental en la construcción de nuestra cotidianidad. Buenos o malos, nos revelan cómo somos, nuestros principales defectos y nuestras virtudes más enraizadas. Pero en ocasiones estamos tan sumidos en ellos que no procesamos qué tanto nos gusta practicarlos o cuáles son sus repercusiones directas.

El hábito es definido como el modo especial de proceder o conducirse, adquirido por repetición de actos iguales o semejantes u originado por tendencias instintivas. Lo anterior indica que muchas veces está impregnado en nuestra personalidad, por lo que fácilmente puede convertirse un patrón cotidiano de conducta. Pero hay que recordar que, a pesar de nuestra capacidad para automatizar acciones, casi todo lo que hacemos resulta de decisiones voluntarias. Por lo anterior es posible eliminar un mal hábito así como incorporar uno nuevo que nos acerque a aquello que queremos ser. Con determinación, nuevas rutinas se convierten rápidamente en parte de nuestra vida.

Aquí presentamos algunas de las cualidades que, de ser ejercidas debidamente, ayudan a imprimir la vida con nuevos hábitos.

Autoprogramación: este acto engloba todos los siguientes. Es fundamental que orientes tu mente hacia este nuevo objetivo. Recuerda que, a fin de cuentas, buena parte de tu vida responde a programas que te has autoimpuesto, aunque en la mayoría de los casos lo hacemos de forma inconsciente.

Claridad: además de definir el hábito que quieres incorporar, debes conocer sus alcances y formas. Quieres hacer tal cosa, ¿pero de qué manera te gustaría hacerla y hasta dónde quieres llegar? Es importante que lo definas y lo tengas en mente antes de empezar.

¿Para qué y por qué? Es trascendente también que sepas por qué y para qué quieres adquirir ese hábito. Factores como qué aportará a tu vida, o qué sentido tendrá dentro de tu cosmovisión, resulta importante para que realmente adquiera fuerza en tu mente.

Inspiración: busca información relacionada al hábito que quieres adquirir para que te motives e intereses aún más en él.

No desesperes: adquirir un nuevo hábito puede tomarte uno o trecientos días, continúa ejerciendo la suficiente disciplina para tu vivir nuevo hábito, no pienses en el tiempo. Supuestamente, si logras repetir ritualmente esa acción a la que te quieres habituar, después de 21 días ya estará prácticamente arraigada en ti.

Recordatorios: es conveniente que emplees algún tipo de alarma para que recuerdes tu hábito justo en el momento del día en que te gustaría practicarlo, lo anterior puede resultar molesto pero es importante.

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Los hábitos determinan buena parte de nuestra vida porque son materia prima fundamental en la construcción de nuestra cotidianidad. Buenos o malos, nos revelan cómo somos, nuestros principales defectos y nuestras virtudes más enraizadas. Pero en ocasiones estamos tan sumidos en ellos que no procesamos qué tanto nos gusta practicarlos o cuáles son sus repercusiones directas.

El hábito es definido como el modo especial de proceder o conducirse, adquirido por repetición de actos iguales o semejantes u originado por tendencias instintivas. Lo anterior indica que muchas veces está impregnado en nuestra personalidad, por lo que fácilmente puede convertirse un patrón cotidiano de conducta. Pero hay que recordar que, a pesar de nuestra capacidad para automatizar acciones, casi todo lo que hacemos resulta de decisiones voluntarias. Por lo anterior es posible eliminar un mal hábito así como incorporar uno nuevo que nos acerque a aquello que queremos ser. Con determinación, nuevas rutinas se convierten rápidamente en parte de nuestra vida.

Aquí presentamos algunas de las cualidades que, de ser ejercidas debidamente, ayudan a imprimir la vida con nuevos hábitos.

Autoprogramación: este acto engloba todos los siguientes. Es fundamental que orientes tu mente hacia este nuevo objetivo. Recuerda que, a fin de cuentas, buena parte de tu vida responde a programas que te has autoimpuesto, aunque en la mayoría de los casos lo hacemos de forma inconsciente.

Claridad: además de definir el hábito que quieres incorporar, debes conocer sus alcances y formas. Quieres hacer tal cosa, ¿pero de qué manera te gustaría hacerla y hasta dónde quieres llegar? Es importante que lo definas y lo tengas en mente antes de empezar.

¿Para qué y por qué? Es trascendente también que sepas por qué y para qué quieres adquirir ese hábito. Factores como qué aportará a tu vida, o qué sentido tendrá dentro de tu cosmovisión, resulta importante para que realmente adquiera fuerza en tu mente.

Inspiración: busca información relacionada al hábito que quieres adquirir para que te motives e intereses aún más en él.

No desesperes: adquirir un nuevo hábito puede tomarte uno o trecientos días, continúa ejerciendo la suficiente disciplina para tu vivir nuevo hábito, no pienses en el tiempo. Supuestamente, si logras repetir ritualmente esa acción a la que te quieres habituar, después de 21 días ya estará prácticamente arraigada en ti.

Recordatorios: es conveniente que emplees algún tipo de alarma para que recuerdes tu hábito justo en el momento del día en que te gustaría practicarlo, lo anterior puede resultar molesto pero es importante.

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