Hay un lugar en la imaginación de cada uno en que surge la idea de ser rey de una nación propia. De escribir una fresca constitución, de sacar todo lo que a todas luces no funciona de los gobiernos, de comenzar desde cero con ideales políticos lozanos. Si alguna vez has considerado poner a prueba este experimento con una docena de tus amigos cercanos, hoy existen proyectos bastante serios que te dicen cómo hacerlo.

Hay movimientos secesionistas que honestamente buscan establecer independencia política y cultural del país cuyas fronteras los contienen. Pero si no quieres entrar en guerra con país más grande y solo quieres cortar tu propia rebanada del mundo y actuar como líder de tus ideales políticos, esto es lo que puedes hacer:

En Cómo empezar tu propio país, Erwin S. Strauss ofrece algunas opciones. Puedes, por ejemplo, vivir en un barco en aguas internacionales bajo la bandera de tu conveniencia, vivir fuera del sistema en una comunidad autónoma o establecer un país modelo.

¿Qué constituye una nación?

Hay varias teorías en cuanto a qué hace a una nación; pero en pocas palabras, una nación es una nación si otros estados la reconocen como tal. De acuerdo a la declaración de la Convención de Montevideo sobre los Derechos y Deberes de los Estados, una nación debe poseer las siguientes calificaciones: “a) una población permanente; b) un territorio definido; c)gobierno; y d) la capacidad de establecer relaciones con otros estados”.

Así, uno debe tener lo anterior en mente a la hora de crear una nación. Cabe mencionar aquí que, mientras establecer un país es una cuestión compleja y burocrática, hay magníficas opciones que no piden demasiados papeles. Las micronaciones, microestados, países imaginarios, contrapaíses, naciones no reconocidas o estados efímeros son todos términos para países que han sido declarados independientes por (usualmente excéntricos) individuos o pequeños grupos que, a diferencia de otros intentos parecidos, han fallado en lograr reconocimiento diplomático extendido.

En muchos casos, los fundadores de micronaciones han declarado dominio sobre tierra que de hecho existe (muchas veces pequeñas islas). Y como otros países, estas naciones han proclamado declaraciones de independencia, adoptado constituciones, buscado reconocimiento diplomático, emitido pasaportes, etcétera.

En el sitio How To Start Your Own Micronation se ofrecen instrucciones puntuales y –por qué no decir– fascinantes sobre cómo fundar uno de estos utópicos reinos terrenales y viables.

Ya que la mayoría del mundo está tomado, muchos emprendedores han mirado hacia el océano. Esto no es nuevo, recordemos que Leicester Hemingway, hermano de Ernest, trató de establecer su propia micronación llamada Nueva Atlantis en las aguas de Jamaica en los años sesentas, hasta que su humilde país se hundió en una tormenta tropical. Siempre tendremos para nosotros, no obstante, que existen personas tan incansables como Renato Barros, que está a un paso de ser reconocido por la ONU como príncipe de su propia isla, Pontinha, y es ya, al menos para sí mismo y su familia, soberano de su honesto reino.

Imagen: Described by William White Gent. Augmented and published by John Speed Citizen of London.

Hay un lugar en la imaginación de cada uno en que surge la idea de ser rey de una nación propia. De escribir una fresca constitución, de sacar todo lo que a todas luces no funciona de los gobiernos, de comenzar desde cero con ideales políticos lozanos. Si alguna vez has considerado poner a prueba este experimento con una docena de tus amigos cercanos, hoy existen proyectos bastante serios que te dicen cómo hacerlo.

Hay movimientos secesionistas que honestamente buscan establecer independencia política y cultural del país cuyas fronteras los contienen. Pero si no quieres entrar en guerra con país más grande y solo quieres cortar tu propia rebanada del mundo y actuar como líder de tus ideales políticos, esto es lo que puedes hacer:

En Cómo empezar tu propio país, Erwin S. Strauss ofrece algunas opciones. Puedes, por ejemplo, vivir en un barco en aguas internacionales bajo la bandera de tu conveniencia, vivir fuera del sistema en una comunidad autónoma o establecer un país modelo.

¿Qué constituye una nación?

Hay varias teorías en cuanto a qué hace a una nación; pero en pocas palabras, una nación es una nación si otros estados la reconocen como tal. De acuerdo a la declaración de la Convención de Montevideo sobre los Derechos y Deberes de los Estados, una nación debe poseer las siguientes calificaciones: “a) una población permanente; b) un territorio definido; c)gobierno; y d) la capacidad de establecer relaciones con otros estados”.

Así, uno debe tener lo anterior en mente a la hora de crear una nación. Cabe mencionar aquí que, mientras establecer un país es una cuestión compleja y burocrática, hay magníficas opciones que no piden demasiados papeles. Las micronaciones, microestados, países imaginarios, contrapaíses, naciones no reconocidas o estados efímeros son todos términos para países que han sido declarados independientes por (usualmente excéntricos) individuos o pequeños grupos que, a diferencia de otros intentos parecidos, han fallado en lograr reconocimiento diplomático extendido.

En muchos casos, los fundadores de micronaciones han declarado dominio sobre tierra que de hecho existe (muchas veces pequeñas islas). Y como otros países, estas naciones han proclamado declaraciones de independencia, adoptado constituciones, buscado reconocimiento diplomático, emitido pasaportes, etcétera.

En el sitio How To Start Your Own Micronation se ofrecen instrucciones puntuales y –por qué no decir– fascinantes sobre cómo fundar uno de estos utópicos reinos terrenales y viables.

Ya que la mayoría del mundo está tomado, muchos emprendedores han mirado hacia el océano. Esto no es nuevo, recordemos que Leicester Hemingway, hermano de Ernest, trató de establecer su propia micronación llamada Nueva Atlantis en las aguas de Jamaica en los años sesentas, hasta que su humilde país se hundió en una tormenta tropical. Siempre tendremos para nosotros, no obstante, que existen personas tan incansables como Renato Barros, que está a un paso de ser reconocido por la ONU como príncipe de su propia isla, Pontinha, y es ya, al menos para sí mismo y su familia, soberano de su honesto reino.

Imagen: Described by William White Gent. Augmented and published by John Speed Citizen of London.

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