El amor, al igual que la belleza, es uno de los temas más fértiles de la literatura, la música y de las artes en general. Un fenómeno al que aspiramos todos, sin importar en qué forma se nos presente, y que es en sí mismo su propio fin. Pero ¿cómo, exactamente, es que el amor se apodera de nosotros?

El escritor francés Marie-Henri Beyle, mejor conocido como Stendhal, escribió Del amor, un tratado que pretende analizar racionalmente la más alta de la emociones humanas. El libro fue redescubierto mediante una mención en los diarios de Susan Sontag, quien escribió: “Nada es misterioso, ninguna relación humana. Excepto el amor”.

Stendhal comienza por escribir una taxonomía de los cuatro principales tipos de amor:

Hay cuatro amores diferentes:

            1: El amor-pasión

            2: El amor de buen tono    

            3: El amor físico

            4: El amor de la vanidad

A partir de esto, en un capítulo llamado “Acerca del nacimiento del amor”, Stendhal describe el proceso que conlleva este ecuménico sentimiento. La siguiente es una de las reflexiones más visuales y precisas de las etapas que recorre una relación. La metáfora de la cristalización, una proyección de la imaginación que tendemos a depositar en el amado, y que romantiza y selecciona nuestras particulares versiones de la realidad, es efectiva y afortunada. Las etapas del amor, según Stendhal, son las siguientes:

1: Admiración.

2: Uno piensa: “¡Qué placer debe ser besarla, o ser besado por ella!”

3: Esperanza. Observas sus perfecciones, y es en este momento en el que una mujer realmente debe rendirse por el máximo placer físico. Incluso las mujeres más reservadas se sonrojan en este momento de la esperanza. La pasión es tan fuerte y el placer tan agudo, que forzosamente se traicionan a sí mismas.

4: Nace el amor. Amar es disfrutar ver, tocar y sentir con todos los sentidos, tan cercano como se pueda, un objeto amado que ama de regreso.

5: Comienza la primera cristalización. Si estás seguro de que una mujer te ama, es un placer dotarla de mil perfecciones y sentirte bendecido con infinita satisfacción. Al final sobre-estimas incontrolablemente y la ves como algo caído del cielo, desconocido aún, pero seguro de que es tuyo.

Deja a un amante con sus pensamientos por veinticuatro horas, y esto es lo que pasará:

En las minas de Salzburgo, arrojan una rama sin hojas a un lugar abandonado. Dos o tres meses después la sacan de ahí cubierta de un depósito de cristales brillantes. La vara más pequeña, no más grande que la uña de un gato, está repleta de una galaxia de diamantes centelleantes. La rama original es irreconocible.

A lo que he llamado cristalización es un proceso mental que saca, de todo lo que sucede, nuevas pruebas de la perfección de la persona amada.

(…)

El fenómeno al que he llamado cristalización brota de la naturaleza, quien decreta que debemos sentir placer y manda sangre a nuestras cabezas. También se desarrolla del sentimiento de que el grado de placer está relacionado con las perfecciones de la persona amada, y de la idea que “ella es mía”.

6: Se intercala la duda. Primero una docena o algo así de miradas, o alguna otra secuencia de acciones surgen, y confirman las esperanzas del amante. Luego, mientras se recupera del shock inicial, se acostumbra a su buena fortuna, o actúa de acuerdo a una teoría derivada de la multitud común de mujeres fácilmente ganadas. Pide pruebas de afecto más contundentes y trata de llevar esto más lejos.

Si se presenta con mucha seguridad, es recibido con indiferencia, frialdad o incluso enojo.

El amante comienza a estar menos seguro de la buena fortuna que había anticipado y somete las razones en las que basa su esperanza a un examen crítico.           

Trata de reintegrarse al ceder a otros placeres, pero los encuentra vacíos. Se apodera de él una calamidad oscura y entonces se concentra plenamente. Y así comienza.

7: La segunda cristalización, la cual deposita en capas de diamantes las pruebas de que “ella me ama”.

Cada cierto tiempo durante la noche que le sigue al nacimiento de la duda, el amante tiene un momento de duda y recelo y luego se reafirma a sí mismo: ella me ama; y la cristalización comienza a revelar nuevos encantos. Una vez más el ojeroso semblante de la duda lo pincha y él se paraliza. Se le olvida jalar aire y masculla: “¿Pero me ama?” Dividido entre la duda y el placer, el pobre amante se convence a sí mismo que ella podría darle un placer que no podría encontrar en ningún otro lugar del planeta.

Es la preeminencia de esta verdad, y el camino hacia ella, con un precipicio de un lado y la imagen de la felicidad perfecta del otro, lo que coloca a la segunda cristalización tan por encima de la primera.

            La mente del amante vacila entre tres ideas:

            1: Ella es perfecta.

            2: Ella me ama.

            3: ¿Cómo puedo tener las pruebas más fuertes de su amor?

El momento más doloroso del amor en su infancia es la realización de que has estado equivocado acerca de algo, y que todo un marco de cristales tiene que ser destruido. Comienzas a sentirte dudoso acerca de todo el proceso de la cristalización.

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El amor, al igual que la belleza, es uno de los temas más fértiles de la literatura, la música y de las artes en general. Un fenómeno al que aspiramos todos, sin importar en qué forma se nos presente, y que es en sí mismo su propio fin. Pero ¿cómo, exactamente, es que el amor se apodera de nosotros?

El escritor francés Marie-Henri Beyle, mejor conocido como Stendhal, escribió Del amor, un tratado que pretende analizar racionalmente la más alta de la emociones humanas. El libro fue redescubierto mediante una mención en los diarios de Susan Sontag, quien escribió: “Nada es misterioso, ninguna relación humana. Excepto el amor”.

Stendhal comienza por escribir una taxonomía de los cuatro principales tipos de amor:

Hay cuatro amores diferentes:

            1: El amor-pasión

            2: El amor de buen tono    

            3: El amor físico

            4: El amor de la vanidad

A partir de esto, en un capítulo llamado “Acerca del nacimiento del amor”, Stendhal describe el proceso que conlleva este ecuménico sentimiento. La siguiente es una de las reflexiones más visuales y precisas de las etapas que recorre una relación. La metáfora de la cristalización, una proyección de la imaginación que tendemos a depositar en el amado, y que romantiza y selecciona nuestras particulares versiones de la realidad, es efectiva y afortunada. Las etapas del amor, según Stendhal, son las siguientes:

1: Admiración.

2: Uno piensa: “¡Qué placer debe ser besarla, o ser besado por ella!”

3: Esperanza. Observas sus perfecciones, y es en este momento en el que una mujer realmente debe rendirse por el máximo placer físico. Incluso las mujeres más reservadas se sonrojan en este momento de la esperanza. La pasión es tan fuerte y el placer tan agudo, que forzosamente se traicionan a sí mismas.

4: Nace el amor. Amar es disfrutar ver, tocar y sentir con todos los sentidos, tan cercano como se pueda, un objeto amado que ama de regreso.

5: Comienza la primera cristalización. Si estás seguro de que una mujer te ama, es un placer dotarla de mil perfecciones y sentirte bendecido con infinita satisfacción. Al final sobre-estimas incontrolablemente y la ves como algo caído del cielo, desconocido aún, pero seguro de que es tuyo.

Deja a un amante con sus pensamientos por veinticuatro horas, y esto es lo que pasará:

En las minas de Salzburgo, arrojan una rama sin hojas a un lugar abandonado. Dos o tres meses después la sacan de ahí cubierta de un depósito de cristales brillantes. La vara más pequeña, no más grande que la uña de un gato, está repleta de una galaxia de diamantes centelleantes. La rama original es irreconocible.

A lo que he llamado cristalización es un proceso mental que saca, de todo lo que sucede, nuevas pruebas de la perfección de la persona amada.

(…)

El fenómeno al que he llamado cristalización brota de la naturaleza, quien decreta que debemos sentir placer y manda sangre a nuestras cabezas. También se desarrolla del sentimiento de que el grado de placer está relacionado con las perfecciones de la persona amada, y de la idea que “ella es mía”.

6: Se intercala la duda. Primero una docena o algo así de miradas, o alguna otra secuencia de acciones surgen, y confirman las esperanzas del amante. Luego, mientras se recupera del shock inicial, se acostumbra a su buena fortuna, o actúa de acuerdo a una teoría derivada de la multitud común de mujeres fácilmente ganadas. Pide pruebas de afecto más contundentes y trata de llevar esto más lejos.

Si se presenta con mucha seguridad, es recibido con indiferencia, frialdad o incluso enojo.

El amante comienza a estar menos seguro de la buena fortuna que había anticipado y somete las razones en las que basa su esperanza a un examen crítico.           

Trata de reintegrarse al ceder a otros placeres, pero los encuentra vacíos. Se apodera de él una calamidad oscura y entonces se concentra plenamente. Y así comienza.

7: La segunda cristalización, la cual deposita en capas de diamantes las pruebas de que “ella me ama”.

Cada cierto tiempo durante la noche que le sigue al nacimiento de la duda, el amante tiene un momento de duda y recelo y luego se reafirma a sí mismo: ella me ama; y la cristalización comienza a revelar nuevos encantos. Una vez más el ojeroso semblante de la duda lo pincha y él se paraliza. Se le olvida jalar aire y masculla: “¿Pero me ama?” Dividido entre la duda y el placer, el pobre amante se convence a sí mismo que ella podría darle un placer que no podría encontrar en ningún otro lugar del planeta.

Es la preeminencia de esta verdad, y el camino hacia ella, con un precipicio de un lado y la imagen de la felicidad perfecta del otro, lo que coloca a la segunda cristalización tan por encima de la primera.

            La mente del amante vacila entre tres ideas:

            1: Ella es perfecta.

            2: Ella me ama.

            3: ¿Cómo puedo tener las pruebas más fuertes de su amor?

El momento más doloroso del amor en su infancia es la realización de que has estado equivocado acerca de algo, y que todo un marco de cristales tiene que ser destruido. Comienzas a sentirte dudoso acerca de todo el proceso de la cristalización.

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