Wilson Bentley es de la estirpe de humanos que fabricaron una ventana a través de la cual ahora vemos el mundo más bello. Por su ventana vemos la lluvia y la nieve y, más específicamente, los diminutos copos que la conforman.

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Bentley fue un granjero que viviía en Jericho, un pequeño pueblo en Vermont, y a los 15 años recibió de sus padres un microscopio y una cámara fotográfica. A partir de entonces su vida se expandió y se redujo de maneras completamente alucinantes e insospechadas. Amante del invierno, Wilson hizo planes para poder ver los copos de nieve bajo su microscopio nuevo. Al principio, debido a la corta vida de los copos, los dibujaba en un cuaderno y para cuando cumplió 17 años tenía cientos de distintos copos en dibujo.

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Meses después de sus primeras investigaciones, el “hombre copo de nieve”, como fue apodado por sus contemporáneos, logró hacer la primera microfotografía de un cristal de nieve. El sistema que ideó para transportar a salvo los cristales desde el exterior hasta su estudio es casi increíble: consistía básicamente de una charola previamente enfriada, revestida de terciopelo negro. Así, cuidando de no derretir los copos con su aliento, Wilson salía a las tormentas y cachaba la nieve en su charola negra, luego identificaba el que más le gustara y, con una astilla de madera (tomada de la escoba de su madre), lo levantaba cuidadosamente y lo ponía sobre un papel fotográfico bajo el microscopio.

Con el tiempo sus fotografías adquirieron una nitidez y un contraste impresionantes hasta que, con nada más que su propio ingenio y paciencia, consiguió realzar el detalle de los copos al grado que las reproducciones fueron perfectas. Fue la primera persona que le dio al mundo la bellísima aclaración de que “ningún copo de nieve es igual a otro”.

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Con alrededor de 70 fotografías por tormenta acompañadas de notas que referían las condiciones en las que fueron capturados los cristales, Bentley llegó a un considerable entendimiento de la nieve. Desafortunadamente, el “hombre copo de nieve” estaba tan adelantado a su tiempo que no tuvo mucho reconocimiento por parte de la ciencia. Sin embargo, el reconocimiento sí le llegó de otras disciplinas como la joyería, el diseño textil y la cerigrafía, todas las cuales pudieron apreciar la absoluta belleza de su trabajo.

Para nuestra suerte, el meteorólogo Dr. William J. Humphreys ayudó a Bentley a publicar un libro con sus fotografías. Snow Crystals ha sido reeditado desde entonces por Dover Books y gracias a ello tenemos el invaluable legado que dejó este hombre de invierno.

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Wilson Bentley es de la estirpe de humanos que fabricaron una ventana a través de la cual ahora vemos el mundo más bello. Por su ventana vemos la lluvia y la nieve y, más específicamente, los diminutos copos que la conforman.

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Bentley fue un granjero que viviía en Jericho, un pequeño pueblo en Vermont, y a los 15 años recibió de sus padres un microscopio y una cámara fotográfica. A partir de entonces su vida se expandió y se redujo de maneras completamente alucinantes e insospechadas. Amante del invierno, Wilson hizo planes para poder ver los copos de nieve bajo su microscopio nuevo. Al principio, debido a la corta vida de los copos, los dibujaba en un cuaderno y para cuando cumplió 17 años tenía cientos de distintos copos en dibujo.

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Meses después de sus primeras investigaciones, el “hombre copo de nieve”, como fue apodado por sus contemporáneos, logró hacer la primera microfotografía de un cristal de nieve. El sistema que ideó para transportar a salvo los cristales desde el exterior hasta su estudio es casi increíble: consistía básicamente de una charola previamente enfriada, revestida de terciopelo negro. Así, cuidando de no derretir los copos con su aliento, Wilson salía a las tormentas y cachaba la nieve en su charola negra, luego identificaba el que más le gustara y, con una astilla de madera (tomada de la escoba de su madre), lo levantaba cuidadosamente y lo ponía sobre un papel fotográfico bajo el microscopio.

Con el tiempo sus fotografías adquirieron una nitidez y un contraste impresionantes hasta que, con nada más que su propio ingenio y paciencia, consiguió realzar el detalle de los copos al grado que las reproducciones fueron perfectas. Fue la primera persona que le dio al mundo la bellísima aclaración de que “ningún copo de nieve es igual a otro”.

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Con alrededor de 70 fotografías por tormenta acompañadas de notas que referían las condiciones en las que fueron capturados los cristales, Bentley llegó a un considerable entendimiento de la nieve. Desafortunadamente, el “hombre copo de nieve” estaba tan adelantado a su tiempo que no tuvo mucho reconocimiento por parte de la ciencia. Sin embargo, el reconocimiento sí le llegó de otras disciplinas como la joyería, el diseño textil y la cerigrafía, todas las cuales pudieron apreciar la absoluta belleza de su trabajo.

Para nuestra suerte, el meteorólogo Dr. William J. Humphreys ayudó a Bentley a publicar un libro con sus fotografías. Snow Crystals ha sido reeditado desde entonces por Dover Books y gracias a ello tenemos el invaluable legado que dejó este hombre de invierno.

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