Borges decía que, de existir, el Paraíso tendría forma de biblioteca. Pero un paraíso terrenal para muchos viajeros y aspirantes a escritores se encuentra justo frente a la catedral de Notre Dame de París: un sitio turístico para la mayoría, pero parte del paisaje cultural parisino a través de las eras, la insigne librería Shakespeare and Company.

La librería cuenta con uno de los programas de residencias artísticas informales más increíbles del mundo: miles de personas se han convertido en “tumbleweeds”, plantas rodadoras de las que vemos en las películas de vaqueros, y que no son otra cosa que hombres y mujeres que esperan lo suficiente para hacerse bienvenidos como un libro más en los anaqueles de la librería.

Shake2

La idea de dormir en una librería ya es romántica de por sí, pero no es tan sencillo ser admitido: lo que hay que hacer es ir a hablar con Sylvia, la propietaria del lugar e hija de George Whitman, quien se describía a sí mismo como una suerte de “tumbleweed” retirado. No es posible reservar un lugar y no existe tal cosa como una lista de espera. Como en aquella famosa escena donde Meat Loaf espera en un pórtico de Paper Street a que Tyler Durden lo admita como parte del misterioso proyecto Mayhem, un aspirante a tumbleweed debe ser paciente.

Una vez admitidos, los escritores en residencia deben cumplir ciertos requisitos que no tienen que ver con el género literario que practiquen ni la calidad de sus escritos: es necesario (además de guardar cierta higiene básica), dedicar 2 horas al día a trabajar en la tienda, leer un libro al día y escribir una autobiografía de una página, misma que pasará a formar parte del archivo de tumbleweeds que se almacena en el lugar y que de ser publicado necesitaría varios miles de páginas.

Shakes9

Los tumbleweeds pueden quedarse tanto como necesiten: algunos se quedan 1 semana o 1 mes, pero hay quien vuelve ocasionalmente a lo largo de la vida y otros que se han quedado hasta por 7 años. La vida privada se entremezcla con el lugar público, y no es raro que los escritores se alojen en zonas de la librería afines a sus intereses. Además de hacer más fácil el requisito de leer un libro al día, el tumbleweed puede ordenar su sección, ayudar en la organización de los eventos, ordenar los libros y el resto del tiempo dedicarse a sus proyectos de escritura.

George solía decir de la Shakespeare & Co. que era “una utopía comunista disfrazada de librería”, y esta es prueba fehaciente de ello.

Shake5 Shake7 Shake6 Shake3 .

Por Sebastián Gómez-Matus

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Borges decía que, de existir, el Paraíso tendría forma de biblioteca. Pero un paraíso terrenal para muchos viajeros y aspirantes a escritores se encuentra justo frente a la catedral de Notre Dame de París: un sitio turístico para la mayoría, pero parte del paisaje cultural parisino a través de las eras, la insigne librería Shakespeare and Company.

La librería cuenta con uno de los programas de residencias artísticas informales más increíbles del mundo: miles de personas se han convertido en “tumbleweeds”, plantas rodadoras de las que vemos en las películas de vaqueros, y que no son otra cosa que hombres y mujeres que esperan lo suficiente para hacerse bienvenidos como un libro más en los anaqueles de la librería.

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La idea de dormir en una librería ya es romántica de por sí, pero no es tan sencillo ser admitido: lo que hay que hacer es ir a hablar con Sylvia, la propietaria del lugar e hija de George Whitman, quien se describía a sí mismo como una suerte de “tumbleweed” retirado. No es posible reservar un lugar y no existe tal cosa como una lista de espera. Como en aquella famosa escena donde Meat Loaf espera en un pórtico de Paper Street a que Tyler Durden lo admita como parte del misterioso proyecto Mayhem, un aspirante a tumbleweed debe ser paciente.

Una vez admitidos, los escritores en residencia deben cumplir ciertos requisitos que no tienen que ver con el género literario que practiquen ni la calidad de sus escritos: es necesario (además de guardar cierta higiene básica), dedicar 2 horas al día a trabajar en la tienda, leer un libro al día y escribir una autobiografía de una página, misma que pasará a formar parte del archivo de tumbleweeds que se almacena en el lugar y que de ser publicado necesitaría varios miles de páginas.

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Los tumbleweeds pueden quedarse tanto como necesiten: algunos se quedan 1 semana o 1 mes, pero hay quien vuelve ocasionalmente a lo largo de la vida y otros que se han quedado hasta por 7 años. La vida privada se entremezcla con el lugar público, y no es raro que los escritores se alojen en zonas de la librería afines a sus intereses. Además de hacer más fácil el requisito de leer un libro al día, el tumbleweed puede ordenar su sección, ayudar en la organización de los eventos, ordenar los libros y el resto del tiempo dedicarse a sus proyectos de escritura.

George solía decir de la Shakespeare & Co. que era “una utopía comunista disfrazada de librería”, y esta es prueba fehaciente de ello.

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Por Sebastián Gómez-Matus

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