La obra fílmica del director estadounidense David Lynch es harto reconocida, pero no ocurre lo mismo con su obra pictórica, grafica, musical y multimedia. Es fácil intuir a partir de sus películas que Lynch posee una mirada privilegiada. La reiterada combinación de colores complementarios y triangulaciones cromáticas que componen las bases de la pintura, la excéntrica utilización del claroscuro y los mórbidos ambientes que hemos atestiguado en sus largometrajes nos remiten al tenebrismo de Caravaggio o al surrealismo de Max Ernst.

Ahora tenemos la oportunidad de apreciar esa otra faceta creativa que David Lynch ha plasmado a lo largo de cinco décadas. Formado como artista plástico, eventualmente se decidió por las maravillas del cine como medio de creación, pero nunca abandonó las tardes y noches frente a su caballete empuñando pinceles, lápices o plumas.

El año pasado pudimos escuchar “The Big Dream,” álbum en que el afamado director vertió sus capacidades musicales. También ha estado involucrado en el diseño de calzado y ropa para Yoga, así que no debe de sorprender su incursión en las galerías de arte.

David Lynch: The Unified Field se inauguró en Pennsylvania Academy el 13 de septiembre y se clausura el 15 de enero del 2015. Esta muestra recopila una gran cantidad de piezas que dan un recorrido profundo al imaginario del director. Se exploran sus concepciones en torno al cuerpo humano, memorias de la infancia, flashbacks, pesadillas y pasiones.

La intensidad emocional de las pinturas de Lynch fue primordial para dar sentido al diseño curatorial de la muestra. Como el intrigante narrador que es, este capítulo de su vida profesional debe de estar permeado de esa trama celeste, misteriosa y tétrica que le caracteriza.

La obra fílmica del director estadounidense David Lynch es harto reconocida, pero no ocurre lo mismo con su obra pictórica, grafica, musical y multimedia. Es fácil intuir a partir de sus películas que Lynch posee una mirada privilegiada. La reiterada combinación de colores complementarios y triangulaciones cromáticas que componen las bases de la pintura, la excéntrica utilización del claroscuro y los mórbidos ambientes que hemos atestiguado en sus largometrajes nos remiten al tenebrismo de Caravaggio o al surrealismo de Max Ernst.

Ahora tenemos la oportunidad de apreciar esa otra faceta creativa que David Lynch ha plasmado a lo largo de cinco décadas. Formado como artista plástico, eventualmente se decidió por las maravillas del cine como medio de creación, pero nunca abandonó las tardes y noches frente a su caballete empuñando pinceles, lápices o plumas.

El año pasado pudimos escuchar “The Big Dream,” álbum en que el afamado director vertió sus capacidades musicales. También ha estado involucrado en el diseño de calzado y ropa para Yoga, así que no debe de sorprender su incursión en las galerías de arte.

David Lynch: The Unified Field se inauguró en Pennsylvania Academy el 13 de septiembre y se clausura el 15 de enero del 2015. Esta muestra recopila una gran cantidad de piezas que dan un recorrido profundo al imaginario del director. Se exploran sus concepciones en torno al cuerpo humano, memorias de la infancia, flashbacks, pesadillas y pasiones.

La intensidad emocional de las pinturas de Lynch fue primordial para dar sentido al diseño curatorial de la muestra. Como el intrigante narrador que es, este capítulo de su vida profesional debe de estar permeado de esa trama celeste, misteriosa y tétrica que le caracteriza.

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