Hace apenas 15 años, el sonido del módem para conectarse a Internet era parte del soundtrack de los primeros días en línea, ¿pero qué hay del tecleo metálico de las máquinas de escribir, de las teclas de las calculadoras análogas, de las máquinas regresadoras de cintas VHS y tantos aparatos que han caído en desuso?

Los avances tecnológicos del último siglo han visto el auge y caída de numerosos aparatos, medios de comunicación y gadgets que pasan por las vidas de los usuarios dejando pequeñas huellas en la memoria.

Conserve the Sound es un museo interactivo que te permite sumergirte en la nostalgia tecnológica, escuchando pequeños clips de audio de diversos aparatos del pasado, desde motores de avión, manijas manuales de ventanas de autos y rasuradoras eléctricas hasta cámaras y relojes despertadores en un melancólico recorrido que va de 1910, hasta las primeras décadas del siglo XXI.

El museo cuenta con financiamiento de la Film & Medienstifung NRW de Alemania, razón por la cual muchos de los objetos presentados provienen de un contexto europeo. Sin embargo, el resonar de un teléfono antiguo, del carrusel de sus números, la estática de los televisores, el murmullo de los ventiladores, el tic tac de los cronómetros o el click de una consola de Nintendo que se cierra, pueden derivar en recuerdos inmediatos para muchos de los visitantes.

Este proyecto es también un buen pretexto para apreciar los sonidos que conforman nuestra cotidianidad. Aunque no se trate de seres vivos, nuestros objetos reflejan nuestra personalidad, nuestras vivencias, y se cifran en el cerebro con épocas y personas del pasado. Tal vez se trate de un instante de transferencia “mágica” en la que el usuario transmite sus actitudes a las interfaces de los objetos: todas son herramientas, derivados más o menos complejos de las ruedas, palancas y poleas de los primeros homínidos. Y es probable que por ello también tengamos una relación emotiva tanto con los objetos, con sus imágenes, como con los sonidos que hacen al funcionar: las teclas de tu ordenador, el sonido de una tetera con agua hirviendo o el picaporte de una puerta que se abre resuenan en la imaginación con diversos significados.

Ya sea que te encuentres en la calle, en el transporte público, en la escuela o en una oficina, presta atención a los sonidos que hacen las personas al utilizar los objetos que hoy son de uso común: las notificaciones de los celulares, el sonido de los autos, el zumbido y rumor de puertas y máquinas forman una discreta orquesta que, conforme avance la tecnología, cambiará de integrantes y melodías.

conservethesound1
 

 

 

Imágenes: Conserve the Sound

Hace apenas 15 años, el sonido del módem para conectarse a Internet era parte del soundtrack de los primeros días en línea, ¿pero qué hay del tecleo metálico de las máquinas de escribir, de las teclas de las calculadoras análogas, de las máquinas regresadoras de cintas VHS y tantos aparatos que han caído en desuso?

Los avances tecnológicos del último siglo han visto el auge y caída de numerosos aparatos, medios de comunicación y gadgets que pasan por las vidas de los usuarios dejando pequeñas huellas en la memoria.

Conserve the Sound es un museo interactivo que te permite sumergirte en la nostalgia tecnológica, escuchando pequeños clips de audio de diversos aparatos del pasado, desde motores de avión, manijas manuales de ventanas de autos y rasuradoras eléctricas hasta cámaras y relojes despertadores en un melancólico recorrido que va de 1910, hasta las primeras décadas del siglo XXI.

El museo cuenta con financiamiento de la Film & Medienstifung NRW de Alemania, razón por la cual muchos de los objetos presentados provienen de un contexto europeo. Sin embargo, el resonar de un teléfono antiguo, del carrusel de sus números, la estática de los televisores, el murmullo de los ventiladores, el tic tac de los cronómetros o el click de una consola de Nintendo que se cierra, pueden derivar en recuerdos inmediatos para muchos de los visitantes.

Este proyecto es también un buen pretexto para apreciar los sonidos que conforman nuestra cotidianidad. Aunque no se trate de seres vivos, nuestros objetos reflejan nuestra personalidad, nuestras vivencias, y se cifran en el cerebro con épocas y personas del pasado. Tal vez se trate de un instante de transferencia “mágica” en la que el usuario transmite sus actitudes a las interfaces de los objetos: todas son herramientas, derivados más o menos complejos de las ruedas, palancas y poleas de los primeros homínidos. Y es probable que por ello también tengamos una relación emotiva tanto con los objetos, con sus imágenes, como con los sonidos que hacen al funcionar: las teclas de tu ordenador, el sonido de una tetera con agua hirviendo o el picaporte de una puerta que se abre resuenan en la imaginación con diversos significados.

Ya sea que te encuentres en la calle, en el transporte público, en la escuela o en una oficina, presta atención a los sonidos que hacen las personas al utilizar los objetos que hoy son de uso común: las notificaciones de los celulares, el sonido de los autos, el zumbido y rumor de puertas y máquinas forman una discreta orquesta que, conforme avance la tecnología, cambiará de integrantes y melodías.

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Imágenes: Conserve the Sound