El novelista japonés Haruki Murakami es un gran éxito de ventas, perpetuo candidato al premio Nobel de Literatura, así como también un consumado maratonista, quien hace unos años escribió un fascinante ensayo donde explora las similitudes entre el acto de prepararse para correr un maratón y escribir una novela.

En De qué hablo cuando hablo de correr (2007), Murakami relata que poco después de escribir su segunda novela y decidir que la escritura iba a ser un trabajo de tiempo completo, también decidió comenzar a correr maratones. Este método, como el de cualquier artista, funciona para sí mismo pues forma parte de su experiencia vital; sin embargo, podemos tomar algunas de sus premisas para motivarnos a emprender cualquier actividad que realicemos.

Talento

Para el autor, el talento “es más un prerrequisito que una cualidad necesaria. Si no tienes ningún combustible, incluso el mejor automóvil no correrá”. El talento literario se refiere a una cualidad intrínseca que “en la mayoría de los casos, la persona no puede controlar la cantidad ni la calidad”. ¿Pero cómo podemos saber si tenemos talento? Tratando de ejercitarlo a través de la concentración.

Concentración

En este contexto, se trata de “la habilidad de concentrar todos tus limitados talentos en lo que sea indispensable en el momento”, pues gracias a la concentración “serás capaz de compensar un talento errático o incluso una carencia de este.” Para Murakami funciona escribir tres o cuatro horas cada mañana, al igual que un corredor sale a entrenar todos los días, sin importar su estado de ánimo. Lo que nos lleva al siguiente punto.

Perseverancia

Siguiendo estas premisas, dice Murakami, “si te concentras en escribir tres o cuatro horas diarias y te sientes cansado luego de una semana, no serás capaz de escribir una obra larga. Lo que necesita un escritor de ficción —al menos uno que espere escribir una novela— es la energía para concentrarse cada día durante seis meses, o un año, o dos años.”

Como vemos, la concentración y la perseverancia son habilidades que pueden mejorarse con el entrenamiento, a diferencia del talento, que al igual que nuestra corporalidad, viene de nuestros genes, la historia emocional de cada uno, y no depende 100% de nuestra voluntad.

Tanto en los empeños creativos como en la preparación para un maratón, se trata de práctica. En palabras de Murakami:

Casi todo lo que sé sobre la escritura lo aprendí al correr diariamente. Estas son lecciones prácticas, físicas. ¿Qué tanto puedo forzarme a mí mismo? ¿Cuánto descanso es apropiado, y cuánto es demasiado? ¿Qué tan lejos puedo llevar algo y aún mantenerlo decente y consistente? ¿Cuándo se vuelve una necedad inflexible? ¿Cuánta conciencia debo tener del mundo exterior y cuánto debo concentrarme en mi mundo interior? ¿En qué medida debo confiar en mis habilidades, y cuándo debo comenzar a dudar de mí mismo? Sé que si no me hubiera convertido en un corredor de fondo cuando me hice novelista, mi obra hubiera sido sumamente distinta. ¿Qué tan distinta? Difícil decirlo. Pero algo definitivamente hubiera sido distinto.

 

 

Imagen: Dominio público

El novelista japonés Haruki Murakami es un gran éxito de ventas, perpetuo candidato al premio Nobel de Literatura, así como también un consumado maratonista, quien hace unos años escribió un fascinante ensayo donde explora las similitudes entre el acto de prepararse para correr un maratón y escribir una novela.

En De qué hablo cuando hablo de correr (2007), Murakami relata que poco después de escribir su segunda novela y decidir que la escritura iba a ser un trabajo de tiempo completo, también decidió comenzar a correr maratones. Este método, como el de cualquier artista, funciona para sí mismo pues forma parte de su experiencia vital; sin embargo, podemos tomar algunas de sus premisas para motivarnos a emprender cualquier actividad que realicemos.

Talento

Para el autor, el talento “es más un prerrequisito que una cualidad necesaria. Si no tienes ningún combustible, incluso el mejor automóvil no correrá”. El talento literario se refiere a una cualidad intrínseca que “en la mayoría de los casos, la persona no puede controlar la cantidad ni la calidad”. ¿Pero cómo podemos saber si tenemos talento? Tratando de ejercitarlo a través de la concentración.

Concentración

En este contexto, se trata de “la habilidad de concentrar todos tus limitados talentos en lo que sea indispensable en el momento”, pues gracias a la concentración “serás capaz de compensar un talento errático o incluso una carencia de este.” Para Murakami funciona escribir tres o cuatro horas cada mañana, al igual que un corredor sale a entrenar todos los días, sin importar su estado de ánimo. Lo que nos lleva al siguiente punto.

Perseverancia

Siguiendo estas premisas, dice Murakami, “si te concentras en escribir tres o cuatro horas diarias y te sientes cansado luego de una semana, no serás capaz de escribir una obra larga. Lo que necesita un escritor de ficción —al menos uno que espere escribir una novela— es la energía para concentrarse cada día durante seis meses, o un año, o dos años.”

Como vemos, la concentración y la perseverancia son habilidades que pueden mejorarse con el entrenamiento, a diferencia del talento, que al igual que nuestra corporalidad, viene de nuestros genes, la historia emocional de cada uno, y no depende 100% de nuestra voluntad.

Tanto en los empeños creativos como en la preparación para un maratón, se trata de práctica. En palabras de Murakami:

Casi todo lo que sé sobre la escritura lo aprendí al correr diariamente. Estas son lecciones prácticas, físicas. ¿Qué tanto puedo forzarme a mí mismo? ¿Cuánto descanso es apropiado, y cuánto es demasiado? ¿Qué tan lejos puedo llevar algo y aún mantenerlo decente y consistente? ¿Cuándo se vuelve una necedad inflexible? ¿Cuánta conciencia debo tener del mundo exterior y cuánto debo concentrarme en mi mundo interior? ¿En qué medida debo confiar en mis habilidades, y cuándo debo comenzar a dudar de mí mismo? Sé que si no me hubiera convertido en un corredor de fondo cuando me hice novelista, mi obra hubiera sido sumamente distinta. ¿Qué tan distinta? Difícil decirlo. Pero algo definitivamente hubiera sido distinto.

 

 

Imagen: Dominio público