To see a World in a Grain of Sand

And a Heaven in a Wild Flower

Hold Infinity in the palm of your hand

And Eternity in an hour

—William Blake

 

Hace pocos años, el universo fue retratado en un inmenso jardín escocés. Se trata de un impresionante ejercicio metafórico tan verde como los valles escoceses, llamado Crawick Multiverse y ubicado en Dumfries & Galloway, cerca del pequeño pueblo de Sanquhar, al sur de Escocia. 

Este colosal proyecto fue financiado por el Duque de Buccleuch y su diseño nació en la extravagante mente de Charles Jencks, consagrado artista del paisaje que creó un jardín espacial en lo que antes fue una mina de carbón a cielo abierto, un área desgastada y abandonada desde hacía muchos años. El terreno de unas 22 hectáreas ostenta 2,000 rocas, además de montículos y otras estructuras artificiales que emulan sistemas del universo e ilustran algunas de la teorías más recientes sobre el espacio exterior y su configuración.

Jencks comenzó por dividir el terreno en dos con un camino recto que va de sur a norte franqueado por piedras. Hay también, en su extraño jardín cósmico, dos montañas que se elevan en espiral y que representan dos galaxias, la Vía Láctea y Andrómeda —la más cercana a la nuestra, con la que colisionaremos en unos 4 billones de años. Estos dos montículos nos recuerdan, a menor escala, lo que es realmente una aglutinación galáctica: espirales inmensos de roca.

crawick1 
En el Crawick Multiverse es posible encontrar una representación del supercúmulo de galaxias de las que emergieron la Vía Láctea y Andrómeda, una de las estructuras más grandes que se conocen en el universo donde se agrupan las galaxias y se acomodan según los designios de la gravedad; en este jardín, el supercúmulo es un área circular llena de rocas que, graciosamente dispuestas, representan los grupos de galaxias. Este espacio también tiene su propio multiverso —hogar hipotético de los muchos universos que se cree existen y cuyo aspecto en el verde universo de Jencks es también un homenaje a los monumentos neolíticos que pueblan las islas británicas. Finalmente y en el centro del espacio existe un anfiteatro solar rodeado de otras estructuras que simulan colisiones de cometas, agujeros negros y un agujero de gusano.

Existen pocas prácticas tan intuitivas como el land art, y el jardín de Jenck es un ejemplo perfecto. Esta efímera disciplina, más antigua que arte mismo, implica un lenguaje común entre la naturaleza y el hombre, que usa el paisaje como lienzo y material. El mensaje es siempre la naturaleza y, en este caso, la que existe más allá de las fronteras de nuestro planeta y de nuestro conocimiento (de ahí la belleza de su cualidad hipotética).

El jardín, como concepto, es necesariamente un artificio por reflejar lo que entendemos como naturaleza. Pero en el caso del Crawick Multiverse la metáfora se extiende a la infinitud del desconocido espacio que es nuestro hogar, y sostiene una poderosa analogía que transforma el jardín en el universo, lo circunscrito en lo infinito (todo ello rodeado por el tierno pasto escocés). Además, el ejercicio de Jencks también sostiene una noble finalidad (como otras muchas obras de land art), la de recobrar un sitio que fue una cicatriz, y así recobrar en alguna medida lo que hemos dañado.

crawick2 
 

 

Imágenes: flickr – Ronan Cantwell

To see a World in a Grain of Sand

And a Heaven in a Wild Flower

Hold Infinity in the palm of your hand

And Eternity in an hour

—William Blake

 

Hace pocos años, el universo fue retratado en un inmenso jardín escocés. Se trata de un impresionante ejercicio metafórico tan verde como los valles escoceses, llamado Crawick Multiverse y ubicado en Dumfries & Galloway, cerca del pequeño pueblo de Sanquhar, al sur de Escocia. 

Este colosal proyecto fue financiado por el Duque de Buccleuch y su diseño nació en la extravagante mente de Charles Jencks, consagrado artista del paisaje que creó un jardín espacial en lo que antes fue una mina de carbón a cielo abierto, un área desgastada y abandonada desde hacía muchos años. El terreno de unas 22 hectáreas ostenta 2,000 rocas, además de montículos y otras estructuras artificiales que emulan sistemas del universo e ilustran algunas de la teorías más recientes sobre el espacio exterior y su configuración.

Jencks comenzó por dividir el terreno en dos con un camino recto que va de sur a norte franqueado por piedras. Hay también, en su extraño jardín cósmico, dos montañas que se elevan en espiral y que representan dos galaxias, la Vía Láctea y Andrómeda —la más cercana a la nuestra, con la que colisionaremos en unos 4 billones de años. Estos dos montículos nos recuerdan, a menor escala, lo que es realmente una aglutinación galáctica: espirales inmensos de roca.

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En el Crawick Multiverse es posible encontrar una representación del supercúmulo de galaxias de las que emergieron la Vía Láctea y Andrómeda, una de las estructuras más grandes que se conocen en el universo donde se agrupan las galaxias y se acomodan según los designios de la gravedad; en este jardín, el supercúmulo es un área circular llena de rocas que, graciosamente dispuestas, representan los grupos de galaxias. Este espacio también tiene su propio multiverso —hogar hipotético de los muchos universos que se cree existen y cuyo aspecto en el verde universo de Jencks es también un homenaje a los monumentos neolíticos que pueblan las islas británicas. Finalmente y en el centro del espacio existe un anfiteatro solar rodeado de otras estructuras que simulan colisiones de cometas, agujeros negros y un agujero de gusano.

Existen pocas prácticas tan intuitivas como el land art, y el jardín de Jenck es un ejemplo perfecto. Esta efímera disciplina, más antigua que arte mismo, implica un lenguaje común entre la naturaleza y el hombre, que usa el paisaje como lienzo y material. El mensaje es siempre la naturaleza y, en este caso, la que existe más allá de las fronteras de nuestro planeta y de nuestro conocimiento (de ahí la belleza de su cualidad hipotética).

El jardín, como concepto, es necesariamente un artificio por reflejar lo que entendemos como naturaleza. Pero en el caso del Crawick Multiverse la metáfora se extiende a la infinitud del desconocido espacio que es nuestro hogar, y sostiene una poderosa analogía que transforma el jardín en el universo, lo circunscrito en lo infinito (todo ello rodeado por el tierno pasto escocés). Además, el ejercicio de Jencks también sostiene una noble finalidad (como otras muchas obras de land art), la de recobrar un sitio que fue una cicatriz, y así recobrar en alguna medida lo que hemos dañado.

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Imágenes: flickr – Ronan Cantwell