¿La música puede mover al mundo? Hay varios ejemplos en su historia en que la rebeldía se expresó en canciones y tonadas que hicieron frente a una situación injusta. Billie Holiday causó polémica con “Strange Fruit”, una canción antirracista que también grabó alguna vez Nina Simone. Según la lectura de Malik Bendjelloul en Searching for Sugar Man (2012), la música de Sixto Rodríguez fue parte importante del ambiente que derivó en las protestas contra el Apartheid en Sudáfrica, a mediados de los 80.

Esto, sin embargo, es más bien azaroso, pues la coincidencia entre un momento histórico contestatario y un género musical que se convierte en su himno es un tanto impredecible. Solo en retrospectiva es posible ver en un ritmo, en sus acordes y sus instrumentos, la condensación de un ánimo colectivo caracterizado por el deseo de transformar la realidad inmediata.

Recientemente un grupo de investigadores en estadística publicó un estudio en el que analizó 13 estilos musicales con el propósito de identificar su cualidad revolucionaria. El equipo tomó información de la conocida lista US Billboard Hot 100, con casi 1700 registros musicales que se incluyeron en dicha selección entre 1960 y 2010. Entre los parámetros de análisis se tomaron en cuenta la armonía y el timbre de las canciones, partiendo de la premisa de que estos guardan una relación con cambios de la época a la que pertenecen, tanto musical como social.

Así, encontraron que el rock, el “new wave” y el hip hop son, en dicho periodo, los tres géneros que mejor representan una voluntad de cambio en el ámbito de la música. El rock con representantes como The Beatles o The Rolling Stones porque su vanguardia melódica abrió un nuevo horizonte musical en prácticamente todo el mundo; el “new wave” por su uso de sintetizadores y otros instrumentos electrónicos y, finalmente, el hip hop por la rapidez con que causó sensación y se ganó una buena parcela del gusto colectivo.

Esta conclusión puede parecer insuficiente o incompleta, pues deja de lado géneros  como el jazz o el punk que usualmente se consideran resultado de la desobediencia a las normas, pero también nos sirve como recordatorio de que la música no es ajena a las condiciones sociales que la generan y, en no pocas ocasiones, es más bien un atisbo al futuro político-social de este planeta.

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¿La música puede mover al mundo? Hay varios ejemplos en su historia en que la rebeldía se expresó en canciones y tonadas que hicieron frente a una situación injusta. Billie Holiday causó polémica con “Strange Fruit”, una canción antirracista que también grabó alguna vez Nina Simone. Según la lectura de Malik Bendjelloul en Searching for Sugar Man (2012), la música de Sixto Rodríguez fue parte importante del ambiente que derivó en las protestas contra el Apartheid en Sudáfrica, a mediados de los 80.

Esto, sin embargo, es más bien azaroso, pues la coincidencia entre un momento histórico contestatario y un género musical que se convierte en su himno es un tanto impredecible. Solo en retrospectiva es posible ver en un ritmo, en sus acordes y sus instrumentos, la condensación de un ánimo colectivo caracterizado por el deseo de transformar la realidad inmediata.

Recientemente un grupo de investigadores en estadística publicó un estudio en el que analizó 13 estilos musicales con el propósito de identificar su cualidad revolucionaria. El equipo tomó información de la conocida lista US Billboard Hot 100, con casi 1700 registros musicales que se incluyeron en dicha selección entre 1960 y 2010. Entre los parámetros de análisis se tomaron en cuenta la armonía y el timbre de las canciones, partiendo de la premisa de que estos guardan una relación con cambios de la época a la que pertenecen, tanto musical como social.

Así, encontraron que el rock, el “new wave” y el hip hop son, en dicho periodo, los tres géneros que mejor representan una voluntad de cambio en el ámbito de la música. El rock con representantes como The Beatles o The Rolling Stones porque su vanguardia melódica abrió un nuevo horizonte musical en prácticamente todo el mundo; el “new wave” por su uso de sintetizadores y otros instrumentos electrónicos y, finalmente, el hip hop por la rapidez con que causó sensación y se ganó una buena parcela del gusto colectivo.

Esta conclusión puede parecer insuficiente o incompleta, pues deja de lado géneros  como el jazz o el punk que usualmente se consideran resultado de la desobediencia a las normas, pero también nos sirve como recordatorio de que la música no es ajena a las condiciones sociales que la generan y, en no pocas ocasiones, es más bien un atisbo al futuro político-social de este planeta.

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