En el último par de años, las criptomonedas han cobrado cierta relevancia en la discusión pública, en buena medida porque una de ellas, el bitcoin, se reveló de pronto particularmente exitosa (aunque algunos aún la miran con recelo y sospecha).

Sea como fuere, las criptomonedas son uno de los intentos más notables de los últimos tiempos por introducir un cambio en el dinero, ese invento humano que aunque tiene mucho de fantástico e imaginario, solemos considerarlo absolutamente real, tanto como el suelo que pisamos o la luz que nos ilumina.

Los bitcoins y otras criptomonedas se ganan sobre todo a través del “mining”, una técnica que grosso modo consiste en solucionar problemas matemáticos o de programación para recibir a cambio un pago; cabe mencionar que dichos problemas suelen a su vez ser resueltos mediante procesos computacionales, lo cual le otorga otro nivel de dificultad a la tarea.

De algún modo, este dinero “virtual” presenta también varios puntos de reflexión a propósito del dinero: cómo se gana, de qué está sostenido, cuál es su valor, qué pasa cuando dejamos de considerarlo importante o cuando hacemos otra actividad para conseguirlo.

Siguiendo parcialmente esa línea de cuestionamiento, el artista Max Dovey presentó recientemente una pieza en la que el trabajo para generar criptomonedas se realiza con la actividad más fundamental del ser humano: la respiración.

Para Breath (BRH), Dovey conectó un espirómetro (un instrumento médico que permite medir la capacidad pulmonar) a un sistema computacional programado para minar, de modo tal que en función la calidad de la respiración del usuario se tradujera en cierta cantidad de criptomonedas obtenidas.

El resultado es un tanto distópico, pues aún cuando la cantidad de dinero generada por la respiración es mínima, la imagen lograda evoca al cuerpo humano conectado plenamente a una máquina que toma su energía de vida y la convierte en algo completamente inmaterial, inerte y, cabe decir, superfluo.

En otro tiempo, particularmente en la India de los Vedas, la respiración se consideró uno de los actos más sagrados del ser humano y de los seres vivos en general, la evidencia más elemental de que estar vivos significa tomar algo del mudo para transformarlo, sin otro propósito más que preservar la vida.

Curiosamente, la pieza de Dovey nos hace preguntarnos algo parecido: ¿en qué estamos convirtiendo nuestra energía vital en nuestra época?

También en Faena Aleph: Haz lo que amas y nunca tendrás que trabajar: la inspiradora visión de “workisnotajob”

 

 

Imagen: Dominio público.

En el último par de años, las criptomonedas han cobrado cierta relevancia en la discusión pública, en buena medida porque una de ellas, el bitcoin, se reveló de pronto particularmente exitosa (aunque algunos aún la miran con recelo y sospecha).

Sea como fuere, las criptomonedas son uno de los intentos más notables de los últimos tiempos por introducir un cambio en el dinero, ese invento humano que aunque tiene mucho de fantástico e imaginario, solemos considerarlo absolutamente real, tanto como el suelo que pisamos o la luz que nos ilumina.

Los bitcoins y otras criptomonedas se ganan sobre todo a través del “mining”, una técnica que grosso modo consiste en solucionar problemas matemáticos o de programación para recibir a cambio un pago; cabe mencionar que dichos problemas suelen a su vez ser resueltos mediante procesos computacionales, lo cual le otorga otro nivel de dificultad a la tarea.

De algún modo, este dinero “virtual” presenta también varios puntos de reflexión a propósito del dinero: cómo se gana, de qué está sostenido, cuál es su valor, qué pasa cuando dejamos de considerarlo importante o cuando hacemos otra actividad para conseguirlo.

Siguiendo parcialmente esa línea de cuestionamiento, el artista Max Dovey presentó recientemente una pieza en la que el trabajo para generar criptomonedas se realiza con la actividad más fundamental del ser humano: la respiración.

Para Breath (BRH), Dovey conectó un espirómetro (un instrumento médico que permite medir la capacidad pulmonar) a un sistema computacional programado para minar, de modo tal que en función la calidad de la respiración del usuario se tradujera en cierta cantidad de criptomonedas obtenidas.

El resultado es un tanto distópico, pues aún cuando la cantidad de dinero generada por la respiración es mínima, la imagen lograda evoca al cuerpo humano conectado plenamente a una máquina que toma su energía de vida y la convierte en algo completamente inmaterial, inerte y, cabe decir, superfluo.

En otro tiempo, particularmente en la India de los Vedas, la respiración se consideró uno de los actos más sagrados del ser humano y de los seres vivos en general, la evidencia más elemental de que estar vivos significa tomar algo del mudo para transformarlo, sin otro propósito más que preservar la vida.

Curiosamente, la pieza de Dovey nos hace preguntarnos algo parecido: ¿en qué estamos convirtiendo nuestra energía vital en nuestra época?

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Imagen: Dominio público.