Una pieza de arte y un instrumento científico al mismo tiempo, Cyanometer, del artista esloveno Martin Bricelj Baraga, habla sobre el firmamento en diferentes lenguajes e invita a preguntarse por qué es azul, con todas las implicaciones estéticas, ecológicas y científicas de este aparentemente simple cuestionamiento.

Inspirado en el precioso cianómetro de Horace-Bénédict de Saussure —instrumento circular inventado en 1789 que alguna vez sirvió para medir el azul del cielo en una escala de 53 tonos distintos—, Cyanometer es un monolito de más de 3 metros de altura hecho de vidrio y acero. En la parte superior de la pieza, el elemento central es un círculo parecido al antiguo cianómetro con un gran orificio en el centro, una especie de icono geométrico (e insospechadamente ritual) que invita a dirigir la mirada hacia el cielo.

cyanometer
A primera vista podría tratarse solamente de una escultura minimal, un gran espejo que refleja en su superficie todo aquello que lo rodea, pero no es así: Cyanometer registra sistemáticamente, a través de una cámara fotográfica, el azul del cielo, para luego codificarlo en alguno de los 53 diferentes tonos que estableció Saussure y actualizarlo en un sitio de Internet. De una forma bellamente orgánica y simple, esta pieza (que habita en la frontera entre arte y ciencia) cambia de color mimetizándose constantemente con su entorno.

Cyanometer es parte de una serie de instalaciones futuristas y utópicas del artista colocadas en espacios públicos, llamada Nonument. Hasta ahora, Baraga ha instalado dos de sus cianómetros en Europa, uno en la calle principal de Liubliana, Eslovenia, y otro en Breslavia, Polonia. Ambos monolitos están conectados a los centros más cercanos de medición de la calidad del aire, y además de registrar los cambios en la tonalidad del cielo, miden también la temperatura ambiente y los niveles de contaminación en el aire, señalando las sustancias contaminantes y su origen (tráfico, combustión de madera en hogares, contaminación proveniente de actividades industriales, etcétera).

La importancia de un proyecto como Cyanometer radica en su doble función. Por un lado, la información que arroja hace un llamado urgente a prestar atención al aire y al cielo que tan frecuentemente olvidamos (y descuidamos), pero en un segundo plano, la existencia de este enorme monumento, un impresionante monolito futurista dedicado a la bóveda celeste, lleva implícita una gran cantidad de metáforas sobre el cielo, el color azul y sus múltiples simbolismos; se trata, después de todo, de un espejo en el que el cielo puede verse a sí mismo.

 

 

*Imágenes: 1) cyanometer.net; 2) Museum of Transitory Art – video

Una pieza de arte y un instrumento científico al mismo tiempo, Cyanometer, del artista esloveno Martin Bricelj Baraga, habla sobre el firmamento en diferentes lenguajes e invita a preguntarse por qué es azul, con todas las implicaciones estéticas, ecológicas y científicas de este aparentemente simple cuestionamiento.

Inspirado en el precioso cianómetro de Horace-Bénédict de Saussure —instrumento circular inventado en 1789 que alguna vez sirvió para medir el azul del cielo en una escala de 53 tonos distintos—, Cyanometer es un monolito de más de 3 metros de altura hecho de vidrio y acero. En la parte superior de la pieza, el elemento central es un círculo parecido al antiguo cianómetro con un gran orificio en el centro, una especie de icono geométrico (e insospechadamente ritual) que invita a dirigir la mirada hacia el cielo.

cyanometer
A primera vista podría tratarse solamente de una escultura minimal, un gran espejo que refleja en su superficie todo aquello que lo rodea, pero no es así: Cyanometer registra sistemáticamente, a través de una cámara fotográfica, el azul del cielo, para luego codificarlo en alguno de los 53 diferentes tonos que estableció Saussure y actualizarlo en un sitio de Internet. De una forma bellamente orgánica y simple, esta pieza (que habita en la frontera entre arte y ciencia) cambia de color mimetizándose constantemente con su entorno.

Cyanometer es parte de una serie de instalaciones futuristas y utópicas del artista colocadas en espacios públicos, llamada Nonument. Hasta ahora, Baraga ha instalado dos de sus cianómetros en Europa, uno en la calle principal de Liubliana, Eslovenia, y otro en Breslavia, Polonia. Ambos monolitos están conectados a los centros más cercanos de medición de la calidad del aire, y además de registrar los cambios en la tonalidad del cielo, miden también la temperatura ambiente y los niveles de contaminación en el aire, señalando las sustancias contaminantes y su origen (tráfico, combustión de madera en hogares, contaminación proveniente de actividades industriales, etcétera).

La importancia de un proyecto como Cyanometer radica en su doble función. Por un lado, la información que arroja hace un llamado urgente a prestar atención al aire y al cielo que tan frecuentemente olvidamos (y descuidamos), pero en un segundo plano, la existencia de este enorme monumento, un impresionante monolito futurista dedicado a la bóveda celeste, lleva implícita una gran cantidad de metáforas sobre el cielo, el color azul y sus múltiples simbolismos; se trata, después de todo, de un espejo en el que el cielo puede verse a sí mismo.

 

 

*Imágenes: 1) cyanometer.net; 2) Museum of Transitory Art – video