En una memorable charla celebrada en París, su segundo hogar, David Lynch nos invita a recorrer 99 de sus imágenes favoritas de la mano de sus comentarios. El ejercicio, en el que personalidades eligen 99 imágenes para de ahí compilar un libro, es parte de los 15 años de Paris Photo, celebrado en el Grand Palais.

Pocas elecciones mejores que David Lynch para ejecutar esta idea. Como muestra el video, la imaginación de Lynch al observar una imagen es de una profusa riqueza. El director de cine imagina historias enteras de una sola imagen y revela así una especie de guía de lo que seguramente es su proceso creativo al visualizar una película: signos sutiles, gestos insinuados, lo que existe detrás de las paredes, en la oscuridad o incluso la vida detrás de un rostro que mira.

Lynch no deja de construir narrativas, inclusive entre las distintas fotografías. Se deleita con las descripciones: “amo los fenómenos orgánicos, la carne, el juego de la luz”, dice observando lo que parece ser una extremidad inflamada.

El cineasta, quien también ha diseñado una discoteca en París, comparte su amor por las cortinas: “ya que ocultan las cosas, esta es la fascinación de los teatros, que se cierran y se abren, revelando el mundo”.

La última foto del libro nos muestra su afición por la meditación, en particular por la meditación trascendental: una imagen de un Buda observada en un museo de Los Ángeles, la cual, según relata, emitió un rayo de luz mientras él la observaba. Este es el maravilloso y bizarro mundo de Lynch, siempre oscilando entre la luz, la sombra y sus fascinantes entidades intermedias.

.

En una memorable charla celebrada en París, su segundo hogar, David Lynch nos invita a recorrer 99 de sus imágenes favoritas de la mano de sus comentarios. El ejercicio, en el que personalidades eligen 99 imágenes para de ahí compilar un libro, es parte de los 15 años de Paris Photo, celebrado en el Grand Palais.

Pocas elecciones mejores que David Lynch para ejecutar esta idea. Como muestra el video, la imaginación de Lynch al observar una imagen es de una profusa riqueza. El director de cine imagina historias enteras de una sola imagen y revela así una especie de guía de lo que seguramente es su proceso creativo al visualizar una película: signos sutiles, gestos insinuados, lo que existe detrás de las paredes, en la oscuridad o incluso la vida detrás de un rostro que mira.

Lynch no deja de construir narrativas, inclusive entre las distintas fotografías. Se deleita con las descripciones: “amo los fenómenos orgánicos, la carne, el juego de la luz”, dice observando lo que parece ser una extremidad inflamada.

El cineasta, quien también ha diseñado una discoteca en París, comparte su amor por las cortinas: “ya que ocultan las cosas, esta es la fascinación de los teatros, que se cierran y se abren, revelando el mundo”.

La última foto del libro nos muestra su afición por la meditación, en particular por la meditación trascendental: una imagen de un Buda observada en un museo de Los Ángeles, la cual, según relata, emitió un rayo de luz mientras él la observaba. Este es el maravilloso y bizarro mundo de Lynch, siempre oscilando entre la luz, la sombra y sus fascinantes entidades intermedias.

.

Etiquetado: , , ,