Una idea es una forma (un éidos) en que los objetos se presentan a la conciencia: puede ser una sugerencia sensorial o un satori intelectual, pero este movimiento de llenar y vaciar se parece a un estanque repleto de formas esperando ser asidas, observadas, alimentadas, etcétera.

Original como pocos, el cineasta David Lynch no considera a sus ideas “invenciones” en un sentido mecánico. En una conversación con Paul Holdengräber, Lynch afirma que las ideas suelen venirle en pequeños fragmentos, minúsculos en ocasiones, del tamaño de una pequeña nota manuscrita en una hoja de papel. Esta “pequeña” idea en realidad es la semilla de una forma.

Haciendo una hermosa metáfora con la pesca, Lynch habla de esta pequeña idea como “carnada”. Una carnada en el sedal del pescador es algo vivo que entra en el estanque de las ideas y que atrae a las más hambrientas. “Pensar en ese pequeño fragmento”, dice Lynch “—ese pequeño pez— traerá más. Y vendrán más y picarán. Y más y más van a venir, y muy pronto podrías tener un guión, o una silla, o una pintura —o una idea para una pintura”.

Lo fragmentario y lo completo: es en esa dinámica donde las ideas aparecen, pues en rigor no se puede decir que una idea “sea creada”, sino que aparece, con mayor o menor grado de unidad, en la conciencia. Otra metáfora de Lynch muy apropiada para describir sus ideas y su modo de trabajo es la del rompecabezas:

Me gusta pensar que en la otra habitación hay un rompecabezas completo —pero siguen deslizando las piezas [en esta habitación] una por una.

La pesca y la elaboración de rompecabezas parecen ser procedimientos pasivos y poco dinámicos para enfrentar el proceso creativo; sin embargo, nos muestran que la inspiración puede provenir también de una paciente espera, que no tiene nada de somnolienta. Kafka lo explicó mejor antes en uno de sus aforismos:

No hace falta que hagas nada, quédate sentado en tu mesa y escucha, ni siquiera hace falta que escuches, espera. Ni siquiera hace falta que esperes, aprende a estar en silencio quieto y en soledad: el mundo se te ofrecerá para que lo desenmascares. No tiene alternativa, caerá en éxtasis a tus pies.

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Una idea es una forma (un éidos) en que los objetos se presentan a la conciencia: puede ser una sugerencia sensorial o un satori intelectual, pero este movimiento de llenar y vaciar se parece a un estanque repleto de formas esperando ser asidas, observadas, alimentadas, etcétera.

Original como pocos, el cineasta David Lynch no considera a sus ideas “invenciones” en un sentido mecánico. En una conversación con Paul Holdengräber, Lynch afirma que las ideas suelen venirle en pequeños fragmentos, minúsculos en ocasiones, del tamaño de una pequeña nota manuscrita en una hoja de papel. Esta “pequeña” idea en realidad es la semilla de una forma.

Haciendo una hermosa metáfora con la pesca, Lynch habla de esta pequeña idea como “carnada”. Una carnada en el sedal del pescador es algo vivo que entra en el estanque de las ideas y que atrae a las más hambrientas. “Pensar en ese pequeño fragmento”, dice Lynch “—ese pequeño pez— traerá más. Y vendrán más y picarán. Y más y más van a venir, y muy pronto podrías tener un guión, o una silla, o una pintura —o una idea para una pintura”.

Lo fragmentario y lo completo: es en esa dinámica donde las ideas aparecen, pues en rigor no se puede decir que una idea “sea creada”, sino que aparece, con mayor o menor grado de unidad, en la conciencia. Otra metáfora de Lynch muy apropiada para describir sus ideas y su modo de trabajo es la del rompecabezas:

Me gusta pensar que en la otra habitación hay un rompecabezas completo —pero siguen deslizando las piezas [en esta habitación] una por una.

La pesca y la elaboración de rompecabezas parecen ser procedimientos pasivos y poco dinámicos para enfrentar el proceso creativo; sin embargo, nos muestran que la inspiración puede provenir también de una paciente espera, que no tiene nada de somnolienta. Kafka lo explicó mejor antes en uno de sus aforismos:

No hace falta que hagas nada, quédate sentado en tu mesa y escucha, ni siquiera hace falta que escuches, espera. Ni siquiera hace falta que esperes, aprende a estar en silencio quieto y en soledad: el mundo se te ofrecerá para que lo desenmascares. No tiene alternativa, caerá en éxtasis a tus pies.

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