La alquimia fue una práctica que resultó en un sinfín de inventos y descubrimientos, muchos de ellos fruto de la mera casualidad (algunos podrían decir del destino). Fue a partir de esta práctica —que terminó por ser una protociencia— que varios de los más inesperados hallazgos científicos de la antigüedad surgieron, especialmente en el ámbito de la química. Uno de estos afortunados sucesos tuvo lugar en 1623 (aunque algunos sostienen que fue en 1618) en Constantinopla, entonces capital del Imperio otomano, cuando un herrero y alquimista dio con la aleación de metales que habría de producir los platillos que mejor sonaban de todo el imperio. Sin saberlo, él inició un exitosa marca que existe hasta hoy y que es una de las compañías más antiguas del mundo.

En el mundo de la música existen pocas marcas de instrumentos que tengan la tradición, historia y edad que Zildjian, nombre que, por cierto, hace honor a su creador. Hace 400 años, el herrero de origen armenio llamado Avedis logro dicha mezcla perfecta de bronce, estaño y otro ingrediente secreto que habría de resultar en los mejores platillos del reino, flexibles y rígidos al mismo tiempo, capaces de producir un sonido como ninguno otro.

La hermosa cualidad sonora de este metal cautivó al sultán Oman II, que habría de disponer que este hombre hiciera los instrumentos musicales de su corte y lo bautizaría como Zildjian, que en armenio significa “hijo del productor de platillos”. Así, la familia de este artesano y alquimista fundó su tienda en el barrio de Samatya en Constantinopla. Ahí habría de llegar el metal en caravanas de camellos durante décadas.

Avedis heredó la receta secreta a su familia y ésta pasó de generación en generación. Los platillos de Zildjian eran admirados por nada menos que Mozart y sus contemporáneos, que habrían de llamarlos simplemente “platillos turcos”. Poco a poco, estos instrumentos fueron asimilados por músicos y orquestas, además de bandas militares, alrededor del mundo. En 1851, una muestra de estas artesanías fueron llevadas a la Gran Exhibición de Londres y, por aquel entonces, en 1865, Kerope Zildjian creó la línea K Zildjian, que se produce hasta el día de hoy.

Los armenios fueron una minoría en Turquía durante siglos, por lo que eventualmente y por conflictos étnicos y políticos, los Zidjian y su receta secreta llegarían a Estados Unidos. Poco después y al tiempo que el jazz despegaba en Estados Unidos, durante la década de 1920, varias tiendas y expertos usuarios de la marca ayudaron a perfeccionarla, haciendo los platillos más delgados y responsivos, capaces de brillar entre los sonidos de una big band. Este fue el nacimiento de un imperio y, curiosamente, una mina de oro.

La historia de Zildjian coincide con la historia de la música en Occidente, siempre tocada por influencias orientales. Pero más aún, se trata de una leyenda que reúne los milenarios secretos de la alquimia, la belleza de lo hecho a mano y las tradiciones de una familia armenia que tuvo que refugiarse en América.

Este video de Smithsonian Channel narra la increíble historia de Zildjian y sus hermosos platillos:

 

 

 Imagen: Wikimedia Commons – Kim2480

La alquimia fue una práctica que resultó en un sinfín de inventos y descubrimientos, muchos de ellos fruto de la mera casualidad (algunos podrían decir del destino). Fue a partir de esta práctica —que terminó por ser una protociencia— que varios de los más inesperados hallazgos científicos de la antigüedad surgieron, especialmente en el ámbito de la química. Uno de estos afortunados sucesos tuvo lugar en 1623 (aunque algunos sostienen que fue en 1618) en Constantinopla, entonces capital del Imperio otomano, cuando un herrero y alquimista dio con la aleación de metales que habría de producir los platillos que mejor sonaban de todo el imperio. Sin saberlo, él inició un exitosa marca que existe hasta hoy y que es una de las compañías más antiguas del mundo.

En el mundo de la música existen pocas marcas de instrumentos que tengan la tradición, historia y edad que Zildjian, nombre que, por cierto, hace honor a su creador. Hace 400 años, el herrero de origen armenio llamado Avedis logro dicha mezcla perfecta de bronce, estaño y otro ingrediente secreto que habría de resultar en los mejores platillos del reino, flexibles y rígidos al mismo tiempo, capaces de producir un sonido como ninguno otro.

La hermosa cualidad sonora de este metal cautivó al sultán Oman II, que habría de disponer que este hombre hiciera los instrumentos musicales de su corte y lo bautizaría como Zildjian, que en armenio significa “hijo del productor de platillos”. Así, la familia de este artesano y alquimista fundó su tienda en el barrio de Samatya en Constantinopla. Ahí habría de llegar el metal en caravanas de camellos durante décadas.

Avedis heredó la receta secreta a su familia y ésta pasó de generación en generación. Los platillos de Zildjian eran admirados por nada menos que Mozart y sus contemporáneos, que habrían de llamarlos simplemente “platillos turcos”. Poco a poco, estos instrumentos fueron asimilados por músicos y orquestas, además de bandas militares, alrededor del mundo. En 1851, una muestra de estas artesanías fueron llevadas a la Gran Exhibición de Londres y, por aquel entonces, en 1865, Kerope Zildjian creó la línea K Zildjian, que se produce hasta el día de hoy.

Los armenios fueron una minoría en Turquía durante siglos, por lo que eventualmente y por conflictos étnicos y políticos, los Zidjian y su receta secreta llegarían a Estados Unidos. Poco después y al tiempo que el jazz despegaba en Estados Unidos, durante la década de 1920, varias tiendas y expertos usuarios de la marca ayudaron a perfeccionarla, haciendo los platillos más delgados y responsivos, capaces de brillar entre los sonidos de una big band. Este fue el nacimiento de un imperio y, curiosamente, una mina de oro.

La historia de Zildjian coincide con la historia de la música en Occidente, siempre tocada por influencias orientales. Pero más aún, se trata de una leyenda que reúne los milenarios secretos de la alquimia, la belleza de lo hecho a mano y las tradiciones de una familia armenia que tuvo que refugiarse en América.

Este video de Smithsonian Channel narra la increíble historia de Zildjian y sus hermosos platillos:

 

 

 Imagen: Wikimedia Commons – Kim2480