Los consejos de artistas mayores a los más jóvenes se han convertido en toda una tradición a lo largo de los siglos: desde la famosa Epístola a los Pisones de Horacio hasta las Cartas a un joven poeta de Rilke, los artistas de distintas edades y generaciones mantienen un diálogo constante acerca de la naturaleza de la acción del artista, o sobre lo que significa ser un artista en el mundo.

Reuniendo algunas perlas de este conocimiento oracular, pocas veces esperanzador pero siempre atractivo para una mente inquieta, la artista Daniella Shuhman realizó un pequeño video llamado “Consejos a los jóvenes artistas” [Advice to Young Artist] en donde pone a dialogar a personalidades tan disímiles como Marina Abramović y Umberto Eco sobre las perspectivas de los jóvenes artistas.

La animación que acompaña los consejos es infantil y violenta a partes iguales, tal vez para mostrar el aspecto emocional en el cual se debate el artista a través de su tránsito por las experiencias de formación: grandes expectativas sobre su propio talento, las cuales chocan con la realidad del mercado del arte, con la desigualdad social en cualquier parte del mundo, y el inevitable momento de lidiar con el peso de las propias decisiones, para bien o para mal.

Algunos consejos, como el del novelista John Ford, nos hablan de la gravedad de esta pregunta: según él, habría que tratar de convencerse a sí mismo de no ser un artista, pues de cualquier modo tal vez ni siquiera seamos muy buenos para ello. Otros consejos, como el de la multitalentosa Patti Smith, insisten en la importancia de dejar todo lo demás de lado y concentrarse en hacer un “buen trabajo”, en no adquirir compromisos que pongan en riesgo nuestra libertad creativa.

De la mezcla, en suma, podemos sacar que el arte no es un tipo de negocio para el que cualquiera de nosotros esté listo de antemano (pero, de igual modo, podríamos decir que la agricultura o las matemáticas, por ejemplo, entrañan decisiones particulares para quienes desean dedicarse a ellas), sino que se trata de sostenerse a uno mismo a través del deseo de crear algo que no existe pero debería existir. No depende enteramente del artista la manera en que su trabajo será recibido o juzgado; su tarea consiste en decidir una y otra vez qué hacer con eso que lo mueve a transformar la materia y las ideas invisibles en piezas, películas, obras de teatro, libros o canciones, como el gusano de seda o la abeja que trabajan ciegamente en lo que nacieron para hacer.

*Imagen: Advice to the Young Artist de daniella shuhman – vimeo

Los consejos de artistas mayores a los más jóvenes se han convertido en toda una tradición a lo largo de los siglos: desde la famosa Epístola a los Pisones de Horacio hasta las Cartas a un joven poeta de Rilke, los artistas de distintas edades y generaciones mantienen un diálogo constante acerca de la naturaleza de la acción del artista, o sobre lo que significa ser un artista en el mundo.

Reuniendo algunas perlas de este conocimiento oracular, pocas veces esperanzador pero siempre atractivo para una mente inquieta, la artista Daniella Shuhman realizó un pequeño video llamado “Consejos a los jóvenes artistas” [Advice to Young Artist] en donde pone a dialogar a personalidades tan disímiles como Marina Abramović y Umberto Eco sobre las perspectivas de los jóvenes artistas.

La animación que acompaña los consejos es infantil y violenta a partes iguales, tal vez para mostrar el aspecto emocional en el cual se debate el artista a través de su tránsito por las experiencias de formación: grandes expectativas sobre su propio talento, las cuales chocan con la realidad del mercado del arte, con la desigualdad social en cualquier parte del mundo, y el inevitable momento de lidiar con el peso de las propias decisiones, para bien o para mal.

Algunos consejos, como el del novelista John Ford, nos hablan de la gravedad de esta pregunta: según él, habría que tratar de convencerse a sí mismo de no ser un artista, pues de cualquier modo tal vez ni siquiera seamos muy buenos para ello. Otros consejos, como el de la multitalentosa Patti Smith, insisten en la importancia de dejar todo lo demás de lado y concentrarse en hacer un “buen trabajo”, en no adquirir compromisos que pongan en riesgo nuestra libertad creativa.

De la mezcla, en suma, podemos sacar que el arte no es un tipo de negocio para el que cualquiera de nosotros esté listo de antemano (pero, de igual modo, podríamos decir que la agricultura o las matemáticas, por ejemplo, entrañan decisiones particulares para quienes desean dedicarse a ellas), sino que se trata de sostenerse a uno mismo a través del deseo de crear algo que no existe pero debería existir. No depende enteramente del artista la manera en que su trabajo será recibido o juzgado; su tarea consiste en decidir una y otra vez qué hacer con eso que lo mueve a transformar la materia y las ideas invisibles en piezas, películas, obras de teatro, libros o canciones, como el gusano de seda o la abeja que trabajan ciegamente en lo que nacieron para hacer.

*Imagen: Advice to the Young Artist de daniella shuhman – vimeo